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ANTONIO MANUEL FUEYO SILVA | Vicerrector de Investigación de la Universidad de Oviedo

“Tenemos científicos muy buenos, hay que mimarlos y facilitarles todo lo que pidan”

“Es un error abastecerse solo de dentro, tenemos que captar talento de fuera y para ello es necesario crear una figura que ofrezca estabilidad”

Antonio Fueyo se asoma a través de las cristaleras de la planta superior del edificio histórico de la Universidad de Oviedo. | Miki López

Antonio Fueyo se asoma a través de las cristaleras de la planta superior del edificio histórico de la Universidad de Oviedo. | Miki López

Cuenta Antonio Manuel Fueyo Silva, “Totó” para los amigos, que de primeras le dio un “no” al hoy rector Ignacio Villaverde. Rechazó su propuesta de ser vicerrector de Investigación porque solo tenía ojos para el Instituto Universitario de Oncología del Principado de Asturias (IUOPA), organismo que dirige desde el año 2016. Este grupo de laboratorios, que ingresa al año seis millones de euros, se enfrenta a un problema administrativo que le impide contratar de forma propia a técnicos de laboratorio. “El Rector me dijo entonces: ‘Para ponerle remedio a eso, lo mejor es estar en el vicerrectorado, y de esa forma no solo ayudas al IUOPA, sino a toda la Universidad’. Y pensé: ‘Jolín, pues tiene razón’”.

Así es cómo el catedrático de Fisiología (Lada, 1954) desembarcó el mes pasado en el nuevo equipo de gobierno de la institución académica. A Fueyo, un hombre cercano y tremendamente campechano, le recibieron en el vicerrectorado con los brazos abiertos. Ya conocía a parte de su equipo, porque entre 2008 y 2016 fue director de área de Investigación. “Son gente muy preparada y trabajadora”, remarca. Este biólogo lleva 42 años (y tiene 66) dentro de Universidad de Oviedo. Y asegura desde su despacho con vistas a la plaza Riego de Oviedo que encara su “fase final académica”. “La gestión hay que dejarla para atrás; primero hay que formarse como docente e investigador”, afirma.  

–¿En qué situación está la investigación asturiana?

–En la Universidad de Oviedo hay grupos de investigación muy buenos y con una gran proyección externa. A esos grupos tenemos que mimarles, en el sentido de facilitarles todo: espacios, docencia... Todo lo que ellos necesiten. Tenemos ejemplos, como el bioquímico Carlos López Otín o el físico Pablo Alonso, con becas ERC (Consejo Europeo de Investigación) –son las más potentes–. A esta gente hay que ponerle facilidades porque es enriquecedor para la Universidad y también para la sociedad. Igualmente, hay que apoyar a grupos que son más emergentes, o de otras áreas que no tengan la misma capacidad para captar proyectos nacionales o internacionales.

–¿Se marca como objetivo potenciar áreas específicas?

–Queremos que todas las áreas del conocimiento estén implicadas. Y para ello, tenemos los cluster –sirven para potenciar la investigación en sectores estratégicos para la región como la energía o la biomedicina–. Aunque, en la actualidad, están un poco saturados, porque hay pocas personas en ellos. Nosotros vamos a intentar potenciarlos contratando a más personas. 

–Una de las quejas que más hacen los científicos es: “Queremos investigar, no hacer papeles”.

–Efectivamente. Y esa es una de mis prioridades. Hay que buscar una herramienta o unos procedimientos que faciliten la labor de los investigadores. Los científicos se tienen que dedicar a investigar y no a la burocracia; eso es cosa de los administrativos. Pero, para conseguirlo, como decía, se necesita una herramienta informática que permita a los investigadores saber en todo momento cómo está su proyecto. Lo que no puede suceder es que el investigador tenga un proyecto con una cantidad de dinero específica y tenga que preguntar continuamente al servicio de investigación qué está ocurriendo.

–¿Están trabajando en esa herramienta informática?

–Sí, estamos en ello. De esta forma, creo que agilizaríamos todo el papeleo que tiene que hacer un investigador. En este contexto, hay que tener en cuenta que la Universidad tiene un handicap: el personal, además de investigar y preparar sus proyectos, tiene docencia. Estamos, por tanto, enmascarando la actividad investigadora. En el CSIC o en otros sitios, los trabajadores solo se dedican a investigar y tienen a una serie de personas a su alrededor que les ayuda en esa labor. Aquí pasa todo lo contrario: tienes que dar clases y, además, con una carga grande. Por no hablar de los profesores ayudantes, que se tienen que dedicar más a la docencia que a la investigación; cosa que no debería ser así.

–Como investigador que es, ¿qué más problemas identifica?

–También sería importante crear una Agencia de la Ciencia y yo creo que la Consejería está por la labor. Hay que darles a los investigadores una hoja de ruta para que sepan en qué momentos salen las convocatorias, en qué momentos las pueden solicitar y cuál es su duración. Eso es fundamental. Todas las convocatorias tendrían que salir en épocas muy determinadas, y no de repente y de forma que tengas que decidir tu futuro en un par de meses.

–Hablando de convocatorias, la resolución de las becas Severo Ochoa (para investigadores predoctorales) han vuelto a sufrir un retraso...

–Sí, las becas tortuga. Es una lástima. Yo sé que el consejero de Ciencia está detrás de ello y nosotros también estamos en contacto con el Principado para a ver si se desbloquean pronto. Es lo de siempre: hay trámites administrativos muy lentos. Yo espero que se resuelva rápidamente porque eso supone un retraso para la Universidad y para la sociedad.

–Esos investigadores representan el futuro de la investigación en Asturias.

–Efectivamente, en la Universidad tenemos que buscar un relevo generacional. Pero hay un gran problema: la estabilización, por muchas becas de retorno que haya. Sería necesario buscar una figura específica para poder captar talento. Pero la Universidad sola no tiene capacidad para hacerlo, tiene que ser en conjunto con la Consejería. Es complicado, pero, mientras no se haga, será difícil que los científicos retornen. Y hay que tener en cuenta una cosa: no solo se trata de que regresen los que salen de aquí, sino también captar del exterior, de otras regiones y otros países. Pero para ello habría que hacer una oferta muy buena. Nadie va a venir por un contrato mísero, y sin futuro.

–¿Es por eso que Asturias es una de las comunidades con más endogamia universitaria?

–Claro, si tú no tienes un plan para poder captar científicos del exterior, la única forma de abastecerte es con la propia gente de la Universidad. Y eso es un error. Por ejemplo, hay investigadores que, tras realizar su tesis, priman la docencia sobre la investigación y obvian realizar una estancia en el extranjero. Para mí eso es una forma de estabilización –reúnen méritos para una plaza–, pero no de formación. Y eso implica endogamia.

–¿Impulsarán programas de intercambio y de movilidad de investigadores asturianos en centros extranjeros?

–Sí, eso es lo bueno: que haya intercambio entre los laboratorios. En el que yo me formé existe. Pero eso es poco frecuente.

–¿Urge renovar los laboratorios?

–Creo que en infraestructuras la Universidad de Oviedo está muy bien dotada. Pero si tienes infraestructuras, necesitas técnicos. Y hay unidades que carecen de técnicos y así no se pueden mantener. Necesitamos contratar a más.

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