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Canarias hace sidra y la hace bien

Valleseco, en Gran Canaria, triunfa con el caldo de nueva expresión hecho con manzanas francesas plantadas en 1852

Cata de sidra en Valleseco. | Juan Castro

Cata de sidra en Valleseco. | Juan Castro

“En realidad es que somos unos atrevidos”, resume el alcalde de Valleseco, Dámaso Arencibia, acuclillado sobre cientos de patrones para injertar con la variedad de manzana que en 1852 trajo otro alcalde, José Acosta, para evitar la erosión de los terregales del municipio. Unos 160 años después de la entrada de aquella manzana francesa, Valleseco ha lanzado las primeras 10.000 botellas de sidra, que, bajo la marca Gran Valle, supone un importante atractivo económico en el lugar.

La sidra canaria se asemeja a un vino blanco y se toma muy fresca. Pepe Pérez, del restaurante grill Hermanos Santana, en Lanzarote, la despacha para acompañar los almuerzos, a cinco euros si el cliente la disfruta en la mesa; a seis, si se la lleva puesta. Por su proceso de filtrado, que se denomina nueva expresión, no requiere ser escanciada. “Quizás esto no funcione en Asturias, pero aquí sí”, opina Dámaso, que además de presidente de la Corporación es uno de los cocineros del invento, junto con el teniente de alcalde Francisco Rodríguez, el concejal de Desarrollo Local, José Luis Quintana, el técnico agrario Antón Delgado y el veterinario Juan Manuel Arencibia. Fueron veinte días “de lunes a lunes, y de nueve de la mañana a una de la madrugada”, para recolectar, estrujar, filtrar y fermentar la nueva Gran Valle. De todas formas Dámaso subraya que no es un “producto del grupo de gobierno, sino del pueblo, porque ellos han sido los que han recuperado 8.000 manzanos y los que han plantado los nuevos 8.000 matos en 2010, que se suman a los 3.000 más comprados”.

El objetivo es llegar a producir hasta 800.000 kilos anuales. Hasta ahora toda manzana francesa de consumo interior cuando no venía de Chile llegaba de Italia o Zaragoza, mientras que la de Valleseco, que hace apenas 30 años era una de las reinas de la cesta de la compra, terminaba en el vertedero por no poder hacer frente a la competencia exterior. Habrá para vender al peso, para hacer más sidra, para vinagre y para repostería, un trasiego que se canaliza a través de la empresa municipal Son de Valle.

Además de hacer sidra, los canarios la hacen bien, pues el pasado octubre se llevó una medalla de oro (en la categoría semiseco espumoso) y dos de plata (natural y espumoso brut) en el concurso de Gijón.

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