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El sector agroalimentario asturiano, en alerta por el nuevo y polémico etiquetado

“El Nutriscore es la muerte de la artesanía alimentaria”, alertan los productores de un sistema que deja mal parados al embutido o el queso

Queso en una cueva

Queso en una cueva Ángel González

La buena marcha y salud del sector agroalimentario asturiano está en manos, en parte, de un algoritmo, que no es otra cosa –en una definición simple– que un conjunto de reglas o instrucciones para realizar un cómputo o procesar datos. El algoritmo de la polémica es el utilizado por Nutriscore, el sistema de etiquetado frontal de alimentos que informa de la calidad nutricional de los productos.

De momento es voluntario, pero la idea del Ministerio de Consumo es hacerlo obligatorio con el fin de facilitar a los consumidores información clara y sencilla de lo que compran para comer. El Nutriscore es muy sencillo: usa una especie de semáforo nutricional con letras y colores para indicar la calidad del producto. De la A verde, que sería lo mejor, a la E roja, lo peor. El problema es que, tal y como valora y procesa la información nutricional de cada alimento (el famoso algoritmo), conlleva que un refresco azucarado de cola reciba mejor puntuación que un queso asturiano hecho con mimo por un artesano, por poner un ejemplo de lo más sencillo.

“Es la muerte de la artesanía alimentaria”, clama el quesero Pascual Cabaño, quien acusa a la gran industria de la alimentación de estar detrás siempre de acciones similares para mejorar sus ventas y cuidar sus productos. “Todo el queso español artesano está en peligro. Aunque ahora el etiquetado frontal es voluntario, se impondrá. España hace el ridículo, desde fuera nos ven que estamos locos porque atentamos contra nuestros propios productos”, señala Cabaño, en referencia por ejemplo al aceite de oliva virgen extra. El producto se ha librado del Nutriscor después de las quejas de los productores, ya que aparecía calificado como un alimento poco saludable.

Luisa Villegas, del Instituto del Queso, advierte que desde agosto del año pasado se han hecho llegar al Ministerio alternativas al Nutriscore, “que no es otra cosa que un sistema que habla de la composición de los alimentos, no de la calidad. Ahí empieza ya el problema”.

En cuanto al queso asturiano y en general todo el queso, recalca Villegas, este sale mal parado en el Nutriscore por la forma de evaluar su composición, y eso que su calidad está más que probada. “Los quesos asturianos están producidos de una forma que tiene en cuenta el bienestar del ganado, su buena alimentación. Son un producto de cercanía , que cuida además el impacto ambiental. Son productos poco procesados y con ingredientes básicos: leche cruda, cuajos y fermentos naturales y sal”.

La cuestión es que el análisis que hace el Nutriscore, por ejemplo, de la leche cruda, con alto nivel de grasa, no discrimina el tipo (hay grasas buenas y malas) y un queso cabrales y afuega'l pitu acaban en el famoso semáforo nutricional con un estampado en rojo que alerta de su baja calidad nutricional. Ante ello, una bebida isotónica “que tiene conservantes, colorantes, azúcares, elementos que no son naturales, sale mejor parada en el análisis al arrojar pocas calorías”, añade Villegas.

El nuevo etiquetado no ha dejando indiferente a nadie al trascender algunas mediciones que chocan con las recomendaciones habituales de los expertos en nutrición. Por ejemplo, el citado caso del aceite de oliva virgen extra, siempre recomendado por los nutricionistas por sus beneficios para la salud. Pero también hay otros productos, como el embutido o el jamón ibérico, que alcanza un temible E rojo en el semáforo (lo peor) debido a tener mucha grasa y sal.

Con todo, la fabada enlatada asturiana ha logrado, en algunos casos, esquivar el caos calificatorio de Nutriscore. Pese a la grasa, sus componentes cien por cien naturales, la contención de la sal y el alto contenido en fibra le permite buena posición en el semáforo.

Nutri Score

Según el “semáforo de María Luisa”, el sistema Nutri-Score de la ministra de Sanidad para etiquetar los alimentos, ¿qué es más saludable un cachopo o una fabada?, ¿la margarina o la mantequilla?, ¿el pavo o el jamón serrano?...

LA NUEVA ESPAÑA te ofrece esta herramienta para comparar aquellos alimentos entre los que seguro han tenido que elegir alguna vez.

Los expertos advierten de que la forma de valorar es inadecuada

Nutriscore se centra en la cantidad de calorías, azúcares, sodio y grasa saturada de los alimentos y, mediante un algoritmo, se atribuyen puntos positivos y negativos en relación con la cantidad de los constituyentes. Así, se hace un perfil nutricional global de los productos que se muestra en un gráfico, a modo de semáforo, de 5 colores (del verde al rojo) y 5 letras (de la A a la E). Para Luisa Villegas, del Instituto del Queso, el primer error es considerarlo un medidor de la calidad nutricional, “cuando, en realidad, lo que hace es describir la composición, pues habla de los macronutrientes”. Otro error, añade, es usarlo para comparar distintos productos: “No vale lo mismo para un queso asturiano que para una palmera de chocolate, por ejemplo, que saldrá mejor parada pese a su elevada cantidad de aceite de palma”.

Los productores de aceite de oliva virgen extra, cuyo porcentaje de grasas es máximo (el Nutriscore no diferencia entre buenas y malas) han logrado quedarse fuera del sistema de etiquetado. Los productores de queso tienen, en última instancia, el mismo objetivo.

La presidenta de la Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética (FESNAD), Ascensión Marcos Sánchez, también ha sido crítica con este sistema usado en Francia y Bélgica. Considera que el etiquetado frontal es “una buena herramienta” para ayudar a los consumidores a realizar una compra saludable, pero debe ser fácilmente comprensible, neutral, y adaptado a los hábitos alimentarios y a las guías alimentarias de la población a la que va dirigido, algo que no ocurre.

“El algoritmo de Nutriscore está calculado a partir de la cantidad de energía y de algunos nutrientes por 100 gramos o 100 mililitros, así como del porcentaje de presencia de ciertos alimentos, sin considerar la porción ni la frecuencia con que se consume dicho producto en la dieta, que es algo fundamental a tener en cuenta”, añade.

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