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Voces desesperadas en el desierto juvenil de Asturias: “Si todo el mundo sigue yéndose, esto cada vez estará peor”

Veinteañeros que resisten en la región y otros que se han ido narran sus historias: una carpintera que busca un clavo laboral al que agarrarse en Asturias, un mierense que "cada mes" se "cruza" con un nuevo asturiano en Madrid...

Lydia Suárez e Itxaso Sánchez, ayer, en Gijón.

Lydia Suárez e Itxaso Sánchez, ayer, en Gijón.

Una información elaborada por Carlos LAMUÑO (Oviedo), Luján PALACIOS (Gijón), Saúl FERNÁNDEZ (Avilés) y Julio VIVAS (Langreo)

“Yo quiero quedarme aquí y generar riqueza donde vivo, no me veo emigrando”. La gijonesa Lydia Suárez Platas tiene claro que, salvo caso de extrema urgencia, seguirá formando parte de las filas de asturianos que resisten en la tierrina pese a las dificultades; en una región en la que cada vez quedan menos jóvenes, la segunda provincia que más ciudadanos autóctonos ha perdido de 20 a 39 años en lo que va de siglo. Ella lo sabe por experiencias cercanas. “De mis compañeras de instituto, así de memoria sé de cuatro que están en Londres”, reflexiona.

Con 23 años, primero estudió un grado medio de peluquería con el que no encontró trabajo, porque “en Asturias hay mucha peluquera, parece”. Después se enroló en una escuela taller municipal de carpintería: “Estuvo muy bien, seis meses de formación y un año de trabajo”. Hasta septiembre del año pasado. Después, la dura realidad ha sido que “no contratan a nadie, no sale trabajo en ningún sitio”, lamenta. Con lo que “no es raro que la gente se vaya si no hay futuro laboral”. Ella por el momento se considera una “superviviente”, una luchadora que incluso ha conseguido emanciparse gracias al programa municipal de alquileres para jóvenes, por el que puede acceder a una habitación a bajo precio en un piso compartido. “Mi intención es la de seguir esforzándome por encontrar trabajo. Me gustaría que de carpintería, aunque si sale de peluquera o de lo que sea, sin problema”, señala. Eso sí, “desde aquí, quiero trabajar en mi ciudad y que eso revierta en beneficios para todos; si todo el mundo se marcha cada vez estará peor”.

Las ovetenses Paula Cárcaba, Beatriz Setién y Cristina Setién, ayer, en su casa de Madrid.

Las ovetenses Paula Cárcaba, Beatriz Setién y Cristina Setién, ayer, en su casa de Madrid.

Itxaso Sánchez Martins, de 23 años, señala que “sin un respaldo familiar es imposible resistir si no hay trabajo”. La joven gijonesa se emancipó junto con su pareja justo antes de la crisis del covid, y reconoce que “de haber sabido lo que se nos venía encima, igual hubiéramos hecho otra cosa”. Tras estudiar un grado medio de administrativo, pudo trabajar hasta el inicio del confinamiento. Después, a la calle y a esperar trabajos esporádicos. “Solo pude estar una pequeña temporada de cajera en un centro comercial, y ahora mismo no sale nada de nada”, asegura. Por eso está haciendo un curso de formación del Servicio de Empleo, en el que “la mayoría de mis compañeros son chavales que estaban fuera de Asturias, trabajando muchos en el sector turístico, y con el covid se tuvieron que volver; ahora no tienen oficio y solo una de ellos pudo volver a trabajar en el hotel en el que estaba”. En su caso “si estuviera sola también me pensaría irme si no me saliera nada de trabajo, es lo más lógico si aquí no sale nada. Así no es raro que Asturias se quede vacía”, señala, consciente de que “el futuro pinta un poco oscuro en las condiciones actuales”. De momento, “resistiré en Gijón, espero que con el buen tiempo y el verano salga alguna cosa, de lo que sea”. Lo de buscar algo de su rama, para muchos jóvenes ya suena casi a utopía.

