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DÍA MUNDIAL DE LAS AVES MIGRATORIAS

Las tenadas asturianas se quedan sin golondrinas

Cada vez llegan menos a la región por la falta de lugares para anidar y el uso de insecticidas: España pierde un millón de ejemplares al año y Europa va incluso peor

Dos ejemplares de golondrina localizados en Asturias.   | N. LÓPEZ-JIMÉNEZ

Dos ejemplares de golondrina localizados en Asturias. | N. LÓPEZ-JIMÉNEZ

Aquello que cantaba el poeta de que “Volverán las oscuras golondrinas, en tu balcón sus nidos a colgar...” quizá no esté asegurado casi dos siglos después. Bécquer compuso tales versos como una oda al amor perdido y a la fatalidad. Precisamente esta última acecha desde hace unos años y cada vez más a las golondrinas, con un destino más bien sombrío.

Una golondrina procedente del Sahel que anidó en Ardines (Ribadesella) NICOLÁS LÓPEZ-JIMÉNEZ

Porque cada vez vuelven menos ejemplares a Asturias a colgar sus nidos bien de los balcones, bien en las tenadas, en los aleros de los tejados o en las vigas de las viejas casonas. “Nos quedamos sin golondrinas”, resumen de forma tajante en la organización SEO Birdlife, que calcula que cada año en España se pierden un millón de ejemplares de un pájaro “símbolo de nuestros campos”. Ya en 2014 la organización lo nombró “Ave del año” para alertar sobre sus desaparición.

A los pueblos asturianos –y en menor medida a las ciudades– ha llegado tradicionalmente a mediados de la primavera para pasar el verano, un hábito que forma parte de su ciclo migratorio: inviernos en busca del calor del Sur, del que huye al Norte al acabar la estación. Precisamente este 9 de mayo se celebra el Día mundial de las aves migratorias.

“Que una golondrina con 18 gramos de peso, que llega procedente del Sahel, atravesando el Sahara y recorriendo 5.000 kilómetros, elija la casa de un humano para criar es un privilegio y un regalo de la Naturaleza”, sostiene Nicolás López-Jiménez, delegado de SEO en Asturias y responsable del programa de conservación de especies.

Él ha sido el privilegiado que tuvo como inquilino a tal ejemplar en su casa de Ardines (Ribadesella). Pero cada vez son menos los asturianos que reciben la visita anual del ave. La sensación generalizada es que apenas se las ve ya revolotear por el cielo, anidando o descansando sobre algún tendido eléctrico en grandes grupos, una imagen que muchos guardan en la retina de cuando eran pequeños. Esa sensación se acompaña y se constata con datos.

“La golondrina podría considerarse en España dentro de la categoría de amenaza ‘vulnerable’, ya que ha sufrido un alarmante declive poblacional del 33% en los últimos diez años y existe una clara probabilidad de extinción de al menos el 10% dentro de los próximos cien”, recoge el delegado de SEO en un informe. Solo cuatro comunidades autónomas (Asturias no está incluida) la tienen como especie amenazada: Baleares, Castilla-La Mancha, Andalucía y Extremadura. En el resto de Europa la situación es incluso peor que en España.

Causas

¿Por qué? Son múltiples los factores que merman la población de la golondrina común y, en general, de todas las especies ligadas al campo. El despoblamiento es uno de ellos, ya que el abandono y destrucción de sus lugares de cría implica que no tengan donde instalarse. En las ciudades, los edificios modernos no son precisamente muy útiles para la golondrina. Otro problema: el uso intensivo de insecticidas y otros productos químicos, que afectan tanto a su capacidad reproductiva como a los insectos de los que se alimentan.

Nicolás López-Jiménez propone conservar sus nidos, pues “son aves muy fieles a sus territorios de reproducción”, así como cuidar los aleros y rincones resguardados donde los montan. También plantea instalar nidos artificiales o facilitar que tengan a mano material para hacerlos (barro, paja).

Son pequeños gestos de gran ayuda para que, parafraseando al poeta, las golondrinas vuelvan a llamar con sus alas a los cristales de nuestras casas.

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