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Cuando el grisú hizo olvidar la pandemia

La mayor tragedia en la minería asturiana, con treinta fallecidos en Boo en enero de 1889, dejó en segundo plano la epidemia de viruela que azotó la localidad un mes antes causando la muerte a sesenta vecinos

Panorámica del valle del río Aller. | F. D.

Panorámica del valle del río Aller. | F. D.

A finales del siglo XIX la viruela todavía causaba importantes estragos entre la población asturiana y española con una letalidad que, en ocasiones, superaba el treinta por ciento entre los enfermos que la padecían. En noviembre de 1888, en la localidad de Boo, en el concejo de Aller, aquella infecciosa epidemia había ocasionado la muerte de sesenta vecinos.

El insigne historiador allerano Guillermo Fernández Lorenzo, fallecido en noviembre del año pasado, recuperó en su libro “Apuntes para una posible historia de la minería asturiana”, editado en 1989, una carta remitida el 22 de noviembre de 1888 por Manuel Montaves, jefe facultativo de la Sociedad La Montañesa, que explotaba entonces las minas de Aller propiedad del marqués de Comillas, al ingeniero Félix Parent, director general de la compañía residente en Madrid, en la que le indicaba: “anoche murieron de viruela dos de nuestros mineros en Boo, dos mozos fuertes y robustos. Al paso que vamos en Boo o naturales de allí, sólo van a quedar los viejos. El pueblo está consternado y siguen admirándose de que a los forasteros no les ataque la epidemia como a ellos. Tenemos un minero que no quiere bajar a Boo ni a comer y duerme en los vagones de la mina”.

Bocamina de La Esperanza | F. D.

Bocamina de La Esperanza | F. D.

Al día siguiente, Montaves escribe de nuevo a Parent para comunicarle que “la explotación que tenemos en Boo cerrará por fuerza al paso que vamos. Veo que me voy a quedar allí sin un minero y todos se van a marchar”. Manuel Montaves, que residía en una mansión ubicada entre el poblado de Bustiello y Santa Cruz que todavía se conserva hoy, achacaba aquella mortal epidemia “al mal género de vida y poca higiene del vecindario”. Lo cierto es que en noviembre de 1888 se había desatado la epidemia de la viruela que amenazaba con asolar la parroquia de Boo ya que habían fallecido sesenta vecinos durante ese mes y los cementerios fueron cerrados por saturación.

Poco tiempo después, el miércoles 2 de enero de 1889, primer día laborable del nuevo año, sobre las diez y media de la mañana, según describe el ingeniero allerano Mario García Antuña en el Tomo I de su libro recopilatorio “Catástrofes Mineras Asturianas”, editado en 2015, “en la mina Esperanza, perteneciente a la Sociedad La Montañesa y situada en el paraje denominado “El Picu”, en términos de la parroquia de Boo, en el concejo de Aller, en el taller de explotación formado sobre la capa superior del primer piso, ocurrió la mayor tragedia habida en la minería asturiana al producirse una explosión de grisú que causó la muerte a treinta mineros. Veinticuatro de ellos se hallaban en la zona de la deflagración y los seis restantes murieron al entrar a rescatar a sus compañeros”.

Menuda tragedia sobre tragedia. Ignacio Hevia, entonces alcalde de Aller, ante la saturación de enterramientos motivados por la epidemia de viruela en el cementerio situado al lado de la iglesia, dispuso en el acto que se habilitara un nuevo cementerio en un terreno cedido por la empresa minera en Bustillé, camposanto que permanece en la actualidad.

Siempre tuve curiosidad en saber por qué, a pesar de las distancias de la época, el concejo de Morcín había sido el lugar de nacimiento de la mayoría de las víctimas que perdieron la vida en Mina Esperanza aquel lluvioso y aciago miércoles 2 de enero de 1889. De los treinta mineros fallecidos, once de ellos eran naturales de Morcín aunque todos ellos residían en Boo.

Lista de fallecidos en una placa. | F. D.

Lista de fallecidos en una placa. | F. D.

La explicación viene dada porque la Sociedad La Montañesa, que a partir de 1892 pasó a denominarse Sociedad Hullera Española, había reclutado la mayoría de los mineros en otros concejos a causa de las bajas que la epidemia de viruela había ocasionado entre los lugareños de Boo, quienes estaban sometidos a una cuarentena que duraba ya dos meses. Además de los once nacidos en Morcín, en la catástrofe perecieron también seis mineros naturales de Mieres, tres de Aller y dos de Quirós. Las ocho víctimas restantes eran originarias de Trubia (Oviedo), Ciaño (Langreo), Feleches (Siero), San Andrés de Linares (San Martín del Rey Aurelio), Grandiella (Riosa), Sotiello (Lena), Mendaro (Guipúzcoa) y Galicia. Cabe reseñar que entre los 30 fallecidos, cuya edad media era de 28 años, perecieron tres parejas de hermanos.

