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¿Por qué se están contagiando los residentes de geriátricos que ya tienen la vacuna?

Los sanitarios alertan de que los efectos secundarios de la segunda dosis les generan bajas laborales de uno o dos días

Una enfermera aplica la vacuna a un paciente en una residencia de Ables (Llanera).

Una enfermera aplica la vacuna a un paciente en una residencia de Ables (Llanera). Luisma Murias

Los brotes de coronavirus registrados en residencias de mayores no deben ser atribuidos a fallos en la composición de las vacunas o en el manejo de las mismas, sino más bien a tres hechos que se suman: que la eficacia del efecto inmunizador es menos intensa en las personas de más edad, que tras la aplicación de las vacunas hay un periodo en el que el nivel de protección es incompleto y que la relajación de las medidas de prevención ha permitido que el virus se cuele en los centros geriátricos.

Así lo han explicado los expertos consultados por este periódico, según los cuales no cabe duda alguna de que la vacunación, aunque no llegue a evitar el contagio de covid, sí mitiga los síntomas que ocasiona, lo que se traduce “en menos casos graves y en menos ingresos en unidades de cuidados intensivos (UCI)”. “Lo más determinante es el estado de inmunosenescencia de los mayores”, explicó ayer a este periódico Juan Ramón de los Toyos, catedrático de Inmunología de la Universidad de Oviedo. “Inmunosenescencia” es el término que describe el envejecimiento y la pérdida de efectividad del sistema inmune de las personas.

Respuesta más lenta

A juicio de Francisco Álvarez, pediatra del centro de salud de Lugo de Llanera y secretario del comité asesor de vacunas de la Asociación Española de Pediatría (AEP), “es importante tener claro que la vacuna nunca puede producir la enfermedad”. “La eficacia de la vacuna no es completa y, además, al tratarse de personas con varias patologías, es posible que estén tomando medicaciones que mermen la protección”, indicó el especialista.

Según Santiago Melón, una persona joven “responde a la vacuna rápidamente”, mientras que en los mayores “la respuesta es más lenta”. De este modo, los individuos de edad avanzada que han recibido la vacuna recientemente “no tienen la protección completa y son casi tan susceptibles al virus como el resto de población no vacunada”.

Por otra parte, algunos profesionales sanitarios hicieron hincapié en que los efectos secundarios de la segunda dosis de la vacuna, relativamente fuertes y con síntomas parecidos a los de la propia infección por coronavirus –entre ellos fiebre y quebrantamiento generalizado–, están originando un número apreciable de bajas laborales en las 24 o 48 horas posteriores a su aplicación.

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