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La ganadería asturiana de toda la vida está de moda en Europa

Las explotaciones familiares y respetuosas con el medio ambiente, marca regional, son del gusto de Bruselas para una PAC que se avecina “verde”: “Sin los fondos sería imposible seguir adelante”

Lucía Velasco, ganadera e influencer rural: "Quiero que la gente vea el trabajo que hay detrás del filete que llega a su mesa" VÍDEO: Amor Domínguez/ FOTO: Irma Collín

Para la foto con LA NUEVA ESPAÑA, Lucía Velasco da un beso a su vaca preferida, “Cereza” (la cual le corresponde), mientras mira de reojo al coche aparcado a pocos metros del prado, uno de los varios donde pasta su ganado durante el invierno en El Escamplero (Las Regueras). Dentro duerme como una bendita Nara, su hija de dos años, a la que se lleva con ella a trabajar cuando no le queda más remedio. El mayor, Samuel, de 11 años, está en el colegio.

Son los dos hijos que esta ganadera de 37 años tiene con su marido, Jorge Álvarez. Nara y Samuel están llamados en el futuro, si se mantiene la tradición familiar, a ponerse al frente de una ganadería que hoy suma un centenar de vacas de producción de carne que pastan siempre al aire libre: en otoño e invierno, por Las Regueras, y en primavera y verano, en la braña somedana de Cerreo, donde el matrimonio tiene su segunda casa.

Lucía y Jorge viven del ganado, como antes hicieron sus padres, sus abuelos, sus bisabuelos... “Van ya cuatro siglos”, explica Velasco, quien hace 13 años tomó la decisión de ponerse al frente de la explotación de su familia política. “Me daba pena que se acabara algo con tanta historia, mi marido dudaba y yo di el paso al frente”, apunta. Puso entonces punto y final a su carrera en el Ejército y volvió a sus raíces ganaderas, vaqueiras para más señas: sus padres son originarios de la braña tinetense de Bustellán, donde se ha practicado toda la vida la trashumancia.

Manuel Velasco, padre de Lucía, con la vaca “Cereza” de pequeña

Los Álvarez Velasco son el paradigma de ganadería familiar, en extensivo o, como se ha dado a llamar en los últimos tiempos, “verde” que ha habido toda la vida en Asturias –en general en toda la Cornisa Cantábrica– y que en Europa ahora se ha puesto de moda. Porque es intención de la Unión Europea que la próxima Política Agraria Común, la PAC, que entrará en vigor en un par de años (2023-2027), prime aquellas explotaciones apegadas al terreno, de carácter familiar, preocupadas por el medio ambiente y respetuosas con el mismo y, por supuesto, rentables.

“Sin la PAC esto sería imposible de mantener y seguir adelante”, sostiene Lucía Velasco, quien antes de irse a las brañas de Somiedo con sus vacas ha tenido que ocuparse de todo el papeleo para solicitar las ayudas. En Asturias este año son cerca de 150 millones de los que 64 corresponden a los pagos directos a agricultores y ganaderos. Hay unos 9.000 perceptores, a los que estos fondos europeos –cuyo origen fue garantizar una agricultura y ganadería en Europa tras la II Guerra Mundial capaces de abastecer de forma estable a una población empobrecida y agotada– les suponen un 30% como media de su renta.

“Es fundamental el apoyo a la ganadería familiar, en extensivo, que aquí practicamos. Lo veo bien que se prime”, sostiene Velasco. “Somos los que damos de comer y de forma natural, sin químicos. Además cuidamos el paisaje. Si no lo hacemos nosotros, quién si no. Como yo digo, las cabras, las vacas, las ovejas, son los ‘bomberos’ de los montes, porque pastando los mantienen limpios. Debe ponerse en valor esta forma de entender la ganadería en Asturias”.

Con todo, Lucía Velasco no oculta sus críticas a la ingente y creciente burocracia que tienen que hacer frente en el sector, así como a las “muchas” leyes que regulan su labor y sobre todo la dificultan. “Preparar todo lo de la PAC lleva su tiempo, es algo laborioso, un rollo vaya”, explica con humor. “Luego tenemos el problema del lobo, si no lo controlan, no podemos trabajar tranquilos. Eso es así, no pedimos erradicarlo, sino controlarlo, como toda la vida hicieron nuestros abuelos. Yo siempre lo digo: los que antes estaban en el monte, con el ganado, hacían quemas, limpiaban el matorral, se ocupaban de mantener los lobos a raya... ¿Pasó algo, desaparecieron los montes o la fauna salvaje? Pues no, ahí siguen. Así que no entiendo por qué ahora nosotros no podemos quitar una hierba sin pedir permiso. A veces se pone muy cuesta arriba seguir”.

Salustiano y Manuel Álvarez, abuelo y padre del marido de Lucía

Pero ya sabía Velasco, cuando decidió seguir con la tradición ganadera familiar, que eso de cuidar vacas es un oficio de 24 horas, duro, laborioso y que quita muchas veces el sueño. Por eso no se arrepiente y disfruta a diario con cada tarea. Cómo será que se sabe los nombres de cada vaca y, todo hay que decirlo, a día de hoy le cuesta verlas salir camino del matadero: “A mí comer carne, no te creas que me resulta fácil”.

