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Los locales de ocio nocturno denuncian la discriminación: “Estamos desesperados”

Los empresarios de la noche piden que no se les criminalice, porque son “la solución al descontrol” de fiestas privadas, y exigen ya las ayudas

Por la izquierda, Adrián Gamazo, Jorge Pita, Adrián Vázquez, Pepe Reina (en el centro), Waldo Valbuena, Mónica Cienfuegos, César Areces y Álvaro Fernández, ayer, en un bar de copas de la calle Canóniga de Oviedo. | Luisma Murias

Por la izquierda, Adrián Gamazo, Jorge Pita, Adrián Vázquez, Pepe Reina (en el centro), Waldo Valbuena, Mónica Cienfuegos, César Areces y Álvaro Fernández, ayer, en un bar de copas de la calle Canóniga de Oviedo. | Luisma Murias

Esta información ha sido elaborada por: Lucas BLANCO (Oviedo), Pablo PALOMO (Gijón), Illán GARCÍA (Avilés) y Andrés VELASCO (Mieres)

El ocio nocturno está “desesperado”. Las medidas de desescalada del Ejecutivo regional no incluye a estos establecimientos de hostelería, que continuarán cerrados sin fecha en el calendario. En el sector consideran que se les discrimina y piden que se les permita abrir al menos un par de horas, para tener ingresos los que pagar facturas. Y una denuncia global: las ayudas no llegan, pero los impuestos sí.

Miguel Villabrille, en su local de Avilés. | Ricardo Solís

Miguel Villabrille, en su local de Avilés. | Ricardo Solís

“Si quieren cerrar el ocio nocturno que lo digan y punto”. Waldo Valbuena lleva 29 años detrás de la barra de un bar de copas en el casco histórico de Oviedo. Hace 14 meses acató el cierre motivado por el virus convencido de que era lo que tocaba, pero pasado ese tiempo sigue sin ver la luz al final del túnel. “Necesitamos certidumbres para saber si podemos seguir viviendo de esto”, apunta, muy crítico con el Gobierno regional en este punto.

Por la izquierda, Ángel Lorenzo, Javier Rodríguez y Santiago  Figaredo. | Juan Plaza

Por la izquierda, Ángel Lorenzo, Javier Rodríguez y Santiago Figaredo. | Juan Plaza

Su caso es similar al de otros 80 empresarios que daban empleo a más de un centenar de personas en la capital asturiana y dicen estar boquiabiertos ante la indiferencia mostrada por los gobiernos con su situación. “No es que se hayan olvidado de nosotros, es que nos ignoran directamente”, indica Pepe Reina, presidente del colectivo local de bares de copas.

Celsa Álvarez, Carlos y Ales Moro y Cristina Vázquez, en Mieres. | Andrés Velasco

Celsa Álvarez, Carlos y Ales Moro y Cristina Vázquez, en Mieres. | Andrés Velasco

Acuciados por las deudas, el vencimiento de los créditos ICO y la imposibilidad de atender a su clientela, reclaman a las autoridades que abran la mano. “Con que nos dejasen abrir hasta las tres y media ya nos darían un poco de aire”, indica César Areces convencido de que este tipo de negocios necesitan un mínimo de dos horas para “sacar una mínima rentabilidad”.

A pesar de todos los inconvenientes, confían en salir del profundo bache aferrándose a la fidelidad de los clientes. “Creemos que los jóvenes de hasta 30 años saldrán con muchas ganas”, indica Reina, quien presenta al sector como “una parte de la solución” frente a la proliferación de fiestas particulares en viviendas. “Nosotros ofrecemos la posibilidad de controlar el descontrol”, coinciden varios de los empresarios reunidos por LA NUEVA ESPAÑA para reflexionar sobre el porvenir de sus negocios.

A juicio de estos hosteleros, las ayudas regionales y locales son “insuficientes” y condicionadas en muchos casos a “requisitos imposibles”. Es por ello que reclaman “indemnizaciones justas” para intentar tapar parte de las telarañas criadas por sus cajas registradoras. “¿Quién me paga a mí toda la pasta que he perdido?”, se pregunta Waldo Valbuena, visiblemente “desmoralizado” por un gobierno al que acusa de abandonarlos totalmente a su suerte. “Se están riendo de todos nosotros”, sostiene.

En Gijón, el presidente de la patronal Otea y socio fundador del Grupo Gavia, Ángel Lorenzo, considera que las medidas impuestas por el Principado para el final de estado de alarma son “discriminatorias” con el ocio nocturno. En opinión de Lorenzo, así como de otros empresarios del sector en la ciudad, como Javier Rodríguez y Santiago Figaredo, mantener los locales de copas cerrados significará “un repunte de los botellones y de las fiestas ilegales”. “Nosotros no somos el problema, podemos ser la solución”, explican. “Somos profesionales. Hay quien lo hace mal, pero no se puede criminalizar al sector. Queremos trabajar con las medidas sanitarias que marque el Principado”, explica Santiago Figaredo. “Hay muchos padres que nos han dicho que prefieren que sus hijos estén en un local de hostelería a que estén en un garaje. Saben que habrá más control”, incide Lorenzo. “Del ocio nocturno viven directamente muchas personas”, remata el presidente de Otea en Gijón.

Resignación en la hostelería avilesina. El hostelero Miguel Villabrille, que regenta un negocio en El Carbayedo, abría en fines de semana antes de la pandemia hasta las cinco y media de la madrugada. “Los problemas sanitarios van mejorando, hay más vacunas, por eso es lógico que sean más flexibles con los horarios”, pero las medidas vigentes son, a su juicio, “insuficientes”. “Hay que seguir actuando con responsabilidad y que todo vaya a mejor para recuperar poco a poco la normalidad”. Ángel Loiro, que regenta un local en La Ferrería, ve el nuevo horario “positivo pero insuficiente”. También abría su local hasta las cinco y media de la madrugada antes de la pandemia y confía en que la reapertura llegue con el verano. “Las ayudas no han llegado, pero los impuestos sí, menos el de terrazas....”, se queja.

Celsa Álvarez, Cristina Vázquez, Ales Moro y Carlos Moro forman el grupo WB, que antes de la pandemia regentaba dos locales de ocio nocturno y una taberna en Mieres. Sin embargo, la falta de apoyos los ha llevado a que uno de esos negocios no vaya a reabrir. Se muestran “resignados” ante el olvido del ocio nocturno en la relajación de medidas del Principado. “Es uno de los sectores más castigados, y en nuestro caso tenemos suerte porque estos negocios en concreto no son nuestro principal sustento, pero no nos queremos imaginar de los que lo sea”, comentan estos hosteleros mierenses. Actualmente tienen a cuatro empleados en ERTE, aunque llegaron a tener siete, y siguen peleando en sus otros negocios, algunos también de hostelería, para seguir sobreviviendo. Y otro apunte: las ayudas son insuficientes. “Ojalá pronto podamos volver a cierta normalidad”, apuntan.

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