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ALFONSO LÓPEZ MUÑIZ Vicerrector de Estudiantes de la Universidad de Oviedo

"Los estudiantes tendrán que hacer la EBAU con la mascarilla puesta todo el rato a diferencia del año pasado"

“Yo creo que el próximo curso iremos a un modelo semipresencial y daremos prioridad en el aula a los universitarios que más sufrieron con la pandemia”

Alfonso López Muñiz, en el edificio histórico de la Universidad de Oviedo.  Luisma Murias

Alfonso López Muñiz, en el edificio histórico de la Universidad de Oviedo. Luisma Murias

Alfonso López Muñiz (Oviedo, 1956) es quizá la cara más conocida del equipo rectoral de Ignacio Villaverde Menéndez. Fue desde febrero de 2012 hasta el pasado mes de marzo –es decir, nueve años– decano de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud. El salto al vicerrectorado de Estudiantes está siendo, según asegura, “intenso, interesante, emocionante y un reto”. Ha pasado de gestionar cerca de 2.000 alumnos a más de 21.000. López, que ejerció de médico hasta que llegó al mundo de la gestión, es conocido en la Universidad de Oviedo por su implicación, cercanía, compañerismo y espontaneidad. No hay entrevista en la que falten las anécdotas y las bromas. Su vocación de médico, anuncia, “no quedará frustrada”: “Voy a seguir dando clases, porque me hace ilusión formar a los facultativos del futuro”.

–De su gestión depende el grupo más numeroso de la Universidad: los estudiantes, que son casi los habitantes que tiene Castrillón.

–Sí, es un número muy alto y, evidentemente, ellos son la base de la Universidad de Oviedo. Dicho con otras palabras: sin los estudiantes, no habría Universidad. Entre grados, másteres y doctorado, tenemos un total de 21.051 alumnos. 

–¿Qué quiere hacer durante los próximos cuatro años en favor de este colectivo?

–Lo fundamental es que el estudiantado no pase por la Universidad de Oviedo, sino que sea la Universidad la que pase por ellos. De manera que imprima un carácter y que sea diferencial el hecho de pasar por la institución académica asturiana. Por tanto, lo que nos proponemos es conseguir una mayor proximidad con los universitarios, que los canales de información sean más fluidos, responder a sus necesidades, tratarlos como adultos y llevarles a niveles de corresponsabilidad para que sean más participativos... En definitiva, convertirlos en la parte central de la Universidad.

–Para lograr todo esto, ¿qué medidas concretas tienen en mente?

–Barajamos muchas. En primer lugar, crear un observatorio para que los estudiantes nos digan cuáles son sus problemas, y así nosotros podremos detectarlos y actuar en consecuencia. En segundo lugar, queremos que los universitarios participen y creen ellos mismos iniciativas. Como ejemplo pongo uno que me hizo mucha ilusión en mi etapa como decano, que fue crear un congreso de estudiantes de Medicina. Ese congreso estuvo en su comienzo tutelado; es decir, hubo que buscar patrocinadores, pero hoy en día funciona de forma autónoma. En tercer lugar, pretendemos no dejar a nadie atrás, y más en estos tiempos de crisis. Para ello, hemos revisado la política de becas y en los próximos días saldrá en el Bopa las ayudas de urgente necesidad, que se habían perdido. Además, hemos mirado que la convocatoria sea más fluida y realista, de forma que sea más fácil para el alumno demostrar que tiene esa necesidad. En cuarto lugar, estamos buscando crear convenios con más empresas para que el estudiante tenga una actividad más cercana a la sociedad y real.

Aparte de ser carísimo, el modelo de la EBAU en polideportivos no fue el idóneo

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–¿En qué consiste la guía del estudiantado 4.0 que figura entre los 30 retos de los cien primeros días del mandato de Villaverde?

–Se trata de que el estudiante tenga un mayor acercamiento a todos los procesos a través de la vía telemática. La pretensión –y ya estamos trabajando en ello con el servicio de informática– es que los alumnos tengan acceso por ejemplo a sus expedientes, de forma que así reducimos la burocracia. Esto nos llevaría en un futuro no muy lejano a que los estudiantes pudiesen tener un certificado de sus notas gratuito.

–Las tasas de matrícula seguirán congeladas el próximo curso y Asturias ya es una de las comunidades en donde es más barato estudiar una carrera. ¿Cree que eso les puede ayudar a captar más estudiantes de fuera?

–Creo que es una buena política del Principado. El precio de nuestras matrículas es muy inferior al de otras comunidades, con lo cual puede resultar atractivo para estudiantes de regiones limítrofes. Asturias tiene un problema demográfico y en los próximos años podemos tener un efecto indeseado en la parte esencial de la Universidad que es el estudiantado. Somos la región más envejecida de España, así que tenemos que poner en marcha políticas de atracción de alumnos. Hay una cosa en la que yo particularmente creo, que es que la mejor política es la calidad, la calidad y la calidad. Es decir, el prestigio. Si das calidad, los alumnos vienen a Asturias. De todas formas, estamos pensando en otras medidas. Una de ellas es la activación de la redes sociales. Hay que estar más presentes en ellas. 