Por si la epidemia de viruela no hubiera obligado a suficientes entierros en la parroquia de Boo, el jueves 3 de enero de 1889, en la caseta almacén ubicada en “El Picu” cerca de la bocamina de La Esperanza, se depositan 28 de los 30 cadáveres que se llevaría por delante la epidemia “grisuosa”. Por indicación de la empresa se acercan hasta allí todos los carpinteros que pudieron reclutar en la comarca para preparar los ataúdes para el multitudinario entierro que tendría lugar al día siguiente, el viernes 4 de enero de 1889.

Los nombres de cada uno de ellos son recordados en una placa instalada por los vecinos el 14 de septiembre de 1997 junto a la capilla construida previamente en la propia bocamina de La Esperanza en 1989 por parte de la Sociedad de Festejos “Virgen de la Peña” al cumplirse un siglo de la gran tragedia. El investigador minero José Manuel Miranda junto con un grupo de vecinos de la zona, coordinados por Manolo “el de Mercedes”, Chus Corrala y Benigno “el gaiteru”, fueron quienes, con su trabajo y dedicación, consiguieron erigir el emotivo y peculiar mausoleo que recuerda a las víctimas de la mayor tragedia ocurrida en la historia de la minera asturiana y que además sirve, desde la explanada de “El Picu”, como un privilegiado balcón desde el que se divisa una hermosa vista del valle del río Aller con el pueblo de Boo en primer término y las localidades de Caborana y Moreda al fondo.

El grisú hizo olvidar aquella letal epidemia de viruela de finales del siglo XIX, lo que no sabemos todavía a día de hoy será lo que nos hará olvidar esta maldita pandemia que estamos padeciendo en este impredecible siglo XXI.

Relación de fallecidos

Manuel Mallada Fernández, 36 años, entibador, natural de San Sebastián de Morcín, casado con Ramona Sariego, vecino de Boo.

Florencio Mallada Fernández, 25 años, vagonero, soltero, hermano del anterior, natural de San Sebastián de Morcín,

Anacleto Martínez, 33 años, barrenista, casado con Rosa Martínez, natural de Castandiello (San Esteban de Morcín) donde vive su esposa, vecino de Boo.

Manuel Mallada Sariego, 38 años, vagonero, casado con María Fernández Feliz, ambos naturales de San Sebastián de Morcín, vecino de Boo.

Inocencio Fernández Fernández, 24 años, vigilante, casado con María Tuñón, natural de Mellampo, aldea de San Sebastián de Morcín, vecino de Boo.

Carlos Fernández Tuñón, 28 años, picador, casado con Engracia Fernández, quien seguía residiendo en San Sebastián de Morcín, natural de San Sebastián de Morcín y vecino de Boo.

Santiago Fernández Tuñón, 25 años, picador, soltero, hermano del anterior con quien convivía en su domicilio de Boo, natural de San Sebastián de Morcín.

Silverio Hevia Blanco, 32 años, picador, viudo de Generosa Lobo, fallecida a los quince días de contraer matrimonio, natural de San Esteban de Morcín, vecino de Boo, de donde era natural su difunta esposa. Su padre recibió una indemnización de 365 pesetas por parte del Marqués de Comillas, propietario de la mina.

Bernardo Fernández Campo, 28 años, picador, casado con María Abad Martínez, que estaba en estado de buena esperanza y de cuyo matrimonio dejó 2 hijos (un niño de 7 años y una niña de 2), natural de Castandiello, San Esteban de Morcín, vecino de Boo. Su viuda recibió una indemnización de 450 pesetas por parte del Marqués de Comillas, propietario de la mina.

Nicolás Palacios Quiñones, 16 años, ramplero, hijo de José Palacios y Teresa Quiñones, soltero, natural de Castandiello, San Esteban de Morcín, vecino de Boo.

José Fernández Fernández, bueyero, soltero, natural de Morcín, vecino de Boo.

Juan Otero Iglesias, 50 años, ramplero y cargador, casado con Manuela Alvarez quien residía en Grandiella (Riosa) y de cuyo matrimonio quedan 6 hijos (4 mujeres y 2 varones), la hija mayor de 13 años y el hijo mayor de 9 años, natural de Grandiella (Riosa) y vecino de Boo. Su viuda recibió una pensión de 3 reales por parte del Marqués de Comillas, propietario de la mina.

