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El “chungo” inicio en la ciencia: “Trabajar gratis para después acabar en el paro”

Cuatro investigadoras relatan su drama en los laboratorios por la falta de apoyo del Principado, que en dos años “no ha solucionado nada”

Por la izquierda, las jóvenes investigadoras Sara Fernández, Pilar Lumbreras, Celia Galve y Judith Muñiz, en la plaza de España de Oviedo. | Luisma Murias

Por la izquierda, las jóvenes investigadoras Sara Fernández, Pilar Lumbreras, Celia Galve y Judith Muñiz, en la plaza de España de Oviedo. | Luisma Murias

A Pilar Lumbreras, bióloga ovetense de 27 años, le habían dicho que iniciar una carrera investigadora en Asturias iba a ser “chungo”. Pero nunca imaginó que “tan chungo”. Este es su segundo año de doctorado en el Instituto de Investigación Sanitaria del Principado de Asturias (ISPA) sin ninguna ayuda económica. “Llevo todo este tiempo trabajando gratis. Como sigan así las cosas, sí que me planteo dejar la ciencia una vez que presente la tesis”, asegura.

El caso de Lumbreras es el mismo que el de Sara Fernández, que el de Celia Galve, que el de Judith Muñiz... Que el de tantos y tantos jóvenes cuyo sueño es investigar, pero que la Administración se lo impide. El principal problema está en los contratos, dicen. No hay año en el que los “Severo Ochoa” –regionalmente conocidas como “becas tortuga”– no sufran retrasos. Su concesión se prorrogó el pasado febrero por seis meses como consecuencia, esta vez y según el Principado, de la pandemia. “Ya nadie se sorprende de que haya retrasos, es lo de siempre”, afirma Sara Fernández, biotecnóloga de 25 años y de Allande. Pero esas demoras hacen mucho daño. “Provocan que la siguiente convocatoria ya vaya tarde. Y tampoco nos permite organizarnos económicamente. Porque si yo sé que esto va a pasar, a lo mejor hubiese hecho el doctorado a jornada partida para poder trabajar en otro sitio y ganar un dinero”, dice Celia Galve, psicóloga ovetense de 25 años que hace su tesis en la Universidad de Oviedo.

Los jóvenes científicos, muchos de ellos agrupados en la Asamblea por el Futuro de la Investigación en Asturias (AFIA), aseguran que en casi dos años de gobierno de Adrián Barbón –la mitad de la legislatura– sus vidas en los laboratorios no han mejorado en “nada”. Las buenas intenciones del consejero de Ciencia, Innovación y Universidad, Borja Sánchez, no han servido para acabar con su precariedad. Este año el Principado concederá 70 ayudas predoctorales “Severo Ochoa”; son cinco más que en el ejercicio anterior, pero aun así el colectivo las ve “insuficientes”. El número de solicitantes da una idea de la magnitud del problema: 200. Es decir, hay 200 jóvenes científicos hoy en Asturias sin percibir ni un solo euro.

Judith Muñiz, psicóloga noreñense de 26 años, lleva en esta situación cuatro años. “Sigo porque soy muy cabezona”, afirma. Y porque tiene el apoyo de su familia. “Con paciencia y esfuerzo continúo adelante. Aunque he tenido momentos de bajón, en los que lo he pasado muy mal”, confiesa. Espera que por lo menos el quinto y último año pueda hacerlo con una beca “Severo Ochoa”. Porque de lo contrario su futuro investigador pinta mal. “Ese es otro de los problemas que tenemos”, empieza diciendo Celia Galve. “Que si acabas el doctorado sin una beca –continúa– ya te condiciona el postodoctorado, porque tienes menos méritos que el resto y no tienes horas de docencia”.

Pero muchos ya tiran la toalla antes de dar ese paso e, incluso, durante el doctorado. “Hay gente que se queda en el camino, que si no recibe beca, tiene que acabar bajándose del barco”, afirma Galve. Y renunciando a su sueño. Por eso no es de extrañar que dentro del colectivo haya “muchos problemas de depresión”, como indica Natalia Fernández, con contrato predoctoral “Severo Ochoa” en el área de Filosofía de la Universidad de Oviedo. Estos jóvenes no solo trabajan gratis, sino que encima tienen que afrontar muchos gastos.

La factura del investigador

Solo presentar una tesis ya cuesta “casi 1.000 euros”. “Tenemos que pagar por el depósito, por el título, por hacer copias de la tesis, por invitar a comer al tribunal...”, enumera Natalia Fernández. Pero hay mucho más durante el curso. “La matrícula, los congresos, los cursos, las publicaciones... Yo ahora mismo estoy pendiente de publicar en una revista y me cuesta 3.000 euros”, completa Celia Galve, en segundo año de su doctorado en Educación y Psicología.

Todo ello, opinan las integrantes de la Asamblea por el Futuro de la Investigación en Asturias (AFIA), hace que el doctorado sea rechazado por cada vez más estudiantes. “Hay gente que en vez de hacer una tesis, se mete en Formación Profesional (FP), porque en realidad tiene mucha mejor salida”, indica Pilar Lumbreras. “Es que piensas que por ser doctor ya vas a tener trabajo y no es así. La triste realidad es que muchos acaban en el paro”, apunta Natalia Fernández.

Y por si fuera poco, se quejan los científicos, en Asturias no hay contratos postdoctorales y los que hay a nivel nacional son casi inalcanzables. “El Principado prometió un plan y estamos a mitad de legislatura y todavía no hemos visto las bases reguladoras. Además, no sabemos cuál será la remuneración y nos preocupa que salgan mal paradas las Humanidades”, comenta Fernández. Así las cosas, los valientes que quieren seguir en la ciencia no tienen más remedio que salir fuera de Asturias o de España. “La consejería de Ciencia está hablando de captar talento exterior cuando resulta que ya tenemos un problema en la base”, sentencian.

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