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DÍA DE LA MUJER | LAS ROMPETECHOS

La primera presidenta de la Junta no dio que hablar

“Los debates tenían más que ver con la situación económica y política que por ser mujer”, reflexiona Laura González 30 años después de llegar al cargo

Laura González, ayer, posando para LA NUEVA ESPAÑA en San Martín de Laspra. | |  MARA VILLAMUZA

Laura González, ayer, posando para LA NUEVA ESPAÑA en San Martín de Laspra. | | MARA VILLAMUZA

Cuando Laura González (Avilés, 1941) se convirtió en junio de 1991 en la primera mujer en presidir la Junta General del Principado de Asturias nadie habló mucho de ello, la verdad. La prueba es que apenas hay alusiones en las crónicas periodísticas de aquellos días.

Con todo el tinglado político previo para lograr el pacto de izquierdas entre PSOE e IU –formación esta última de la que había sido candidata González por la circunscripción central– y la tensión en las calles y despachos –las revueltas mineras eran el pan de cada día y la reconversión industrial estaba en pleno despegue–, como para ocuparse del detalle de que una mujer llegaba por primera vez a un cargo tan importante como es presidir el parlamento asturiano.

Laura González con el presidente del gobierno en 1991, Juan Luis Rodríguez-Vigil.

Mujer o hombre, qué mas daba, si la persona elegida estaba a la altura de unas circunstancias que no eran nada fáciles. Esta era la reflexión generalizada. La primera que está de acuerdo con ella es la propia Laura González: “Yo nunca estuve muy por la labor de eso de las cuotas, la verdad. Creo que hay mujeres con suficiente capacidad y preparación para hacer lo que sea, mejor que un hombre, sin falta de que la elijan por ser mujer. Ahora bien, por supuesto que es importante la presencia de las mujeres en las instituciones y reconozco que lo de las cuotas y luego las listas cremallera, alternar hombre-mujer, que se lo autoimpusieron los partidos políticos, hicieron mucho por incrementar la presencia femenina”.

En los albores del verano de 1991, cuando se celebraron las elecciones regionales, lo que preocupaba a Laura González era otra cosa: primero, sellar un pacto de izquierdas con el PSOE que aupó a la presidencia del gobierno asturiano a Juan Luis Rodríguez-Vigil, y luego “lidiar” con sus propios compañeros de partido. Esto último fue, reconoce, quizás más difícil que lo primero: “No lo tuve fácil, la verdad”.

Cocinando arbeyos con carne en su casa de Avilés, en un reportaje con LNE, el día después de ser elegida presidenta.

Cocinando arbeyos con carne en su casa de Avilés, en un reportaje con LNE, el día después de ser elegida presidenta.

Pero el hito está ahí. Ella fue la primera mujer en ser la presidenta de la Junta, de lo que este año se cumplen exactamente 30 años. Sustituyó en el cargo a Antonio Landeta (AP). Hasta ahora, en el periodo democrático, solo ha habido dos mujeres en el cargo: González y la socialista praviana María Jesús Álvarez, elegida en 1999. “Por supuesto que es un orgullo para mí. Luego también me convertí en la primera que ocupaba la Consejería de Bienestar Social. Son cosas que quedan ahí”, resume la veterana política de izquierdas a LA NUEVA ESPAÑA en su casa de San Martín de Laspra (Castrillón).

No recuerda Laura González especiales problemas por su condición de mujer al frente de la Junta. “Más bien los tuve por ser de IU, que era también la primera vez que llegábamos a tal cargo. Y también tuve problemas dentro de IU, pues yo entendí la presidencia como un cargo institucional, no de partido, y algunos de mis gestos, como acudir a un pleno en plena huelga de la minería, no gustaron a mis compañeros”, recuerda. “Los debates tenían más que ver con la situación económica y política que por ser mujer. Y la verdad que duré poco, dos años. Dimití por presiones internas y me fui a Europa, ya que iba en las listas al europarlamento”.

Laura González, este lunes 1 de marzo, posando para LA NUEVA ESPAÑA en su casa de San Martín de Laspra. Mara Villamuza

De aquella época a esta, reconoce, la situación de la mujer ha cambiado y mejorado. Pero quedan cosas por hacer. Para ella la clave es la igualdad salarial, para lo que “falta mucho”, opina. “Creo que es fundamental tener independencia económica, a partir de ahí llega todo lo demás”.

Lleva retirada unos cuantos años, pero no pierde comba de la actualidad, que sigue atenta cada día. Habla del revuelo en las filas feministas a cuenta de la conveniencia o no de salir el próximo 8 de marzo a manifestarse en la calle: “Creo que hay que ser prudente. He escuchado hablar a la Ministra de Sanidad y sus argumentos son convincentes para rechazar cualquier protesta en la calle con todo lo que está cayendo con el coronavirus”. Apela a la “imaginación” para que el Día de la Mujer no pase desapercibido: “Hoy hay bastantes formas de conmemorar la fecha sin falta de manifestarse en la calle. Desde casa se pueden hacer muchas cosas, a través de internet... Hay que ser prudentes”.

Vistiéndose de minera, en 1992.

También está preocupada por la división del gobierno de España, PSOE y Unidas Podemos, a costa de la ley trans. Sin abordar en concreto el asunto, insta a limar asperezas para mantener un ejecutivo de izquierdas y evitar el fracaso: “La alternativa es la derecha, así que se debe imponer el acuerdo y que las partes sean conscientes de que no vale imponer tu criterio”.

Laura González tenía 50 años cuando hizo historia al romper un techo de cristal. Ahora, a punto de convertirse en octogenaria, el próximo julio (“la verdad que no me quejo, tengo bien la cabeza y las piernas, dos cosas fundamentales”), sigue igual de reivindicativa, pero antepone la ideología al sexo: “Sí que las mujeres somos más empáticas, más tendentes al diálogo... Pero no me gusta ni se puede generalizar. Margaret Tatcher también era mujer, pero su política... Discrepo. No puedo defenderla”. Queda dicho.

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