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La carrera por el rectorado | seis fotos, seis momentos de los candidatos

Villaverde prefirió los libros a la guitarra

“Era malísimo como músico”, admite el constitucionalista, que se inició con Carlos Redondo (“Los Locos”) en los escenarios

Villaverde prefirió los libros a la guitarra

Villaverde prefirió los libros a la guitarra

LA NUEVA ESPAÑA ha pedido a Santiago García Granda e Ignacio Villaverde Menéndez, los dos candidatos a rector de la Universidad de Oviedo, la selección de seis fotografías que reflejen seis momentos especiales de su vida. El objetivo de estos dos reportajes es conocer la faceta más personal -y desconocida- de los aspirantes. 

SEIS FOTOS, SEIS MOMENTOS DE LOS CANDIDATOS

1 ) Un Ignacio Villaverde de 6 años mira sonriente a cámara, con un teléfono de rueda en la oreja. Es la típica foto de estudio de la época, hecha en casa de sus padres, Antonio y Esther, en el número 35 de la calle Saavedra de Gijón. Allí vivió el catedrático de Derecho Constitucional hasta los 14 años. “Para nuestra generación, el teléfono era la pera limonera. Toda mi familia materna vivía en un mismo edificio en Melquiades Álvarez y solo había un teléfono, el de la tía rica. Recuerdo que cuando mis padres tuvieron el suyo propio, aquello fue todo un acontecimiento”, rememora. Villaverde, que es el hermano mayor de dos mujeres, Marián y Cristina, estudió en el colegio público La Escuelona, y el parque de La Serena, en El Llano, fue su zona de juegos.

2) Villaverde tiene un “talismán”, que lleva puesto siempre en las “ocasiones especiales”. Es un alfiler de corbata que heredó de su abuelo Julio. Pese a que murió muy joven de una trombosis, el padre de su madre le “marcó”. Julio es ese hombre de gafas de pasta que mira orgulloso cómo su nieto, el primero de la casa, sopla las velas de cumpleaños. “Esa es mi última foto con mi abuelo. Para mí es una imagen muy entrañable. Salgo con un jersey que me encantaba, junto a mi madre y mi abuela. Mi abuela, que también se llamaba Esther, me tenía cierta manía porque la echaba de la cama (risas). Cuando yo estaba, mi abuelo solo tenía ojos para mí”, relata.

3) Hasta diez años estuvo Ignacio Villaverde yendo a Alemania. Primero para aprender el idioma a través de unos cursos de inmersión lingüística y luego como estudiante de Derecho Constitucional. En Friburgo hizo, de hecho, buena parte de su tesis doctoral y de la titularidad, junto al profesor Ernst-wolgang Böckenförde. “Me gusta la foto porque tenía pelo y porque fue un viaje que hice de Friburgo a Constanza”, asegura.

4) El gijonés leyó su tesis doctoral en 1993 bajo la dirección de Francisco Bastida. Y aquel acto, con el catedrático Joaquín Varela –ya fallecido– en el tribunal, fue su puerta de entrada a la Universidad de Oviedo. “Para mí fue un momento muy especial y sobre todo porque está ahí Joaquín”, comenta. La carrera de Villaverde es larga: en 1997 sacó la titularidad para ser profesor universitario, en 1998 se incorporó al Tribunal Constitucional, en 2002 volvió a la Universidad, en 2004 fichó por el equipo rectoral de Juan Vázquez, en 2009 dirigió los servicios jurídicos del Ayuntamiento de Gijón y en 2011 se quedó para siempre en la Universidad.

5) En 1995 Ignacio Villaverde viaja junto al también catedrático de Derecho Constitucional Francisco Bastida a un curso de doctorado en la Universidad de La Habana. “Fue un viaje increíble”, confiesa el gijonés. Y de esa aventura tiene dos anécdotas. La primera: que le tocó clausurar un curso a un joven Villaverde (30 años) ante una treintena de militares. Y la segunda: que se pateó La Habana con una gran pingadura. “Don Evelio, un romanista que tenía la Facultad de Derecho y que era cronista de La Habana, nos enseñó la ciudad. Era un sabio, contaba con una pasión su historia... Pero empezó a llover y a llover, de esas lluvias caribeñas, y Don Evelio seguía a lo suyo explicando. Hasta que Bastida le preguntó: ‘¿Don Evelio no sería conveniente que nos atechemos un poco?’ Estuvimos dos horas bajo la lluvia. Acabamos empapados, claro”, cuenta.

6) Una de las grandes pasiones de Ignacio Villaverde fue la guitarra. Aprendió a tocarla con Jorge Martínez, el de “Ilegales”, y formó su primer grupo, “091”, junto a Carlos Redondo –el de “Los Locos” y “Felpeyu”– y otro chaval “de apellido Orejas”. “Yo era malísimo, Carlos era un genio”, admite. Pero siguió tocando: en “Néctar” y, después, en “La quinta columna”. “En segundo de carrera, tras un concierto, Carlos y yo hablamos de nuestro futuro. Yo le dije: ‘El destino me ha hecho bueno para los estudios, no para la música’”. Así que Villaverde colgó definitivamente la guitarra. Hasta que tuvo que sacarla en alguna ocasión, como la que muestra la imagen. “Fue con motivo del cuarto centenario de la Universidad, que contrataron a Tete Bonilla y él me pidió que me subiese al escenario. La foto, en el aula escalonada del edificio histórico, me la hizo Antonio García León, que fue quien organizó el acto”, señala. Villaverde ahora solo toca “en la intimidad”.

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