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Delfina González Viejo: de formación modista, de vocación camionera

"Me encanta conducir y creo que lo hago bien pero sé que si la empresa no fuera familiar yo no habría tenido la oportunidad de llevar un camión de obra", cuenta esta pionera quirosana

Delfina González-Viejo, una camionera en el mundo de la construcción Ángel González

Hubo un tiempo en que Delfina González Viejo quiso ser peluquera. Pero su madre le quitó la idea de la cabeza y la orientó para que se formase en corte y confección. Así que iba para modista, pero "no me gustaba nada, la verdad". Por fortuna, su hermano tenía una enorme afición por los camiones y la maquinaria de obra y no dudó en contar con Delfina para el negocio familiar que empezaba a formar: Bruzos S. L., una empresa de transportes especializada en servicio a la construcción.

"Me animó a sacarme el carné de camión; me decía que probara, que igual me gustaba", rememora esta quirosana de 52 años, afincada en Lugones desde hace varias décadas.

Eran los inicios de los años 90. Delfina echa la vista atrás y se ve "con 22 añinos, al volante de un camión de obra de la marca Mercedes, de los de morro". Y ella encantada. Descubrió que conducir esas moles sobre ruedas -primero camiones de hasta 14 toneladas y luego de obra de 26 toneladas, trailers de 30 o bañeras de hasta 40 toneladas- "me encantaba. Realmente lo disfruto y soy feliz en ese sector laboral".

Es obvio que "hay algún tajo en el que se pasa mal", puntualiza Delfina, pero por lo general se siente muy cómoda. "Está mal que lo diga yo, pero creo que no se me da mal. Con los camiones articulados puedo tener más reparos pero el camión de obra lo llevo sin problema. Recuerdo mucho la frase que decía mi padre: lo que bien se aprende nunca se olvida, y creo que eso es lo que me pasó a mí".

"Verme como camionera siempre choca. Es muy típico que llames a una obra para que te expliquen cómo llegar al tajo y lo normal es que te digan: casi mejor me pones con el chófer y se lo explico"

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Tan previsible como la tendencia inicial a que la niña fuera peluquera o modista fue lo que ocurrió después. Delfina González se casó, tuvo dos hijos, y cambió su trabajo por el cuidado de la familia. Mientras los críos crecían entró a trabajar en una empresa de limpieza con una jornada muy asequible para sus necesidades familiares, pero la crisis del ladrillo, que afectó tanto a la empresa de su marido como a la de su hermano, la llevó de nuevo a echar una mano en la empresa de la familia.

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Pioneras en el 8M-Delfina González, una camionera de vuelta a la obra Ángel González

Defina retomó en 2012 su profesión de chofer y en ello sigue -a media jornada, puesto que la mañana la dedica a la empresa de limpieza-, transmitiendo ilusión por lo que hace. Asegura que ni hace treinta años ni ahora su presencia en la obra se ha normalizado porque las conductoras -que alguna más sí que hay- siguen siendo un rara avis.

"Verme como camionera siempre choca. Lo mismo antes que ahora. Es muy típico que llames a algún encargado para que te expliquen cómo llegar al tajo y lo normal es que te digan: casi mejor me pones con el chófer, y tienes que decirles que está hablando con el chófer precisamente".

Se acuerda de la primera anécdota que tuvo por los prejuicios derivados de que fuera mujer en un sector laboral de "todo paisanos". "Era muy jovencina y llegué a una obra que era algo complicada para entrar. El constructor se echó las manos a la cabeza y exclamó "¡pero cómo me manden a una muyer!". Yo hice lo que tenía que hacer y no lo debí de hacer mal porque al marchar me dijo: "Puedes venir a una obra mía cuando quieras"".

"En una obra el constructor se echó las manos a la cabeza al verme llegar y exclamó: ¡Pero cómo me manden a una muyer!. Debí de hacerlo bien porque al marchar me dijo: Puedes venir a una obra mía cuando quieras".

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Esa es la realidad que ha tenido que enfrentar siempre Delfina González. "De entrada no te dan la confianza, te la tienes que ganar. Y luego, si eso, ya se retractan". Por eso afirma tajante que "mi vivencia es que si la empresa no hubiera sido familiar yo no habría tenido oportunidad en este sector. Porque el rechazo de entrada, por ser mujer, es común. Yes muyer y conduces mal. ¿No se dice siempre eso? Si hubiera llegado a cualquier sitio a pedir trabajo como chófer y conmigo lo pidiera también un hombre, se lo darían a él seguro. Porque nosotras tenemos que demostrar que valemos; a ellos se les presupone".

Lo que nunca ha sentido esta pionera es rechazo entre compañeros. "Nunca tuve un desprecio de nadie; siempre me trataron de igual, aunque el mote que tenía al principio por la emisora era 'la nena'; pero creo que se debía más a la edad, porque yo era la más jovencina".

Otra anécdota. Bien que se acuerda Delfina González, y han pasado 20 años, del show que se formaba todos los días en la obra de la sede de las Consejerías, en Llamaquique, donde le tocó trabajar. "Se acumulaba gente solo para ver cómo entraba y salía de la obra. Les resultaba un espectáculo", cuenta.

"Hay que animar a las mujeres a hacer lo que quieran y para lo que se sientan preparadas. Sin prejuicios. Y es verdad que si ves algún ejemplo de una que va por delante, eso anima"

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Como la vida es muy caprichosa, Delfina González tiene dos hijos: el varón odia conducir -"coge el coche por necesidad, pero no porque le guste"- y la chica "quiere se camionera también". Pero ahí está Delfina para quitárselo de la cabeza. "Es un trabajo que tiene peligro y con su formación universitaria prefiero que intente buscar algo de lo suyo".

Delfina González ve el 8M como un día oportuno para remarcar mensajes. Y el suyo es muy claro: "hay que animar a las mujeres a hacer lo que quieran y para lo que se sientan preparadas. Sin prejuicios. Y es verdad que si ves algún ejemplo de una que va por delante -como en su caso-, eso anima. Queda mucho que rodar en lo de la igualdad y muchas metas por conseguir. El objetivo es muy claro: el respeto nos lo merecemos todos, seamos hombres, mujeres, niños o ancianos".

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