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Las nueve horas de espera de los candidatos a rector

Villaverde, que tuvo dos clases, vivió la jornada electoral “con la tensión de haber hecho un examen y esperar por la nota”, mientras que Granda estuvo “tranquilo” en el despacho, conectado virtualmente con su equipo y cumpliendo con su labor de rector en funciones

Ignacio Villaverde, ayer, votando telemáticamente a las 10.00 horas desde una sala del área de Derecho Constitucional, en el campus del Cristo.   Miki López

Ignacio Villaverde, ayer, votando telemáticamente a las 10.00 horas desde una sala del área de Derecho Constitucional, en el campus del Cristo. Miki López

Ignacio Villaverde Menéndez vivió la histórica jornada electoral de ayer “con la tensión de haber hecho un examen y esperar por su resultado al final de la tarde”. Santiago García Granda, en cambio, estuvo, según confesó, “muy tranquilo” en el despacho del rectorado. En su caso, quizá los nervios no apretaron demasiado porque ya eran sus terceras votaciones, al haberse enfrentado en abril de 2016 a dos casi seguidas (primera y segunda vuelta). Para ambos candidatos fueron más de nueve horas de espera, durante las cuales los dos se imaginaron como ganadores.

Santiago García Granda, votando a distancia a las 10.30 horas desde el despacho del Rectorado y conectado por Teams con su equipo (en la pantalla de la derecha). | Miki López

El aspirante más madrugador fue Villaverde, que votó nada más abrirse las urnas telemáticas, a las diez de la mañana. Lo hizo desde su portátil en una sala del área de Derecho Constitucional, en el campus del Cristo, con varias versiones de su programa electoral esparcidos por una gran mesa de reuniones, y en presencia de su jefe de campaña, Humberto R. Solla, y de otros dos miembros del equipo: Secundino González y Rosana Gutiérrez. Fue “rápido” y “sencillo”, según dijo. Introdujo en portal de las elecciones la clave de usuario recibida el día anterior a través del correo electrónico así como el número PIN que tenía en su teléfono, en la bandeja de entrada de los SMS. Y pinchó sobre su nombre y su fotografía.

“Tengo mucha esperanza, yo creo que vamos a tener un buen resultado. Estoy seguro de que hoy la Universidad de Oviedo va a comenzar de nuevo. Hoy es el comienzo de algo nuevo y grande”, afirmó. El catedrático de Derecho Constitucional tuvo que compaginar, como a lo largo de toda la campaña, su papel como candidato con el de profesor. Impartió dos clases telemáticas; una por la mañana y otra por la tarde, que le permitieron evadirse durante unas horas de las votaciones y del análisis de los datos de participación. El teléfono y, en particular el WhatsApp, echó humo durante todo el día. Los grupos de campaña estuvieron más activos que nunca.

Por su parte, Santiago García Granda votó un poco más tarde que su rival, sobre las diez y media de la mañana, desde su portátil en el despacho del rectorado y con el programa electoral bien cerca, a su derecha. Nadie le acompañó físicamente, pero sí virtualmente. Su equipo de campaña, formado por el actual equipo rectoral –incluyendo también a directores de área– entre otras personas, vieron a través de Microsoft Teams cómo el catedrático de Química Física hacía historia, votando por primera vez telemáticamente por su candidatura. Para García Granda también fue un proceso “rápido y sencillo”. “Estoy muy tranquilo y la gente del equipo, muy animada”, expresó por la mañana desde su despacho, ubicado en el edficio histórico de la Universidad, muy cerca de donde la Mesa Electoral y la Junta Electoral Central siguieron de cerca la evolución de los comicios.

Con su equipo presente en el despacho, a través de una gran pantalla de televisión colocada para la ocasión, el actual rector en funciones pasó el día, sin dejar, por supuesto, de lado su trabajo diario al frente de la institución académica. Hubo mucho que analizar, empezando por los datos de participación y el deseo de que los números fuesen a más. Entre tanto, hubo autorizaciones que tramitar, alguna que otra reunión –entre ellas, la de la Alianza por la Industria– y una salida a la hora de la comida para comprar un pincho. Y volver a la faena.

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