–¿Los exámenes presenciales serán mayoritarios a mediados de este mes frente a los telemáticos?

–Estamos en la recogida de datos, pero mayoritariamente serán presenciales. La seguridad estará garantizada. Y en el caso de que hubiese la más mínima alteración de seguridad, las pruebas serían telemáticas. Las normas son: mascarilla en todo momento, distancias de metro y medio, normas rígidas de entrada y salida, aulas ventiladas... Tenemos la experiencia de enero, con el anterior equipo rectoral, y la evaluación se realizó sin mayores alteraciones. El profesorado prefiere pruebas presenciales. Y los estudiantes, con encuestas que se han hecho en algunas facultades, también. De hecho, en reuniones que hemos tenido con ellos, nos han expresado su deseo de volver a la enseñanza presencial. Hay alumnos que están en primero o en segundo curso y que no han tenido una relación directa con sus compañeros.

–¿Les preocupa esa situación: jóvenes que llevan año y medio con clases online?

–Evidentemente, tenemos una intensa preocupación. Aunque es verdad que en estos momentos tiene que primar la salud de la comunidad y, dentro de ello, hemos mantenido la máxima presencialidad posible a través de las prácticas. El equipo rectoral está preparando un plan para el curso que viene, en el que se barajan tres escenarios. Yo creo que iremos al intermedio –el semipresencial o naranja– e intentaremos que los sectores que más sufrieron en esta crisis sean los que más niveles de clases presenciales tengan y puedan así integrarse en la Universidad.

–¿Cómo ha sido llegar al Vicerrectorado en marzo y organizar la EBAU de junio?

–Me caracterizo porque casi no me da tiempo a comer y duermo poquísimo (risas). Nos pusimos en contacto con el Principado y la primera pregunta que nos hicimos fue: “¿Podemos volver a un modelo en el que sean mayores las actividades en la Universidad?” El modelo en polideportivos, aparte de que fue carísimo (440.000 euros), no fue el idóneo. Trabajamos, por tanto, intensamente en la búsqueda de sedes, y se vio que no solo era posible volver a la Universidad, sino que se debía hacer. Tampoco es recuperar el modelo de hace dos años, porque vamos a utilizar muchas más sedes (16 frente a 13) y con mucha menos ocupación.

Los aspirantes harán la prueba con mascarilla todo el rato a diferencia de en 2020

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–¿De cuánto es el aforo de las sedes?

–La distancia entre estudiantes será como mínimo de metro y medio, pero en muchos casos será de más. Por otra parte, los aspirantes tendrán que llevar mascarilla durante todo el examen, a diferencia del año pasado, cuando había una norma que les permitía quitar la mascarilla durante la prueba. 

–¿Por qué han decidido mantener la sede Langreo y no la de Siero, y en el Occidente cambiar Tapia por Luarca?

–La sede de Siero queda integrada en la Oviedo, donde hay una oferta de más de 2.000 plazas. Nosotros calculamos que, en total, serán 4.000 y pico aspirantes. Sin embargo, mantuvimos la sede de Langreo porque evitaría movilidades de la cuenca del Nalón a la del Caudal. En el Occidente barajamos Tapia y Luarca y la decisión final responde a razones estrictamente sanitarias. Las condiciones de ventilación, de tipo de suelo y de capacidad del polideportivo del instituto de Luarca eran las idóneas.

–¿En el tipo de examen no habrá cambios con respecto al del año pasado?

–No, será el mismo porque viene regulado por el Ministerio. Podemos decir que serán pruebas más benévolas, con las que este equipo rectoral está de acuerdo. Estamos en unas circunstancias especiales, en las que los estudiantes han sufrido la pandemia, con confinamientos parciales. La EBAU tiene que ser sensible a esa situación.

–Los profesores piden darle un giro a la EBAU y diseñar una prueba menos memorística y más competencial. ¿Qué opina?

–Es un tema muy interesante y un reto, aunque es cierto que encontrar el modelo idóneo es difícil. En medio de un cambio en el aprendizaje, hay que ir hacia un cambio en el modelo de la EBAU. Lo hemos planteado en el G9 (Grupo 9 de Universidades, formado por nueve instituciones académicas del país) y estamos estudiando qué modelos podríamos utilizar para modificar el examen. Quitar la EBAU no es una opción porque los centros tienen números clausus. Y tampoco podríamos hacer un examen individualizado, teniendo en cuenta que en Asturias son más de 4.000 alumnos. Por tanto, tenemos que ir hacia un modelo que sea posible y, sobre todo, justo.

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