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“Los niños están desmotivados”, alertan las familias sobre las clases semipresenciales

Los padres de alumnos que asisten al instituto en días alternos dicen que van retrasados en el temario y tienen sensación de “vacaciones”: “Se ponen a jugar a la consola”

Un grupo de padres, protestando contra la semipresencialidad a las puertas de la Consejería de Educación.

Un grupo de padres, protestando contra la semipresencialidad a las puertas de la Consejería de Educación.

Aitor (nombre ficticio) va a 3.º de la ESO, pero en régimen semipresencial. Un día en clase y al siguiente en casa. Así lleva desde inicio de curso por culpa de la pandemia. Es un crío brillante en los estudios. Pero este viernes se levantó y a las ocho y media de la mañana, en vez de encender el ordenador, se puso a jugar a la Play Station.

Raquel (también nombre ficticio) cursa 1.º de Bachillerato y la semipresencialidad le produce ansiedad. Quiere estudiar Medicina y ve que no llega. En su instituto el temario se está dando de manera superficial. Así que este año para ella las clases particulares no son un apoyo, sino un sustituto; algo “esencial” para no sufrir retrasos con los libros.

Estos son dos ejemplos reales, que reflejan, por un lado, el “hastío y la desmotivación” de una parte del alumnado asturiano y, por otro, la “desesperación y el enfado” de los padres. El modelo semipresencial que funciona en centros con espacio insuficiente para respetar las medidas de seguridad frente al coronavirus se traduce en la práctica, denuncian las familias, en que los estudiantes “están atendidos un día y desatendidos otro”. Tamara Vega, con un hijo en 3.º de la ESO en el Instituto La Ería de Oviedo, asegura que los niños “tienen una sensación casi de vacaciones” cuando les toca la jornada lectiva desde casa.

Vega forma parte de la plataforma “Asturias por una educación presencial, segura y de calidad sin discriminación”, creada precisamente para luchar contra la semipresencialidad. Según los cálculos de las familias, hay “13.700 alumnos” asturianos –“una barbaridad”– yendo a las aulas un día sí y otro no. Los afectados están cansados de que la Consejería de Educación no los escuche. “Nos hemos reunido con los grupos parlamentarios y con los equipos directivos de los centros, hemos iniciado una recogida de firmas en internet, nos hemos manifestado delante de la Junta General y de la Consejería...”, enumeran desesperados. Pero nada ha cambiado. Sus hijos siguen en clara “desigualdad” con respecto a otros chavales “de la misma ciudad e, incluso, del mismo barrio”.

“En el resto de comunidades se están dando pasos hacia la presencialidad total. Y no entendemos por qué en Asturias no, por qué se acomodan en la semipresencialidad cuando ahora mismo hay espacio en centros como para acoger a todo el alumnado”, comenta Mabel Gancedo, del IES Doctor Fleming de Oviedo y madre de dos hijos, uno en 2.º de Bachillerato, con clases presenciales, y otro en 3.º de la ESO, con un día de docencia en clase y otro en casa. Los niños afectados por esta intermitencia son de 3.º y 4.º de Secundaria, y de 1.º de Bachillerato. El curso también empezó con parte de los estudiantes de 2.º de Bachillerato en estas condiciones, pero a mediados del primer trimestre la Consejería de Educación reculó y permitió su vuelta plena a las aulas. “Agradecemos el esfuerzo, pero creemos que es insuficiente”, recalca Vega.

Julia Menéndez, alumna del IES Astures de Lugones, en un día de estudio en su habitación. | LNE

Una de las consecuencias de que los estudiantes no vayan todos los días de la semana a clase es la ausencia de supervisión. “¿Quién los controla cuando nosotros estamos trabajando? Al final son solo unos críos”, se quejan los padres. Josefina Arias, madre de dos niños en 1.º de la ESO (presencial y en 3.º de la ESO (semipresencial) lo sufre todas las semanas. “Yo a las siete y media de la mañana me marcho de casa a trabajar. Y tengo que estar llamando al mayor a las 8, a las 9, a las 10... Para que se despierte, para que se ponga a estudiar... Tengo que estar todo el rato encima de él. Porque, si por él fuese, estaría todo el tiempo jugando”, cuenta.

Esa desmotivación es generalizada. “Los alumnos tienen una sensación de cansancio continua”, afirma Tamara Vega. “Esta situación genera pasotismo en algunos y ansiedad en otros; los chavales están deseando volver a la rutina”, señala Graciela Velasco, con dos hijos en el IES Astures, de Lugones. Porque, añade, ir al instituto “no es solo recibir docencia, también interacción y, en definitiva, crecimiento”. Las familias también ven con pesar cómo sus hijos van retrasados en el temario, cómo ir a clases particular ya no es una opción. “En ciertas asignaturas son un sustituto de las clases normales. En mi instituto tienen clase de Física y Química cada quince días”, menciona Graciela Velasco. Tamara Vega, del IES La Ería, asegura que los estudiantes en régimen de semipresencialidad sufren un retraso “de entre uno y dos temas con respecto al curso anterior”.

Las familias ya dan por perdido este año –a lo que hay que sumar, se quejan, el retroceso vivido en la recta final del curso pasado– y temen que la semipresencialidad continúe el que viene. “No nos dan ninguna solución. Tenemos un enfado tremendo y solo pedimos igualdad de condiciones para todo el estudiantado”, dice Jorge Álvarez, del IES Pando de Oviedo. Este padre de dos niños se queja de que “tenemos los institutos vacíos por las tardes”, cuando una solución podría ser “partirlos en dos” y hacer dos turnos. Pero Educación se niega a todo. “El Ayuntamiento de Siero cedió un centro municipal nuevo y la antigua Casa de Cultura y el Principado lo rechazó, siendo esta una de las propuestas del propio Ministerio”, protesta por su parte Graciela Velasco. A otra madre, Mabel Gancedo, le indigna que la Administración les venda que la semipresencialidad es “una oportunidad para modernizar la educación”. “Las herramientas digitales están bien, pero como apoyo. Queremos que nuestros hijos vuelvan a las aulas”, zanja.

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