Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Rutas por Asturias: Un paseo por el Camín Encatáu de Llanes

La guía Mónica Balmori narra el recorrido de una ruta plagada de pueblos, historias, tradiciones y una esencia rural que ha convertido esta zona de Llanes en un atractivo turístico familiar

41

Ruta por Asturias: por el Camín Encantáu Ángel González

Mitología, bares tienda y hasta una tejera rodean el Camín

Este camín comienza en La Venta, sube a Riocaliente, y recorre el Valle de Ardisana en su totalidad. Es algo más que una ruta encantada. Es la historia de lo que eran los pueblos en donde la vida sigue yendo más despacio y los hombres y mujeres que lo habitan son capaces de conservar, y transmitir, costumbres de antaño.

A lo largo del lugar donde nace el Camín Encantáu aún se conservan rincones tan emblemáticos como los bares tienda, una joya que se va perdiendo. Carmen Nieto Morán regenta uno que abrieron sus ancestros en 1876. Ofrece una bebida diaria a los vecinos que acuden religiosamente al establecimiento, departe con los visitantes y vende productos de alimentación, de higiene, de ferretería e incluso souvenirs. Todo está perfectamente distribuido y colocado en las estanterías que atesoran un pasado que aún pervive. “Venid pronto, sacaremos quesos y tomaremos un vino para contar historias”, dice ella mientras, sin dejar de limpiar la barra, nos despide con una enorme sonrisa. Ella, igual que su tienda, forma parte de la magia del Valle de Ardisana. Y también Juan Antonio Pesquera, que se hizo con una antigua tejera que él ha reutilizado para albergar en parte de la estructura su empresa de rutas a caballo. Sueña con poder recuperar el lugar, los hornos donde los tejeros, tan importantes en esta zona, cocían tejas y ladrillos en un oficio tan característico del concejo de Llanes.


Cuenta Mónica Balmori que es necesario conocer el porqué de cada rincón del entorno para darse cuenta de la importancia que tiene. Porque todo forma parte de un engranaje que habla de historia y de vidas. En la zona rural, a la que ella ha dedicado su faceta laboral como guía profesional, su premisa tiene más sentido aún porque esas historias y esas vidas son fruto de tradiciones heredadas y de culturas aprehendidas junto a las praderas, las cuadras, los llagares o los lavaderos. Solo sabiendo contarlo uno tendrá verdadera noción del lugar que pisa, “que es algo más que naturaleza”, dice.

Mónica adora el Valle de Ardisana y se nota cuando recorre la ruta del Camín Encantáu que la Asociación La Ablanosa diseñó (2007) para andar y descubrir los pericuetos de las entrañas del concejo de Llanes. “La riqueza paisajística y etnográfica de este valle es especial” y buena cuenta de ello dan los miles de turistas que estacionan en La Venta para iniciar esta ruta que les adentrará en un lugar mágico en donde trece tallas de madera -esculpidas por el artista Pedro Bueno- narran la historia mitológica de Asturias al tiempo que descubren rincones de bosques, vegas y pueblos que aún conservan la esencia de antaño. “Su riqueza es abrumadora”, asegura la guía, que no puede evitar mostrar su debilidad por el sitio.

A lo largo del lugar donde nace el Camín Encantáu aún se conservan rincones tan emblemáticos como los bares tienda, una joya que se va perdiendo

decoration

El camino empieza junto a una reunión de trasgos que advierten del encanto y las sorpresas que aguardan en el Camín. Son los primeros seres mitológicos, antes de llegar a la bolera donde se inicia la ruta, siguiendo a la vera del río San Miguel hasta el desvío a Gomezán. Y, después de atravesar través de un “bosque autóctono que conserva la vegetación” de avellanos, abedules y castaños, encontramos al Sumiciu, “un duende hogareño al que se le asocia con los despistes y las desapariciones de objeto”.

Siguiendo, los pasos llevan a La Malatería donde Mónica cuenta maravillada “la riqueza de un pueblo que sigue viviendo del sector primario” y un emergente sector turístico que respeta, por ahora, la esencia más rural. Mientras charla con un vecino que se afana en colocar leña para un invierno que pronto llegará, ella mira a su alrededor recordando algún episodio de su niñez, cuando se enamoró de este lugar del interior llanisco, donde aún conserva amigas.

“Aquí los muros que rodean los praos son bienes protegidos, porque están levantados, sin argamasa, y se sostienen con piedra en seco, técnica considerada patrimonio cultural inmaterial por la Unesco” , dice orgullosa de su tierra, mientras dirige sus pasos hasta el Hombre del Sacu con el que los padres de antaño amenazaban a los hijos si se portaban mal. “Eran cosas de antes” que aún se conservan en la memoria colectiva, indica Mónica justo antes de llegar a la iglesia de la Magdalena, en dirección a Ardisana.

“Aquí la gente aún tiene en casa llagares, de ahí a que nos rodeen pumares”, explica la guía al tiempo que continúa el camino entre árboles y silencio.

Solo encontramos en el camino una figura, la de El Pataricu, un ser mitológico que come náufragos frescos y que antecede la presencia del Diañu Burlón, quien aprovecha la noche para hacer de las suyas. Escapando de sus fechorías “dejamos atrás el bosque” para entrar en La Prida y descubrir al Nuberu, desde cuya ubicación se ve el mar, y desde donde dejamos Ardisana para descubrir la iglesia de Santa Eulalia antes de pisar el camino medieval que conduce al lavaderu, “uno de los elementos etnográficos más importantes”, donde la arquitectura civil y la tradición se dan la mano.

Mapa de la ruta

Las casas indianas, como Villa Marta, hoy recuperada como hotel, o las casas de corredores de madera decoran un camino que interrumpe otra figura, la de El Segador, que da la bienvenida con la mascarilla puesta, antes de llegar a Ardisana y descubrir al Cuélebre y descubrirnos en medio de un camino con historia, que nos lleva a Riocaliente -el pueblo con más hórreos del concejo-.

Este paso “era utilizado por las cortes fúnebres que subían a sus muertos hasta Villanueva, con el difunto al hombro”. Tan empinado y costoso era el camino que una inmensa Cruz, la de Garabiales, hacía de parada para recuperar el aliento. Hoy nadie para allí, solo quien quiere contemplar en este trayecto a la Llavandera que reposa junto a un río cada vez más seco, o al Busgosu que guarda los bosques.

Y, al final, la Manona completa el recorrido para advertir que uno debe pararse en ese punto si no se va a respetar el medio que pisa o si va a adentrarse en el Camín sin creer en la magia de los seres mitológicos que lo forman. La imagen de la Castañera pone fin a la ruta circular. Y nuestra guía cuenta con cariño cómo acabamos de recorrer una zona en donde sus vecinos “aún abren la puerta a quien les pica, sin preguntar, sólo para ofrecerles lo mejor de la tierra que habitan” que, a menudo, son ellos mismos, los propios vecinos.

Cómo llegar

Desde la autovía del Cantábrico acceder a la carretera comarcal en la salida de Balmori, Celorio, Posada. Continuar por la AS-263 en dirección a Posada hasta el cruce con la AS-115 en dirección a Cabrales. Tomar la LLN-14 en Puente Nuevo.Estacionar el coche en el aparcamiento ubicado en La Venta.

Tiempo y dificultad

Tres horas para recorrer 8,6 kilómetros

Dificultad: Baja

Un consejo

Dejarse llevar por la magia de la mitología; contemplar cada palmo de la zona rura; conocer las casonas tradicionales; entrar en los bares tienda y conocer la etnografía.


Compartir el artículo

stats