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El desparpajo de Elvira, la inquilina “okupa”: “En cinco años, de aquí no me sacas”

Susana Tolino, murciana residente en Langreo, pleitea desde hace años para echar a una mujer que no le paga el alquiler: “Esto te destroza económica y psicológicamente”

La vivienda ocupada; en el círculo Susana Tolino

La vivienda ocupada; en el círculo Susana Tolino

“¿Sabes qué te digo? En cinco años, de aquí no me sacas, a ver si tienes cojones de venir a echarme”. Así, con este desparpajo, se dirigió hace ya unos años Elvira, una exvendedora de la ONCE, a su casera Susana Tolino, una cartagenera afincada hoy en Sama de Langreo que lleva tres años pleiteando para echar a la mujer de su casa, con ningún éxito. “Esto te destroza económica y psicológicamente”, confiesa Susana Tolino, de 47 años, a la que está situación ha llevado al borde de la depresión y la pérdida de la vivienda alquilada.

Hace casi ocho años, por razones personales, Susana se mudó a Langreo con su marido y sus dos hijos, y decidió poner en alquiler el chalé que estaba pagando a plazos en el Barrio Peral de Cartagena (Murcia). Elvira, una vendedora de la ONCE, casada y con una hija, le dio confianza y decidió tenerla de inquilina. “Era una familia supernormal. Quedamos en que me pagaría 475 euros, con lo que yo pagaba la hipoteca”, relata. “A los cinco meses, por Navidad –siempre era por Navidad–, vino el primer impago. Ella me lloraba siempre, decía que estaba enferma, en el hospital. Yo seguía pagando la hipoteca y el alquiler aquí en Asturias. Me daba pena”, explica.

Susana Tolino

El problema es que tanto Susana como su marido perdieron el trabajo y empezaron a tener problemas. “La llamaba y no me contestaba o decía que estaba enferma. Hasta que un día llamamos al marido y nos dijo que, de enferma nada, que estaba en Holanda, de viaje con su hija. ‘Si a la vuelta le queda dinero, te pagará la casa’, dijo el marido. Fue entonces cuando me di cuenta de que nos estaba tomando el pelo, encima que habíamos sido buenos con ella”, admite. Con tal de quitársela de encima, llegaron a decirle que le iban a buscar otra casa. Pero “quería ir a un chalé grande”.

Denuncias por acoso

Desde entonces, “ya no paga”. “Nos dijo que no la íbamos a sacar tan fácil de la casa. No era la primera vez que lo hacía. Nosotros la llamábamos para reclamarle el dinero y terminó denunciándonos por acoso varias veces. La primera, vino la Policía a buscarme a casa a las once y media de la noche y me asusté muchísimo. Pensé que le había pasado algo a mi madre o a mi hijo. Afortunadamente, estas denuncias han quedado en nada. Buscamos un abogado de oficio, que nos aconsejó demandarla”, rememora.

El juicio se demoró hasta el 25 de noviembre: “Tuvo que aplazarse dos veces, porque no cogía los señalamientos. Al final se celebró y lo ganamos. Le dieron 20 días para marcharse. Pero ella ha recurrido, apelando a la ley antidesahucios de Pedro Sánchez y a su vulnerabilidad”.

Susana Tolino da rienda a su desesperación: “Yo estoy metida en una lista porque ahora tengo deudas y me han embargado la casa. Hemos perdido todo el trabajo mío y de mi marido. Y ella se va a ir de rositas, debiéndome 18.000 euros, cuando cobra una pensión de minusvalía de 1.800 euros al mes. No paga impuestos y vive como una reina. No es justo lo que está pasando en este país. He pedido ayuda para el alquiler y me la han denegado porque tengo una propiedad. No lo entiendo. Encima me ha destrozado la casa. Si lo sé, no denuncio, la echo a bofetadas”.

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