Simona Ángel se licenció en Ciencias Empresariales en Rumanía, su país natal. Cansada de que no se le ofrecieran prácticas en su país, vino a trabajar a España. Primero en Galicia, en el sector hostelero, y más tarde, cuando se trasladó definitivamente a Oviedo, como teleoperadora. “Llegué a ser
Simona Ángel, una emprendedora en Les Regueres que apostó por no dejar morir una actividad ganadera familiar
Licenciada en Empresariales y teleoperadora, hace dos años se hizo cargo de la ganadería de su suegra, tras cambiar las vacas de leche por las de carne: tambíen cría bueyes y tiene un cebadero de terneros
Simona Ángel se licenció en Ciencias Empresariales en Rumanía, su país natal. Cansada de que no se le ofrecieran prácticas en su país, vino a trabajar a España. Primero en Galicia, en el sector hostelero, y más tarde, cuando se trasladó definitivamente a Oviedo, como teleoperadora. “Llegué a ser la mejor vendedora de mi empresa”, recuerda con una sonrisa.
Conocer a quien hoy es su marido no solo le cambió la vida a nivel personal, también profesional, sobremanera cuando su suegra, Teri García Fernández, tuvo un accidente laboral que llevó a su hijo, Saúl Álvarez García, y a su novia Simona a tratar de buscar una solución para que la actividad ganadera no desapareciera. “Nosotros no queríamos que todo lo logrado por mis suegros se muriera. Aún más pensando en mi suegra, que tanto trabajó por sacar su ganadería de leche adelante. Siempre recuerda que cuando llegó aquí empezó con una burra y una vaca, y llegó a tener cerca de 60 vacas de leche. Por aquel entonces Saúl y yo ya habíamos comprado seis o siete vaquinas de la raza asturiana de los valles, que teníamos por los praos", señala.
No fueron buenos momentos, pero lo sucedido les llevó a tomar una decisión que determinaría el día a día que viven hoy. Y aún más a ella, que venía de ejercer trabajos que nada tenían que ver con el medio rural. "Después de casarnos, mi suegra vendió las vacas de leche y nosotros metimos ganado de carne porque da menos trabajo, entre otras razones. Aunque para ella fue duro despedirse de sus animales, sin embargo, también se alegró de la llegada de estos otros”, recuerda Simona, quien dice haber encontrado en su suegra, poco a poco recuperada del accidente, a la mejor maestra en su oficio, junto con su suegro, Valentín Álvarez Cuervo.
Simona Ángel también realizó un curso de ganadería en Oviedo y está siempre formándose y reciclándose para adaptarse a los cambios que llegan. Para ella siempre es un incentivo mejorar y adaptarse a un campo asturiano del siglo XXI
La apuesta de esta joven pareja por luchar por la ganadería, de la que es titular Simona Ángel tras el traspaso de propiedad de su suegra, fue muy grande, como recuerda: “Con el dinero que era para nuestra luna de miel compramos nuestro primer buey. Tenía el animal siete años, era impresionante, espectacular. En la actualidad, estamos criando 22 de estos animales y los tenemos de todas las edades”, señala esta mujer que habla con pasión de su trabajo como ganadera. “En 2018, teníamos doce vacas y, en 2019, empezamos también con la cría de bueyes. En la actualidad, tenemos 60 reses de la raza asturiana de los valles, entre madres y crías, junto con los citados 22 bueyes, además de un pequeño cebadero propio”, recuerda.
Y matiza: “Esto no ha sido ni es nada fácil. Antes de ponernos con todo analizamos mucho los pros y los contras. Tuvimos que hacer una inversión fuerte para realizar remodelaciones en las instalaciones para adaptarlas a nuestro proyecto y al ganado que elegimos criar. Solicité la subvención de primera instalación y el resto lo pusimos nosotros. Nos apañamos a base de muchísimo esfuerzo personal, y eso es algo que se mantiene en el tiempo, hay que ser muy constante”, afirma.