José García Valdés, 42 años, entibador, soltero, natural de Ciaño (Langreo), vecino de Boo. Su hermano recibió una indemnización de 50 pesetas por parte del marqués de Comillas, propietario de la mina.

José María Menéndez Mazcorta, apodado “Mendaro”, 48 años, barrenista, casado con María García Viña, de 35 años, que estaba embarazada de cuatro meses, natural de Riberas (Soto del Barco) de cuyo matrimonio quedan 3 hijos (Aniceto de 11 años, Perfecto de 9 y Celestino de 6), natural de Mendaro (Guipúzcoa) y vecino de Valdefarrucos, en Caborana. Su viuda recibió una pensión de 3 reales.

Juan Trapiello Alonso, 21 años, soltero, caballista (mulero y cargador), hijo de Antonio Trapiello Cordero y Josefa Alonso, ambos naturales de Santo Tomás (Moreda) con quienes vivía. Su padre recibió una indemnización de 350 pesetas.

Blas Diaz Fueyo, 21 años, soltero, ramplero y ayudante de asentista, hijo de Jacinto (fallecido) y Dorotea, natural y vecino de La Caseta (Moreda), donde convivía con su madre, quien recibió una indemnización de 350 pesetas.

Ramón Ovide Lastra, apodado “Galleguín”, 27 años, picador, casado con Balbina Sánchez Carrio, natural de Santiago de Arenas (Siero) con quien tiene un hijo de 13 años, natural de Galicia y vecino de Boo. Su viuda recibió 400 pesetas de indemnización.

Antonio Álvarez Fernández, 26 años, picador, casado con Delfina Ardura de cuyo matrimonio quedan 2 hijos, el mayor de 3 años, natural del concejo de Mieres y vecino de Boo. Su viuda recibió una indemnización de 450 pesetas.

Celestino Arias Fernández, 23 años, picador, casado con María Fernández Suárez de cuyo matrimonio tuvo un hijo que murió de viruela, natural de Seana (Mieres), vecino de Boo. Su viuda recibió una indemnización de 400 pesetas.

Manuel García Sotero, 25 años, picador, casado con Josefa Alvarez que estaba en estado de buena esperanza, natural de Loredo (Mieres) de cuyo matrimonio queda un hijo de 3 años, natural de Seana (Mieres), vecino de Boo. Su viuda recibió una indemnización de 450 pesetas.

José Pérez Gutiérrez, 28 años, vagonero, casado con Dolores Cueto García que vivía en Lieres de donde era natural y de cuyo matrimonio quedan 3 hijos, el mayor de 4 años, natural de Feleches de Santa María de Lieres (Siero), vecino de Boo. Su viuda recibió una indemnización de 500 pesetas.

Pedro Delgado Hevia, 26 años, soltero, vagonero, hijo de Pedro y Teresa (fallecida), natural de Sotiello (Lena) y vecino de Boo.

Antonio Martínez, 22 años, soltero, ramplero, natural de Trubia (Oviedo), vecino de Boo.

José Zapico Laviada, 29 años, picador, hijo de Tomás y María, casado con Rosa Martínez de la Roza, natural de Santa Coloma de Farnés (Gerona), de cuyo matrimonio deja 2 hijos (Laureano de 3 años y Edelmira de 1 año), natural de San Andrés de Linares, El Entrego (San Martín del Rey Aurelio), vecino de Boo. Su viuda recibió una indemnización de 450 pesetas.

José Canga García, 20 años, soltero, ramplero, hijo de Fernando (fallecido) y Joaquina, natural de Seana (Mieres), residía con su madre en Boo.

Prudencio Canga García, 13 años, soltero, pinche del ventilador, hermano del anterior con quien residía en Boo. Su madre recibió una indemnización de 250 pesetas por cada hijo, en total, 500 pesetas.

Buenaventura Fernández Viejo, 21 años, soltero, ramplero, hijo de Francisco, natural de Bermiego (Quirós), vecino de Boo. Su padre recibió una indemnización de 300 pesetas.

Prudencio Díaz Álvarez, 32 años, picador, hijo de Eulogio y Teresa, casado con Victoria Delgado Blanco de cuyo matrimonia deja una hija de 16 meses, natural de Santa María de Llanuces (Quirós), vecino de Boo. Su viuda recibió una pensión de 2 reales.

Paulino García, 22 años, soltero, vagonero, hijo de Juana (viuda), natural de Pelúgano (Aller), vive con su madre en Boo, quien recibió 375 pesetas de indemnización.

Juan Díaz Álvarez, asentista de vía, casado, con 3 hijos, natural de Mieres, vecino de Los Cuarteles de Caborana.

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