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“Construir la Asturias de las Asturias”: un proyecto unitario de región como llave del futuro

Un grupo de expertos traza un plan de regeneración que alerta contra la “malsana competencia interna”, sostiene que solo la escala regional encaja en Europa y pide al Gobierno un liderazgo “fuerte”

“Construir la Asturias de las Asturias”: un proyecto unitario de región como llave del futuro

Luisma Murias

Territorialmente, Asturias es una y por lo menos trina. En el catálogo de las autonomías uniprovinciales españolas, el Principado es exactamente igual que ninguna, con su densa concentración urbana central y sus dos alas dispersas y en declive; con sus enormes disparidades territoriales y sus tres circunscripciones electorales dentro de una misma provincia, hecho casi insólito en el país. Es un ecosistema difícil, peculiar y complejo sobre todo ahora que de pronto urge activar recursos endógenos y encajarlos en proyectos de futuro dentro del contexto de reinvención que arrastran el “reto sobrevenido” de la pandemia y el ambiente de oportunidad que alumbra la disponibilidad de fondos europeos para la reconstrucción. Inspeccionando el futuro desde ese punto de partida, hay un grupo de expertos que entiende que Europa sólo mirará hacia Asturias si ve un modelo unitario, propio y distintivo aquí, si formula un proyecto que trate la divergencia territorial como un todo en lugar de como una suma de partes, léase concejos, haciendo cada cual la guerra por su cuenta.

Queda planteado así el peligro eterno de las Asturias divergentes, y sus advertencias asientan la base sobre la que el grupo de estudiosos del “proyecto Asturias”, constituido para el impulso del área metropolitana como cabeza tractora de la “ciudad región”, ha alumbrado ahora la CRIA, procedente acróstico de la Ciudad Región Integral de Asturias. El plan que pretende “construir la Asturias de las Asturias” ha sido presentado a la Oficina de Proyectos Europeos del Principado y a otras entidades sociales y políticas y se lanza desde la convicción de que una perspectiva unitaria y un modelo territorial integrador de la disparidad espacial y demográfica asturiana es el único que tendrá verdadero encaje en el modelo de reparto de ayudas europeas. “La región es la escala mínima para posicionarse en España y en Europa”, dicen los autores del estudio; una “escala regional”, precisan, “sin malsanas competencias internas…” Ni hidrógeno verde para todos, ni carreras a tumba abierta por los fondos, ni sálvese quien pueda. “Ni siquiera las mayores ciudades de Asturias tienen visibilidad internacional por sí mismas; un millón de habitantes sí”.

Densidad de población por parroquias

Datos de 2019, en habitantes por kilómetro cuadrado

De 0,1 a 12,5

De 12,6 a 50

De 51 a 80

De 81 a 120

De 121 a 250

Más de 250

Densidad de población por parroquias

Datos de 2019, en habitantes por kilómetro cuadrado

De 0,1 a 12,5

De 12,6 a 50

De 51 a 80

De 81 a 120

De 121 a 250

Más de 250

Densidad de población por parroquias

De 0,1 a 12,5

De 12,6 a 50

De 51 a 80

De 81 a 120

De 121 a 250

Más de 250

Datos de 2019, en habitantes por kilómetro cuadrado

Firman reputados especialistas asturianos del urbanismo y la economía, de la geografía y la historia, articulados en torno al proyecto del área metropolitana central de Asturias y convencidos de que el futuro requiere, para empezar a hablar, “el liderazgo de una administración fuerte”. Están los arquitectos Víctor García Oviedo y Jesús Menéndez, los economistas Fernando Rubiera y Ramiro Lomba y el historiador y geógrafo Benjamín Méndez. Su mirada compromete sobre todo al Gobierno regional, del que reclaman una auténtica “política territorial de región”, un cambio de modelo orientado a la visión del todo y a una tutela efectiva de las estrategias de cambio que asoman al calor del nuevo futuro de después de la pandemia. Ese futuro para el que se acogen al viejo aforismo keynesiano que advierte de que el porvenir “no se adivina, se construye”.

