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UN AÑO DE PANDEMIA

Deuda eterna con los muertos que robó el covid

Los familiares comparten la sensación de haber enterrado a sus seres queridos “en la clandestinidad, a escondidas”, sin adiós: “El dolor está ahí, la herida sigue abierta”

VÍDEO: Los duelos que robó la pandemia Amor Domínguez/ Mara Villamuza

Hace unos pocos días Luis Cerezo soñó con su padre. Ambos estaban sentados a la mesa. La cuestión es que nunca lo había hecho. “Fue agradable, como una realidad paralela”, explica. El motivo de tal sueño lo atribuye, quizás, a que se acerca la fecha del primer aniversario de su muerte. Gonzalo Cerezo falleció el 19 de marzo de 2020 por coronavirus, cuando la pandemia comenzaba a azotar de forma virulenta y sin piedad a una España absorta, aterrada y que daba bandazos de ciego para evitar los contagios.

Una de las medidas, la más dura y desgarradora quizá, que siempre quedará grabada a fuego en la mente de aquellos que perdieron a sus seres queridos durante la maldita pandemia, fue prohibir durante varios meses la entrada a los hospitales de los familiares, quienes en muchos casos no pudieron ver siquiera el cadáver de los suyos; se vetaron los velatorios y se restringió al máximo la presencia en los enterramientos. Por si fuera poco, al cabo del año, aquellos que pasaron por ello ven que la situación sigue parecida. Sus recuerdos están a flor de piel y, admiten, es difícil procesarlos. Es una sensación rara, como que les han robado a sus muertos, con los que la deuda será eterna.

A sus 94 años, el maliayés Gonzalo Cerezo, con una legión por familia (10 hijos, 20 nietos y 9 bisnietos) se fue de este mundo en soledad, en una cama del hospital de La Princesa de Madrid. A día de hoy, “por una cosa o por otra”, los suyos, desperdigados por media España y parte del extranjero, no han podido convocar el funeral, ni una misa de despedida: “Eso está ahí, un paréntesis en nuestra vida sigue abierto y quién sabe cuándo se cerrará...”.

Carlos Martínez Guardado, este viernes 26 de febrero, ante la tumba de su madre, Fina, en el cementerio de La Carriona. | Mara Villamuza

Los familiares de Fina Guardado sí que han podido cerrar tal paréntesis al celebrar su funeral el 16 de septiembre, el día en el que la mujer cumpliría 96 años. Fue seis meses después de su muerte, ocurrida el 24 de marzo, en lo peor de la pandemia, en una residencia de Avilés. Pese a ello, a Carlos Martínez Guardado, uno de sus hijos, le queda una herida abierta que sabe será eterna: “No pude ver a mi madre en sus últimos 10 días de vida, una mujer con casi 100 años como ella fue a morirse sola. Eso siempre pesará...”.

Susi Fernández sí que pudo asistir y dar los últimos cuidados a la suya en su propia casa de Corias (Pravia). También cumplió con el funeral. Cleofé Álvarez murió el 20 de abril con 100 años recién cumplidos. Pero sus tres hijos, 8 nietos y tres bisnietos nunca se quitarán de encima la tristeza de no haber podido asistir todos juntos al cementerio a dar el último adiós a la abuela junto a su nicho, ese que estos días luce un gran centro de guapas y coloridas flores de “Tus amigas del parchís”, las mismas con las que Cleofé pasó tantas horas jugando y que le brindaron, con los vecinos, un animado cumpleaños un mes antes de morir. “Aquí se enterró, prácticamente sola, si ella lo ve... Con todo lo que le gustaba la gente y la animación, vaya si sufriría. A mí no se me olvida aquella jornada. El dolor ahí sigue”, cuenta Susi a LA NUEVA ESPAÑA ante la lápida el mismo día que su madre cumpliría 101 años, este pasado 25 de febrero.

Susi Fernández, ante el nicho donde está enterrada su madre, Cleofé Álvarez, en el recóndito cementerio de Corias (Pravia), este pasado jueves, 25 de febrero, día en el que la fallecida habría cumplido 101 años. | Mara Villamuza

Una de las ilusiones de los familiares de Simón Gallego, célebre pescador de Lastres que falleció en la madrugada de Viernes Santo en el Hospital de Cabueñes (Gijón), era brindarle un funeral por su sitio, con los miembros del coro local en el que el hombre, de 98 años, cantaba. Lo hicieron el 1 de agosto. “Pero no fue como pensábamos, no fue lo que queríamos”, se lamenta su nieto Guillermo Simón. “Él se fue el 10 de abril y hacerlo en agosto resultó tarde”. Con todo, el artista maliayés, que estaba especialmente unido a su abuelo, considera que el funeral permitió a la familia “de alguna manera cerrar un capítulo”.

Si hay una sensación generalizada entre los que enterraron a sus seres queridos durante el peor pico de la pandemia es la de haberlo hecho “en clandestinidad, a escondidas”, con toda la carga emocional que eso supone.