Hoy se siente feliz de estar al frente de la ganadería, aunque no deja de sorprenderse del cambio radical de vida que realizó. “Yo era de ir muy arreglada, con traje de chaqueta y tacones, y aquí me tienes ahora, con el mono verde y las chirucas, encantada con mi vida y con mi trabajo. Estoy muy agradecida a la oficina comarcal de la Consejería en La Mata (Grado), donde siempre me han ayudado en todo; otra cosa es la burocracia en general, que es algo tremendo”.
Cree que trabajar en el campo “es un bendición, tienes tu propio horario y vives en un entorno natural. Es cierto que la ganadería no te deja mucho margen, que hay que hacer muchas inversiones y que hay que trabajar mucho, pero sin duda, para mí, merece la pena”.
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Conocer a quien hoy es su marido no solo le cambió la vida a nivel personal, también profesional, sobremanera cuando su suegra, Teri García Fernández, tuvo un accidente laboral que llevó a su hijo, Saúl Álvarez García, y a su novia Simona a tratar de buscar una solución para que la actividad ganadera no desapareciera. “Nosotros no queríamos que todo lo logrado por mis suegros se muriera. Aún más pensando en mi suegra, que tanto trabajó por sacar su ganadería de leche adelante. Siempre recuerda que cuando llegó aquí empezó con una burra y una vaca, y llegó a tener cerca de 60 vacas de leche. Por aquel entonces Saúl y yo ya habíamos comprado seis o siete vaquinas de la raza asturiana de los valles, que teníamos por los praos", señala.
No fueron buenos momentos, pero lo sucedido les llevó a tomar una decisión que determinaría el día a día que viven hoy. Y aún más a ella, que venía de ejercer trabajos que nada tenían que ver con el medio rural. "Después de casarnos, mi suegra vendió las vacas de leche y nosotros metimos ganado de carne porque da menos trabajo, entre otras razones. Aunque para ella fue duro despedirse de sus animales, sin embargo, también se alegró de la llegada de estos otros”, recuerda Simona, quien dice haber encontrado en su suegra, poco a poco recuperada del accidente, a la mejor maestra en su oficio, junto con su suegro, Valentín Álvarez Cuervo.
Simona Ángel también realizó un curso de ganadería en Oviedo y está siempre formándose y reciclándose para adaptarse a los cambios que llegan. Para ella siempre es un incentivo mejorar y adaptarse a un campo asturiano del siglo XXI
La apuesta de esta joven pareja por luchar por la ganadería, de la que es titular Simona Ángel tras el traspaso de propiedad de su suegra, fue muy grande, como recuerda: “Con el dinero que era para nuestra luna de miel compramos nuestro primer buey. Tenía el animal siete años, era impresionante, espectacular. En la actualidad, estamos criando 22 de estos animales y los tenemos de todas las edades”, señala esta mujer que habla con pasión de su trabajo como ganadera. “En 2018, teníamos doce vacas y, en 2019, empezamos también con la cría de bueyes. En la actualidad, tenemos 60 reses de la raza asturiana de los valles, entre madres y crías, junto con los citados 22 bueyes, además de un pequeño cebadero propio”, recuerda.
Y matiza: “Esto no ha sido ni es nada fácil. Antes de ponernos con todo analizamos mucho los pros y los contras. Tuvimos que hacer una inversión fuerte para realizar remodelaciones en las instalaciones para adaptarlas a nuestro proyecto y al ganado que elegimos criar. Solicité la subvención de primera instalación y el resto lo pusimos nosotros. Nos apañamos a base de muchísimo esfuerzo personal, y eso es algo que se mantiene en el tiempo, hay que ser muy constante”, afirma.
Hoy se siente feliz de estar al frente de la ganadería, aunque no deja de sorprenderse del cambio radical de vida que realizó. “Yo era de ir muy arreglada, con traje de chaqueta y tacones, y aquí me tienes ahora, con el mono verde y las chirucas, encantada con mi vida y con mi trabajo. Estoy muy agradecida a la oficina comarcal de la Consejería en La Mata (Grado), donde siempre me han ayudado en todo; otra cosa es la burocracia en general, que es algo tremendo”.
Cree que trabajar en el campo “es un bendición, tienes tu propio horario y vives en un entorno natural. Es cierto que la ganadería no te deja mucho margen, que hay que hacer muchas inversiones y que hay que trabajar mucho, pero sin duda, para mí, merece la pena”.
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