Campo y ciudad, “partes de un todo”. “Lo urbano (industria y servicios) y lo rural (agroecológico) son partes de un todo”, afirma el documento fundacional de la CRIA. Vista en su conjunto, Asturias tiene una densidad de población superior por poco a la media nacional, pero casi la mitad de su superficie presenta desoladores niveles inferiores a los diez habitantes por kilómetro cuadrado del “desierto demográfico”. Sólo cabe concebir “las Asturias” en singular, resaltan, desde la perspectiva de un proyecto colectivo de “ciudad región” que saque partido a las ventajas de la diversidad, conforme a una tesis deudora de la que ya defendía en los primeros sesenta el sociólogo estadounidense Lewis Mumford, del que citan su convicción de que “en términos ecológicos, ciudad y campo constituyen una sola unidad (…) La escala de distancias ha cambiado y la ciudad regional es una realidad potencial, más aún, una necesidad vital”.

“Una región integral única”. Traduciendo la tesis de Mumford a la luz del escenario complejo al que se enfrentan las Asturias del siglo XXI, se trata de encontrar un modelo que evite la dualidad ciudad-campo sin caer en la uniformización de lo diferente, de forma que los territorios “operen de cara al exterior como una región integral única (…), sin perder las ventajas de su poblamiento característico e incrementando el papel tractor del área metropolitana funcional y, secundariamente, de las villas cabecera comarcal”.

La metrópolis como “piedra angular”. El argumentario ha llegado así a la vieja necesidad de ordenar el área metropolitana, “piedra angular para la ciudad-región” en opinión de los autores de un documento en el que se plantean precisamente “dos grandes escenarios de actuación, la región y la ciudad”. Es la repetición de esa necesidad tantas veces invocada ya al menos desde que Manuel Álvarez-Buylla, alcalde de Oviedo en los primeros años setenta, dijo en LA NUEVA ESPAÑA que “hay que ir mentalizando la idea de la gran urbe asturiana que en el futuro formarán los municipios de Oviedo, Gijón, Avilés, Mieres y Langreo…Y nosotros vamos a ser, no tardando mucho, alcaldes de barrio…” Medio siglo después, aquel futuro que parecía inminente sigue pendiente y los estudiosos del “proyecto Asturias” han dedicado muchos esfuerzos a desentrañar las ventajas de la “masa crítica” del área central, tantas veces embarrancada desde entonces en el lodazal paralizante del interés localista.

Ciegos, tuertos. Su escenario ideal haría frente a la divergencia territorial “articulando la ciudad región en torno a un sistema urbano en red potente para asegurar la sostenibilidad económica y sociodemográfica de Asturias”. Se resalta la necesidad de potenciar la red de villas como “cabeceras comarcales” capaces de acercar “los servicios esenciales a la ciudadanía. De facto, se trata de aprovechar y mejorar el papel histórico de las villas como ejes de las relaciones de trabajo y consumo”, afirman.

Otro mapa administrativo. Exagerando un poco, se diría que en Asturias hay quien se arriesga a acabar como el protagonista del chiste triste al que se le concede cualquier deseo con la única condición de que su vecino recibirá el doble y elige quedarse tuerto. Para la cooperación frente a la competencia, queda dicho que los promotores de la CRIA reclaman una administración regional de liderazgo robusto, pero también un nuevo modelo administrativo que supere la actual “planta municipal obsoleta”. Partiendo de la comarcalización sanitaria, “que funciona”, sugieren agrupar concejos en un nuevo mapa comarcal para garantizar mejor la prestación de los servicios, en algunos casos muy desgastada en los municipios actuales por los defectos del declive demográfico.

Las acciones “estructurantes”. Asturias necesita, sostienen, “un proyecto político y un nuevo modelo territorial que se implementará mediante proyectos específicos, tractores, de aplicación inmediata, con los mayores efectos sinérgicos posibles, y que permitirán conformar la CRIA”. El documento lanza un decálogo abierto que plantea, entre otras “acciones estructurantes”, la confección de un inventario del patrimonio cultural y natural asturiano “contemplado como activo”. Habla de “zonificar espacios” periurbanos y rurales catalogando con sus potenciales, de buscar “las complementariedades que da la especialización” frente a la “competencia estéril” en los proyectos para las tres grandes ciudades asturianas y de una larga serie de acciones de conectividad, movilidad, sostenibilidad o regeneración… Si la configuración espacial de Asturias no se parece a ninguna, concluyen, esta región también necesitará un modelo territorial distinto a todos.

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