María Jesús López y Jaime Vázquez, en el local de Abierto Asturias en Avilés. Mara Villamuza

El mierense Abel González, de 25 años, llegó a Madrid hace casi tres años con la intención de realizar un curso de edición de vídeo y posproducción. Y allí sigue. “En Asturias estudié realización en televisión e incluso hice unas prácticas, pero opté por Madrid porque es donde tengo muchas más opciones, más probabilidades de que me cojan en algo de lo mío”, explica. Asegura que, como él, “somos muchos los que acabamos viniendo a Madrid, cuando yo llegué lo hice con otros dos compañeros de clase de Asturias, y ahora conozco a otras seis o siete personas que han acabado haciendo lo mismo, yo creo que cada mes me cruzo con un nuevo asturiano por aquí”. En cuanto a regresar a la tierrina, González afirma que “no me importaría volver, aunque también en Madrid se está muy a gusto, así que hasta que no vea necesario regresar, no creo que vaya a hacerlo”.

“Somos muchos los que acabamos viniendo a Madrid, cuando llegué lo hice con otros dos compañeros de clase de Asturias, y ahora conozco a otras seis o siete asturianos más; yo creo que cada mes me cruzo con uno nuevo por aquí”

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María Jesús López y Jaime Vázquez apuestan (o les gustaría apostar) por quedarse en Avilés. Y es que empiezan a saber de qué va el mundo de los jóvenes asturianos. “Mis padres me dicen que a mi edad ya eran independientes”, subraya López. “Y, en cambio, lo que estamos haciendo nosotros es empezar a ver qué hacemos”, añade inmediatamente Vázquez. Los dos tienen 25 años, los dos tienen trabajo (son monitores de la asociación Abierto Asturias), los dos tienen claro que no les gustaría coger las maletas, pero los dos saben que “si no hay remedio…”

Aguantan de momento. Jaime Vázquez, por ejemplo, acaba de regresar a la ciudad en la que nació. “He vuelto hace un año. Tenía la maleta en el coche cuando decretaron el Estado de alarma y nos tuvimos que quedar unos meses más en Santiago”, sonríe. Finalmente, cuando decayó el gran confinamiento, pudo regresar. Ahora no vive con sus padres. Lo hace con sus tíos y proyecta su futuro en el mundo de la imagen y sonido. Tiene un grado medio en la especialización, pero tiene que terminar las prácticas antes de lanzarse a saber de qué va el mundo que ha elegido para su futuro. Por el momento, es el “community manager” de la organización.

El caso de María Jesús López es distinto: lleva ya dos años en Abierto Asturias. Es diplomada en Magisterio y un día una amiga le dijo que podía trabajar en los campamentos urbanos que ofertaba la organización. “Estuve en el colegio de San Cristóbal”, señala. “Me contrataron sin experiencia, solo con el título. Había estaba mandando currículos a los colegios de la concertada, pero no salía nada”, admite antes de reconocer que entra dentro de las posibilidades “ponerse con las oposiciones”. Y es que no quisiera “tener que salir fuera”. López vive con sus padres y ve la independencia como el deseo más cercano.

El mierense Abel González

El mierense Abel González

Las ovetenses Paula Cárcaba, Beatriz Setién y Cristina Setién, en la veintena, se fueron a Madrid a estudiar la carrera. Tras graduarse encontraron trabajo, pero fue en Madrid. Cárcaba y Cristina Setién se dedican a la consultoría de banca, mientras que Beatriz Setién, hermana de Cristina, es abogada. Las tres comparten piso desde que terminó el verano, que pasaron en Asturias. Paula Cárcaba estiró todo lo que pudo su estancia en su casa de Ribadesella gracias a la posibilidad de teletrabajar a causa de la crisis del covid, pero en octubre tuvo que volver a ocupar su puesto de trabajo en el banco. “Como en Asturias no se está en ningún sitio, pero el trabajo lo tenemos aquí”, explica Paula Cárcaba. Una realidad a la que se enfrentan los jóvenes asturianos cuando les llega el momento de dar el paso hacia su autonomía e independencia.

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