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En Química mandan las mujeres

Por primera vez en la Facultad hay una decana y tres directoras de departamento: “Dimos el salto porque somos inquietas y es un reto”

Por la izquierda, Rosana Badía, Pascale Crochet, Susana Luque y Susana Fernández, ayer, en el aula 01 de la Facultad, donde cuelgan fotografías de anteriores decanos, todos hombres. | Luisma Murias

Por la izquierda, Rosana Badía, Pascale Crochet, Susana Luque y Susana Fernández, ayer, en el aula 01 de la Facultad, donde cuelgan fotografías de anteriores decanos, todos hombres. | Luisma Murias

En la Facultad de Química mandan las mujeres. Por primera vez en 39 años –o 108 años si se tiene en cuenta que la sección de Química se creó en 1913– hay una decana, Susana Fernández González, y tres directoras de departamento: Rosana Badía Laiño, Susana Luque Rodríguez y Pascale Crochet. Estas cuatro profesoras no solo hacen historia en su centro, sino también en la Universidad de Oviedo. Ninguna otra Facultad tiene hoy en todos sus puestos de máxima responsabilidad a mujeres. Fernández, Badía, Luque y Crochet ven su salto a la gestión como un “reto personal”. Y se definen como personas “inquietas”, que quieren poner su “granito de arena” por hacer una Facultad mejor.

Esta coincidencia histórica es reciente. Hace tan solo una semana que Pascale Crochet asumió la dirección del departamento de Química Orgánica e Inorgánica, tras la marcha de Humberto Rodríguez Solla al Rectorado de Ignacio Villaverde. De momento, la profesora francesa está como sustituta, pero ya tiene decidido que presentará su candidatura cuando se convoquen las elecciones. Por su parte, Susana Fernández renovó el pasado mes de noviembre su mandato como decana –es decir, lleva cuatro años y medio–. Lo mismo que Susana Luque al frente del departamento de Ingeniería Química y Tecnología del Medio Ambiente, y que Rosana Badía como directora del departamento de Química Física y Analítica. Las cuatro hacen hincapié, con motivo del 8M, en que han llegado a estos puestos por “méritos propios” y “no por el hecho de ser mujeres”.

“No creo que nos hayan discriminado, sino que antes había pocas mujeres en la Facultad”, reflexiona Susana Luque. En realidad, puntualiza la decana, la titulación de Química siempre atrajo a muchas mujeres; el problema es que “la mayoría acababan en la enseñanza”, porque así era más fácil conciliar la vida laboral y familiar. Muy pocas seguían, por tanto, la carrera académica, algo que afortunadamente ha ido cambiando con el paso de los tiempos. “En mi departamento, el de Química Física y Analítica, ya hay más catedráticas (siete) que catedráticos (uno)”, celebra Rosana Badía, en contraposición a lo que ocurre en Química Orgánica e Inorgánica, donde siguen dominando los hombres.

Pero los números de alumnas son esperanzadores. “Las mujeres representan el 55% de las matrículas en el grado de Química y el 63% en el de Ingeniería Química”, detalla Susana Fernández. Precisamente esta catedrática fue la primera mujer en dar un paso al frente en su facultad. Se presentó hace más de cuatro años a las elecciones al decanato y las ganó. Ella romperá la tendencia masculina de fotografías de decanos que cubren uno de los laterales del aula 01 Rector Julio Rodríguez.

–¿Y dónde te pondrán? –le pregunta Rosana Badía.

–Imagino que en la otra pared –contesta Susana Fernández.

En la pared de las mujeres si este cambio de tendencia continúa.

“Llevaba ocho años como secretaria académica y ser decana me parecía un reto personal. Tenía ganas de cambiar algunas cosas y, sobre todo, de facilitar la tarea diaria a profesores, estudiantes y personal de administración y servicios”, cuenta. Fernández sostiene que a ella no le echó atrás el hecho de ser la primera en el camino y cree que “a veces somos nosotras mismas las que nos alejamos de estos puestos”. Susana Luque decidió pasarse a la gestión porque “alguien lo tenía que hacer”. ¿Y por qué no podía ser una mujer por primera vez en su departamento? “Quise aportar mi granito de arena”, comenta. “Y contribuir al relevo generacional”, apunta Rosana Badía, también pionera en su área.

Las cuatro, no obstante, recalcan que la labor del decanato y de las direcciones de departamento es “muy desconocida”. Y en muchas ocasiones, “incómoda”. “La burocracia nos come”, lamenta Susana Fernández. “La parte administrativa lleva mucho tiempo y, aunque tengas muchas ideas en la cabeza, te acabas quedando en lo básico porque es imposible hacer más”, señala en este sentido Rosana Badía. Entre ellas, aseguran, se entienden a la perfección. “Cuando surge un problema, lo resolvemos rápidamente. Creo que aportamos a la gestión un punto diferente al de los hombres”, dice la decana. “Quizá también influya que somos otra generación”, agrega Luque. Para su labor, afirman, se necesita “paciencia, templanza, capacidad de escucha y muchas ganas de trabajar”.

Y en cualquier conversación de mujeres y directivas tiene que salir el tema de la conciliación. Susana Luque es madre de dos hijos de 20 y 17 años, y Rosana Badía tiene dos de 12 y 8. Ambas, al igual que Susana Fernández y Pascale Crochet, echan en falta más políticas de apoyo a la mujer. Ponen como ejemplo el cierre hace ocho años de la guardería universitaria. “Eso es fundamental para conciliar”, reivindican. Justamente, recuperar ese servicio está en el programa electoral del nuevo rector.

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