Para Carlos Martínez Guardado el sufrimiento se agravó al sumar más de una semana sin haber podido ver a su madre antes de morir. Después de tenerla ingresada en el Hospital San Agustín por un ictus desde principios de marzo –“hacia el 9 o 10 empezó el nerviosismo y fui yo quien podía acceder a la habitación”–, Fina Guardado regresó a su residencia, pues la planta en la que estaba fue destinada a enfermos de coronavirus. “En el centro ya no pude entrar, yo no lo entendía... Llegué a valorar vestirme con bata blanca, pues fui sanitario, aunque ya estoy jubilado, y tratar de colarme. Entré en razón y desistí. A los seis días me llamaron para decirme que había muerto”, explica ante su tumba.

"No pude ver a mi madre en sus últimos 10 días de vida, una mujer con casi 100 años"

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A partir de ahí, recuerda, fue una locura para gestionar todo el papeleo: “Mi madre oficialmente no estaba muerta sin documentos, pero estos no se podían tramitar porque todo estaba parado. El 24 de marzo de 2020 España entera estaba estresada”. A Fina Guardado pudieron darle sepultura cristiana, como ella deseaba, el 25 de marzo, a las 11 de la mañana. La escena en el cementerio de La Carriona no se le olvidará a su hijo por el ensordecedor silencio y la apabullante soledad del lugar.

“Ella hubiera querido algo multitudinario, y lo tuvo, pero en septiembre. Gracias a la iniciativa de LA NUEVA ESPAÑA de dedicar una pequeña necrológica a los fallecidos entonces, se conoció en marzo su muerte, porque por haber no hubo ni esquela. De aquellos días me chocó la reacción de la gente, parecía que solo se podía morir de covid, extrañaba que fuera de otra cosa”, dice.

El capítulo cerrado por Guardado sigue abierto para la familia Cerezo, que han encontrado en internet un rincón virtual que, sin ser el mismo, sustituye al real en el que desearían reunirse. “Estamos aislados, confinados, así un año y a saber cuándo acaba. Nos consolamos con una comunidad virtual que hemos creado, en la que colgamos fotos, textos con pensamientos, recuerdos, deseos, artículos de mi padre...”, apunta Luis Cerezo, quien admite que la muerte del cabeza de familia, pese a tener edad avanzada, fue inesperada. Gonzalo Cerezo fue de los primeros asturianos a los que el covid se llevó. “Ingresó por su propio pie, agotado, asfixiado, pero caminando. Al día siguiente fui a verle, a llevarle el móvil y no pude entrar ya. Aquella noche murió”.

Cada minuto de aquellos días también los tiene muy grabados Guillermo Simón. Uno de ellos es el desasosiego de su abuelo en la residencia, cuando prohibieron las visitas y empezó a notar cierto ajetreo entre los sanitarios, los cuidadores: “Regía muy bien de la cabeza y notaba que pasaba algo, llegó a pensar que había estallado otra guerra, como la que él sufrió”. Simón dice sentirse muy identificado con “Primavera extremeña”, el último libro de Julio Llamazares, sobre el regreso al pueblo y los recuerdos que vuelven del pasado más presentes que nunca. “Todo esto, el último año, ha supuesto una carga emocional tremenda, se pasa por varios estados y nadie podía imaginar que al cabo del año así seguiríamos”, zanja. Con los muertos que robó el covid la deuda será eterna.

Sus historias

 

GONZALO CEREZO

Falleció el 19 de marzo de 2020 a los 94 años

Periodista y escritor, Gonzalo Cerezo era natural de Villaviciosa, tierra a la que seguía muy vinculado pese a residir por motivos laborales en Madrid. Fue uno de los primeros asturianos muertos por coronavirus. Cerezo ocupó varios cargos políticos y estaba en posesión de varias condecoraciones, entre ellas, la medalla de plata del Trabajo.

FINA GUARDADO OVIES

Falleció el 24 de marzo de 2020 a los 95 años

La llamaban “La Sacristana” (por familia paterna) y tenía profundas convicciones religiosas. Su funeral, aunque tardío, fue un alivio para su familia, satisfecha de haber cumplido su deseo, aunque a medias, pues Fina Guardado, panadera, avilesina de pura cepa de la calle Rivero, quisiera haber estado de cuerpo presente en la iglesia de Santo Tomás que su abuelo cantero, José Ovies “El Chalero”, ayudó a rematar.

SIMÓN GALLEGO DEL VALLE

Falleció el 10 de abril de 2020 a los 98 años

Su biografía tiene de todo. Porque Simón Gallego, de Lastres (Colunga), era un pescador célebre por haber sobrevivido a una galerna en su juventud en la que murieron trece personas y, además, había sufrido tres naufragios. El canto era una de sus pasiones, a la que dio rienda suelta en el coro local. Mareante mayor, su nieto pintor, Guillermo Simón, era para él uno de sus grandes orgullos y del que presumía entre sus compañeros de la residencia donde pasó últimos días.

CLEOFÉ ÁLVAREZ FERNÁNDEZ

Murió el 20 de abril de 2020 a los 100 años

Era Cleofé Álvarez famosa por su sentido del humor, sus ganas de vivir y su desbordante energía en el pequeño pueblo praviano de Corias. Allí, su numerosa familia y sus muchos amigos y vecinos la obsequiaron por su 100.º cumpleaños con una animada fiesta. Tras una infancia algo desgraciada, de mucho trabajo y sufrimiento, ahora le gustaba presumir de lo bien que la había tratado la vida en sus últimos años, rodeada de una familia que la adoraba y siempre la llorará.

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