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José María Casielles Aguadé Químico, geólogo, licenciado en Farmacia y exdiputado y senador del PP

“En los partidos políticos el adversario está fuera y el enemigo está dentro”

“Hice una proposición no de ley para crear un servicio de rescate aéreo de enfermos graves y accidentados y, pese a que yo estaba en la oposición, salió adelante”

José María Casielles Aguadé, en su casa de Oviedo. | Irma Collín

José María Casielles Aguadé, en su casa de Oviedo. | Irma Collín

José María Casielles Aguadé nació poco antes de que comenzase la guerra civil. Cuando tenía 10 meses un disparo de artillería destrozó la cuna en la que dormía. Milagrosamente el crío salió ileso. Vivió en un Oviedo que era un pañuelín. Estudió Químicas y Geológicas pero su pasión era la Farmacia, licenciatura que consiguió acabar en Alcalá de Henares siendo senador del PP y después de ser diputado en la Junta General del Principado.

Primeros pasos en la política. “Entré en el partido Democracia Social, que era de derechas y que presidía Licinio de la Fuente. Era uno de esos siete partidillos pequeños que luego se fusionaron en Alianza Popular (AP). Manuel Fraga consiguió reunirnos a todos. Así que soy uno de los fundadores de AP en Asturias. Yo no tenía muchas inquietudes políticas pero después de la muerte de Franco se montó una situación muy inestable, aquello se complicaba mucho. La muerte de Franco la viví tranquilamente pero sí que había sensación de intranquilidad, no se sabía cómo iba a terminar aquello ni cómo iba a empezar el nuevo régimen. Había visto lo mal que lo habían pasado aquí en la guerra y pensé que no quedaba más remedio que dar la cara. Mi padre me dijo que tuviese cuidado porque el mundo político es un mundo muy duro. A mi hay una cosa que no me gusta de la política y que es lo que quiere todo el mundo, cargos ejecutivos para mandar y hacer negocios. El mundo parlamentario me gusta mucho porque se parece mucho al mundo universitario, por el diálogo. Mi padre me dio una receta fundamental para la vida, que es que no se puede hablar mal de nadie, se critican los hechos y las ideas pero no a las personas. El problema de los partidos es que los adversarios están fuera y los enemigos están dentro. Eso es lo malo que tiene la política. En la primera legislatura fui diputado electo en la Junta General del Principado. Estuve de diputado regional de 1983 a 1987 y luego me eligieron senador y estuve hasta el 90. A finales del año 1984 me enteré de la triste pérdida del muy querido y apreciado doctor Pumariega, padre de compañeros de mis hijos, y como consecuencia del traslado urgente en ambulancia de un paciente suyo, al que quiso atender personalmente, yendo a buscarlo a Luarca desde Oviedo. Así que hablé con un familiar experto en aeronáutica e hice una proposición no de ley para la creación de un servicio de rescate aéreo de accidentados y enfermos graves en Asturias, con quince minutos de ida y otros quince de vuelta en helicóptero a cualquier extremo de la provincia. Yo estaba en la oposición y no fue bien acogida en principio, pero claro, todos los alcaldes veían que con eso se podía salvar vidas. Lo hablé con Pedro (de Silva, entonces presidente del Principado) y con su buena voluntad lo pusimos en marcha. De aquella la política era muy tranquila. Fue una etapa ejemplar, cedíamos por las dos partes. Tanto en el parlamento regional como en el Senado era todo muy respetuoso”.

La salida del PP. “Me fastidiaron mucho unas declaraciones de Mariano Rajoy en 2008. Lo pilló un periodista con un micrófono direccional y decía que los actos militares le parecían un coñazo. Inmediatamente le mandé mi baja. Soy alférez de complemento de ingenieros y lo tengo muy metido en el alma. Yo no puedo ser del PP y admitir que hablen mal del ejército o de la bandera, no lo soporto, no lo aguanto y me fui. Le mandé mi baja”.

Catedrático en Santander. En julio del 64 saqué la plaza de profesor adjunto de instituto. En noviembre tuve las oposiciones c cátedra. Me hacía ilusión casarme siendo catedrático, aunque nos íbamos a casar igual porque yo ya tenía un trabajo estable, no las tres perronas que cobraba antes. Fui a esa oposición y éramos más de 240 personas para 20 plazas. Eran seis ejercicios eliminatorios con un programa de 160 temas. Llegué al cuarto ejercicio y me cascaron, a mí y a una hija de Salustio Alvarado, que era el autor de la mayor parte de los libros de texto de ciencias naturales de instituto. Tengo la sospecha no confirmada de que se la cargaron por cargársela y me llevaron a mi por delante. Ese año no saqué la cátedra pero si al año siguiente, para el instituto femenino de Santander. Allí nos fuimos los dos, ya estábamos casados. Cogimos un piso muy pequeñín cerca del puerto y estuvimos un curso, muy bien, con gente muy joven. Con un director que era, más que hueso, antipático, era sacerdote. Yo soy un hombre creyente pero es que era antipático. En el concurso de traslados del año siguiente volvimos a Asturias, a Sama de Langreo, en el Jerónimo González, donde estuve cinco años. En el año 70 salió una cátedra de universidad y nos permitieron ir a los que éramos catedráticos de instituto aunque no tuviéramos el doctorado, fui y la saqué”.

Una década de inspector de Educación. “Ese mismo año saqué la plaza de inspector de enseñanza media. Estuve de inspector 10 años y a la vez daba alguna clase en la universidad. El primer año, el curso 70-71, me mandaron en comisión de servicio a Bilbao, me largaron para allá de inspector extraordinario. Tuve la suerte de que tenía buenos amigos vascos, la tercera parte de los compañeros de químicas eran vascos. Pero allí las cosas eran como eran. El seminario de Derio era impresentable, eran de la ETA, eran proetarras, digamos las cosas claras. Te lo decían descaradamente, aquello era poco agradable. La gente andaba como velas, cuando no le pegaban un tiro en la cabeza. Allí estabas vendido. Siempre hay gente buena y mala en todas partes, gracias a dios menos mala que buena”.

La mujer que tiró por la familia. “Tenemos cinco hijos. Cuatro varones y una niña, y seis nietos La chica hizo psicología, los chicos, hicieron todos Derecho, menos el pequeño que es topógrafo. Quien tiró de los hijos fue mi mujer. Ella tenía más trabajo que nadie. Nacieron de dos tacadas, tres entre el 67 y el 69 y otros dos a finales de los 70. Ella, que los tuvo, se acuerda mejor que yo de las fechas. Los crio ella. Yo trabajaba hasta en verano, me quedaba de guardia en agosto para que los compañeros pudiesen ir de vacaciones. La que bregó con los hijos fue ella, pasó mucho tiempo sola”.

Solo me queda morirme. “Ahora solo me queda morirme. Tengo 85 años. Estoy aquí fuera de sitio. La esperanza de vida antes de la pandemia, que ahora habrá bajado, era en Asturias de 85 años, de lo más alto de España, 90 años para las mujeres y 80 para los hombres, así que yo ya me he pasado cinco años. Pero por ahora aquí sigo. Sigo siendo docente y político porque creo que en la política, la de verdad, no la de partido, y en la educación, no se pueden dejar totalmente, siempre hay que estar al pie del cañón, en eso se parece mucho al periodismo. Yo he tenido 12.000 o 13.000 alumnos y llevo 50 años colaborando con LA NUEVA ESPAÑA. Y aquí estoy, en Oviedo, que siempre será Oviedo, no tiene remedio, y Asturias tampoco. Asturias seguirá siendo socialista y Oviedo centrista”.

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