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Los incendios se triplican en abril por el combustible acumulado y la “impunidad”

Asturias suma en tres semanas 155 siniestros l Los guardas apuntan a los ganaderos, y estos se quejan: “No te dejan coger ni una vara”

Un miembro de la brigada de Tineo, entre los rescoldos del incendio en la sierra de Carondio. | Miki López

Un miembro de la brigada de Tineo, entre los rescoldos del incendio en la sierra de Carondio. | Miki López

Asturias vuelve a arder como antes de la pandemia, porque el monte está cada vez más lleno de combustible. A 22 de abril, se acumulaban ya 155 incendios, el triple que el mismo mes del año pasado, en el que hubo 48, aunque también es verdad que había confinamiento. Además, se produjeron 96 conatos, fuegos de menos de una hectárea. Falta aún una semana para que termine la época de riesgo alto de incendios en Asturias (se inicia el 15 de enero y finaliza el 30 de abril) y todo indica que se alcanzarán los niveles de abril de 2019 (hubo 162 fuegos), si no se superan. Las razones para explicar este regreso de los incendios son múltiples. Hay ganaderos que siguen apegados a la cultura del fuego (algo que ellos niegan), y siempre hay rencillas entre vecinos e individuos con deseo de hacer el mal. Pero hay otros motivos: desde la limitación del papel de las brigadas de investigación de incendios (Bripas) a la mayor afluencia de personas al monte, sin olvidar la ausencia de planes integrales para cuidarlo, dado que en los pueblos “no dejan ni coger ni una vara”, como asegura Mercedes Cruzado, secretaria general de COAG.

19 DE ABRIL | El fuego de Navelgas (Tineo), desbocado. | ATBRIF

Enero fue un mes de pocos incendios, un total de 58, según el SEPA, muy lejos de los 152 del año pasado o de los 226 de 2019. En febrero, la cifra de incendios se multiplicó por cinco, pasando a 270, aún muy lejos de los 548 de 2020 y los 609 de 2019. En marzo, el ritmo de incendios fue creciendo a finales de mes, de forma que el 1 de abril fue necesario activar el plan de incendios forestales (Infopa). Durante esa jornada se registraron hasta 45 incendios a la vez en toda la región, aunque especialmente en el Suroccidente y el Oriente, las dos áreas abonadas a estos incendios. De nuevo volvió el fantasma de los fuegos desbocados de octubre de 2017, y hubo que pedir ayuda a brigadas de refuerzo de fuera de la región.

18 DE ABRIL | La brigada de Tabuyo, en el incendio de Carondio (Allande). | ATBRIF L. Á. VEGAL. Á. VEGA

Manuel Fernández, presidente de la Asociación de Guardas del Medio Natural del Principado (Agumnpa), señala que los fuegos están aumentando en número y extensión, sobre todo por el “ambiente de impunidad” entre los que causan los incendios, “en un 90 por ciento relacionados con actividades ganaderas”. No quiere decir, cree, que todos sean intencionados. “Hay negligencias, quemas de rastrojos que se van de las manos, pero la intencionalidad está clara”, indica. Una vez descartadas las descargas eléctricas, las chispas del tendido eléctrico, las actividades industriales o los ferrocarriles, siempre queda “la actividad antrópica”.

17 DE ABRIL | Un helicóptero, en el incendio de Valle de Lago, en Somiedo. | ATBRIF

Entre los ganaderos se apela a la “matorralización de Asturias”, a que no se hacen quemas. Pero, para Manuel Fernández, “hay que justificarlas, no está claro que haya que hacerlas en determinados momentos. Las quemas controladas son una buena herramienta, pero delicada. Es buena para recuperar pastizales que se hayan matorralizado. Pero, ahora, el único criterio es que los ganaderos de la zona quieran quemar en un punto determinado, que suelen ser zonas muy pendientes”. “En zonas de quemas controladas no descienden los incendios, queman alrededor. Alguien se está riendo de la Administración”. Para este guarda, “es el ganado el que mantiene la proliferación de herbáceas, cuando el mantra es que el pasto se regenera con quemas”. La paradoja es que los incendios arrasan zonas de mucha pendiente, “donde el fuego avanza más, y los pastizales están más abajo”.

Hay mucho de atavismo en las quemas, de tratar de que “el bosque vuelva a ser lo que era”. También “hacer daño a los vecinos, porque se causan incendios en laderas de las que no se saca provecho, para cuatro cabras que crían jubilados”. En fin, muchas quemas pueden entenderse como “una venganza hacia el Principado”, una costumbre que, aunque parezca extraño, viene de la época de la dictadura, cuando se prendía fuego a repoblaciones del Icona. “Hay una de 300 hectáreas en la zona de Espinaredo, en Piloña, de la que apenas quedan algunos pinares sueltos”, indica. “Es una forma de expresar la frustración frente a la Administración”.

¿La solución? “La Administración no está haciendo lo que debería, que es invertir. En las zonas de alto riesgo, que, salvo la zona central, es toda Asturias, se precisan labores de silvicultura y mantenimiento, contratar cuadrillas, abrir pistas, cortafuegos y, sobre todo, vigilar. No se están tomando medidas para minimizar los incendios, y los montes están cada vez más cerrados”, añade. Marzo es el mes de riesgo extremo en Asturias, “pero no se establecieron vigilancias preventivas de los guardas, solo se nos utiliza de apoyo a la extinción, cuando los fuegos ya avanzan”.

