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Así triunfan (otros) dos científicos asturianos fuera de la región: el CSIC francés les premia por sus carreras “prometedoras”

La ovetense Olaya Rendueles estudia la interacción de las bacterias y el gijonés Alejandro Fernández investiga sobre la formación de minerales

Trabajos en un laboratorio.

Trabajos en un laboratorio. Lne

Los asturianos Olaya Rendueles García y Alejandro Fernández Martínez son dos jóvenes científicos con una carrera “prometedora”, según el CSIC francés. El Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS) de Francia premiará el próximo mes de noviembre con la medalla de bronce a 46 talentos de la investigación, entre ellos a una ovetense y a un gijonés. Olaya Rendueles es microbióloga, está especializada en el estudio de las bacterias y desde 2019 dirige su propio grupo en el Instituto Pasteur de París. Alejandro Fernández es físico, está especializado en la caracterización de procesos de formación y reactividad de superficies minerales, y desde 2012 es investigador en el Instituto de Ciencias de la Tierra de Grenoble. El galardón ha supuesto para ambos, dicen, una “gran alegría” y un “impulso” para seguir luchando pos sus sueños. Aunque lejos de “casa”.

Desde París

Olaya Rendueles es ovetense y estudió Biología en la Universidad de Oviedo. Tras ello, en 2008 decidió hacer las maletas para realizar el doctorado en Francia, concretamente en el Instituto Pasteur, donde ahora investiga. Pero no se quedó ahí: en 2012 se mudó a Suiza, donde realizó una estancia postdoctoral de tres años en Zurich con una beca de la Organización Europea de Biología Molecular. En 2015 regresó al Instituto Pasteur de Francia, del CNRS, y en 2018 sacó una plaza fija como investigadora. Desde 2019 dirige su propio grupo sobre “Evolución y ecología molecular de microbios”, es corresponsable de la sección de Biodiversidad y Evolución de la Sociedad Francesa de Microbiología, y es miembro del Comité Nacional de Investigación. Todo ello a sus 35 años.

Olaya Rendueles García

Rendueles se dedica “cien por cien” a la ciencia. “No tengo que dar clases ni pertenezco a ninguna universidad. Eso para mí es una gran ventaja porque puedo dedicarme a lo que me gusta, que es la investigación fundamental. El puesto que tengo aquí es casi único”, confiesa. Por eso, en sus planes no entra volver a Asturias. “Cuando me fui ya sabía que no iba a poder regresar. Al final, estar en Madrid o en París me da lo mismo porque para mí eso no es estar en casa. Y hacer la ciencia que yo hago en Asturias, con dedicación completa a los laboratorios, es muy difícil”, señala.

La ovetense estudia en la capital francesa las interacciones sociales de las bacterias y su evolución. Es decir, “cómo compiten, cómo cooperan y cómo transmiten material genético” estos microorganismos, que son diez veces más abundantes en el cuerpo humano que las células. “Somos más bacterias que humanos”, apunta la joven investigadora. Aunque la ciencia que realiza es muy fundamental, sus investigaciones podrían tener aplicaciones clínicas. “Por ejemplo, las resistencias a los antibióticos –las ya famosas superbacterias– se expanden por mecanismos de intercambio de material genético. Entonces, si podemos parar esa expansión, acabamos con el problema. Por otro lado, si bloqueamos la cooperación entre bacterias, podemos parar ciertas enfermedades. Lógicamente una bacteria sola no hace daño, pero si diez millones de ellas se ponen de acuerdo en atacar en un determinado momento, sí”, aclara.

Desde Grenoble

La trayectoria de Alejandro Fernández, gijonés de 40 años, también arranca en la Universidad de Oviedo, donde estudió la carrera de Física, y continuó en Francia. Hizo el doctorado en Geoquímica ambiental, en el Institut Laue-Langevin y en la Universidad Joseph-Fourier, en Grenoble. En 2010 se fue a Berkeley (EE UU) para acabar volviendo a finales de 2012 a Francia, y más en concreto al Instituto de Ciencias de la Tierra, donde hoy continúa su carrera. Desde 2015 es también científico asociado al Laboratorio Europeo de Radiación Sincrotrón, en Grenoble, donde desarrolla gran parte de su investigación. “Estoy muy contento por el premio que me ha concedido el CNRS, que quiero compartir con mi equipo, ya que es resultado de un trabajo colectivo. Tengo la suerte de tener a mi lado a gente muy buena, y de tener muy buen rollo con todos ellos”, comenta.

Alejandro Fernández Martínez

Fernández es físico, pero en el instituto está rodeado de geólogos porque su estudio se centra en los procesos de formación de minerales, un campo que se sitúa en la frontera entre la física, la química y la geología. “Me especialicé en física de materiales y las mismas técnicas que se utilizan en ese campo las usamos para caracterizar, a escala nanométrica, las diferentes etapas en la formación de un mineral”, aclara. El gijonés tiene dos líneas de investigación principales, que desarrolla con diferentes empresas y agencias europeas. “Por un lado, el estudio de la formación de minerales en soluciones acuosas, con el objetivo de saber, por ejemplo, cómo los organismos marinos controlan los procesos de calcificación, para después aplicarlo en procesos de cristalización industrial”, profundiza. Y, por otro lado, “el estudio de la adsorción de elementos contaminantes en superficies minerales, con un fin doble: cuantificar el transporte de contaminantes en aguas naturales y optimizar procesos de descontaminación”, concluye.

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