De virus chino que comenzaba a ganar repercusión en los periódicos a una pandemia que dejó encerrado a todo un país en casa durante más de dos meses. En sólo un año, el coronavirus ha conseguido cambiar el mundo. Se ha cobrado más de 2,6 millones de vidas, ha puesto patas arriba la economía mundial y ha modificado completamente las relaciones sociales. Asturias ya ha superado las 2.000 víctimas mortales a causa del covid, buena parte de ellos en geriátricos. Y es que los mayores, son los más vulnerables ante la pandemia. La vacuna, que ya ha llegado a buena parte de los ancianos del Principado, se ha convertido en la esperanza de una región que mira al futuro con la ilusión de que la nueva normalidad se parezca lo máximo posible a la antigua.

La pandemia también ha dejado héroes. Sanitarios, Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, transportistas, periodistas, trabajadores de supermercados y demás integrantes de la cadena agroalimentaria, no dudaron en arriesgar su pellejo para evitar el colapso. A base de sangre, sudor y lágrimas lo lograron.

Este esfuerzo fue reconocido por toda la sociedad. Todos los días, a las ocho de la tarde, los españoles salían a sus ventanas para agradecer con aplausos el trabajo de los esenciales. Fue uno de los momentos más mágicos de la crisis sanitaria.

Gente pasea con mascarilla por Gijón. | Ángel González

La pandemia ha dejado más momentos para enmarcar: historias de vecinos que se ofrecían a hacer la compra a otros vecinos más vulnerables; ciudadanos que cosieron mascarillas de manera desinteresada para los trabajadores esenciales; sanitarios jubilados que volvieron a los hospitales para echar una mano cuando más falta hacía...

El coronavirus también deja muchas cicatrices. Especialmente en aquellas familias que se han roto a causa del virus y que no han podido dar ese último adiós a sus allegados. También en quienes han pasado la enfermedad y no han logrado recuperarse del todo.

Y secuelas. Deja una sociedad que no ha terminado de asentarse en la denominada “nueva normalidad”; un reguero de desempleados; miles de trabajos en el alambre; y sectores económicos muy tocados. Algunos, advierten los empresarios, a punto del hundimiento.

Pese a todo, los asturianos quieren ser optimistas. Las cifras de mortalidad y propagación han descendido significativamente desde el inicio de la campaña de vacunación y esperan que la nueva normalidad sea próspera para todos.