Desde hace un par de años, además, las Bripas dejaron de depender de Medio Rural, para hacerlo del SEPA, de forma que se han integrado bomberos en ella, que no tienen la consideración de autoridad y policía judicial, como sí los guardas. “Ahora, las Bripas están limitadas para investigar. Los expedientes se han reducido un 90 por ciento. No salen las investigaciones, cuando sería muy fácil”, sentencia. Eso no quiere decir que los guardas tengan las manos atadas. A principios de abril identificaron a un vecino de Balbona (Belmonte) por causar un fuego. Este trabajo complementa la labor del Seprona, que investiga unos 40 incendios de la ola de principios de mes, con ocho investigados.

Si se pregunta a los ganaderos, estos se muestran hartos de ser los “sospechosos habituales”. “No digo que no haya ganaderos que quemen, pero es muy extraño que se prenda fuego a zonas que no tienen aprovechamiento; se quema matorral o bosque. De ahí solo salen toxos, que los comen los caballos y nada más. El motivo no es el ganado”, dice Mercedes Cruzado. Cierto que ya no se acotan los montes al pastoreo tras los incendios, como ocurría antes. “Pero estos incendios que hay ahora ponen en peligro las vidas humanas y el propio ganado”, añade esta ganadera de Grandas de Salime, a dos pasos del castigado Valledor, arrasado por fuegos recurrentes. “El día que haya una tronada arde todo, tal como está el monte”. Cree que debería haber más quemas controladas: “No te dejan limpiar el monte, ni coger leña, ni siquiera una vara. El monte estaba limpio, y si quemaba algo, quemaba muy poco. Ni lo limpian, ni dejan limpiarlo. Y tampoco los ríos, que ahora todo es sombra, cuando antes llegaban las truchas hasta la fuente”.

Los ingenieros forestales: “Hay que apostar por la prevención”

David Barraso, decano territorial del Colegio de Ingenieros Técnicos Forestales, estima que el incremento de incendios tiene que ver con la gran cantidad de combustible que se acumula en los montes asturianos, pero también apunta a un factor que ha irrumpido inesperadamente en el último año. “Ahora, con la pandemia, todo el mundo tiende a ir al monte, porque es un espacio abierto en el que hay menos posibilidades de contagiarse. Esa mayor afluencia implica mayor riesgo de que se produzcan una negligencia y un incendio”, señala.

Este ingeniero técnico forestal considera que “se ha invertido mucho en los medios de extinción, que no está mal, pero hay que invertir también en prevención”. Quiere hacer un paralelismo con la pandemia. “Del mismo modo que es mejor vacunar que curar, es mejor invertir en prevención que en extinción. Ahora estamos poniendo el remedio una vez que se está produciendo el daño”, sostiene.

Y esa prevención requiere aplicar medidas que “rompan la continuidad de combustible”, como abrir cortafuegos o aprovechar la biomasa, de la que se puede sacar un rendimiento económico. “Hay que aplicar medidas de concienciación para frenar la cultura del fuego, aunque, si no hay buenas zonas de pastos, hay que dotarlas”. En definitiva, defiende planes integrales, y también medidas de autoprotección.

Planes de defensa integral

En la ola de incendios de octubre de 2017, el fuego cercó pueblos como Cornollo (Allande), Seroiro (Ibias) y Tablado (Degaña), donde los vecinos pasaron varias madrugadas de pesadilla temiendo que las llamas devorasen sus propiedades, que en algunos casos ardieron hasta los cimientos. El ingeniero David Barraso llamó por aquel entonces la atención sobre el hecho de que se hubiese abandonado la elaboración de planes de defensa integral con todo tipo de medidas, desde mejoras silvícolas a creación de cortafuegos y pistas, instalación de puntos de agua para facilitar la extinción, pistas de aterrizaje, puestos de vigilancia, repoblaciones y vías de escape de los pueblos en caso de situaciones complicadas. Tres años y medio después, “se ha avanzado muy levemente, no se ha producido una mejora a fondo”. Es necesario, añade, “hacer una apuesta fuerte por la prevención”. De los 78 concejos de Asturias, 55 sufren un riesgo alto de incendios, y sus pueblos precisan de unos planes de defensa actualizados.

Tres días de incendios continuos en la región


Si el 1 de abril se iniciaba el mes con un total de 45 incendios activos, los tres días entre el 17 y el 19 de abril acumularon un buen número de fuegos que obligaron incluso a pedir ayuda a brigadas de fuera de la región, como la de Tabuyo, en León, ante la virulencia de las llamas, especialmente en la sierra de Carondio, en Allande. El fuego barrió la región de Oeste a Este. En Somiedo, las llamas se desataron en Valle de Lago, y en Tineo, donde días antes se había producido un incendio en Cerezal, se desencadenó otro fuego importante en Navelgas. Afortunadamente, ninguno superó las 500 hectáreas, límite de los grandes fuegos.

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