La temporada de verano se avecina con cierto estrés por el lobo y porque hasta junio ella y su marido deberán repartirse la estancia en Somiedo hasta que los niños acaben el colegio. “En la escuela deberían enseñar de dónde viene el filete que llega al plato, lo que hay detrás y poner en valor todo el trabajo”. Sus hijos tienen en casa la mejor maestra para contarles que eso de la ganadería “verde” y familiar que tanto gusta ahora en la UE lo han practicado sus antepasados desde tiempos inmemoriales.

“¿Si me gustaría que mis hijos siguieran con esto? Pues no sé, ellos verán. Este me temo que es un oficio en extinción entre tanto papeleo, leyes, burocracia... Ya no pido que nos den facilidades, sino que simplemente nos dejen trabajar”, reflexiona Lucía Velasco. En el prado deja a “Cereza” y en el coche se reúne con Nara, quien sigue durmiendo plácidamente para tranquilidad de su madre, a la que le queda una larga jornada por delante con el resto de las vacas, tan exigentes o más que su pequeña hija. “Son las que nos dan de comer”.

Alba Álvarez (PSOE): “La PAC ayudará a la ganadería rentable y sostenible”

“Mi madre, desde que se fue de luna de miel, no ha vuelto a tener vacaciones”. De forma tan clara y sencilla resume la diputada del PSOE Alba Álvarez (Vegadeo, 1988) lo que supone vivir del campo –en el caso de su familia, de una explotación de 120 vacas de leche– y los esfuerzos y sacrificio que ello conlleva. Pese a esto y a haberse metido en política en 2015, no pierde de vista el oficio al que enfocó su formación (ingeniera técnico agrícola en explotaciones agropecuarias, ingeniera agrónoma), su profesión (es comercial de genética de vacuno lechero y preparadora de animales para concursos) y su tarea en la Junta General del Principado y en el PSOE como portavoz de Medio Rural y secretaria de área de Desarrollo Rural, respectivamente.

“Somos cuatro hermanas, la más cercana a la ganadería soy yo. Está ahí y es una opción. Todo depende de cómo evolucione mi vida... Pero quiero dejar claro que hoy en día es una profesión tan digna como otra cualquiera”, zanja la veigueña, quien después de pasar dos meses en Canadá de prácticas en una ganadería destaca el “orgullo” de las gentes de aquel país por el oficio. “Es la mayor diferencia que yo percibí con España, si bien aquí ahora estamos recuperando el orgullo de ser del campo. Ahí están las manifestaciones en defensa del medio rural, los jóvenes creo que vuelven a pensar en ello”.

Alba Álvarez, de pequeña, en una feria en Vegadeo; a la derecha, a la puerta de la Junta, en Oviedo. | Cedida por A. Á. / Carolina Díaz

En plena negociación del plan estratégico que definirá la próxima PAC, Alba Álvarez resalta la importancia del apoyo de Bruselas. “Compensa y ayuda a la producción. Cuida de los ganaderos y se ocupa de los jóvenes, de que haya relevo”, explica. La diputada socialista destaca también el esfuerzo de las comunidades del Norte por hacer valer las peculiaridades de su medio rural y de sus ganaderías “familiares, pequeñas, muy diferentes a las del resto de España”. Es optimista ante lo que pueda deparar la próxima política agraria: “Cuida mucho el aspecto medioambiental, y en ese sentido las zonas de montaña como la nuestra son importantes. La PAC nos ayudará a tener explotaciones rentables y sostenibles”.

Ella conoce bien los estragos que causa el lobo en las cabañas ganaderas –en Vegadeo y el resto de la rasa costera occidental, sin ir más lejos, han sufrido algunos ataques en pueblos que hasta hace pocos años nunca había visto al animal por allí– y defiende la postura del Gobierno del Principado (que choca con la del ejecutivo central) de apostar por una línea de ayudas a los daños de la fauna salvaje y por el plan regional del lobo –con sus controles poblacionales– que se estaba ejecutando. Cree que esto último no tiene por qué chocar con la futura PAC, en la que insiste que “Asturias tiene ventaja porque el Ministerio de Agricultura es receptivo con lo que defienden las comunidades del Norte”. No se olvida la veigueña del papel de la mujer en el medio rural –“la perspectiva de género está presente y creo que es importante”–, además del pequeño ganadero al que se quiere proteger.

Alba Álvarez tiene claro que el campo asturiano debe evolucionar y lo hará para mejor. No duda: “No me imagino una Asturias rural viva sin un medio rural vivo”.

Cristina Vega (PP): “El Norte debe unirse para pelear las ayudas”

No necesita documentarse la diputada del PP Cristina Vega para hablar del medio rural asturiano, de lo que supone la Política Agraria Común (PAC) para los ganaderos y agricultores, y sobre qué cuestiones hay que estar en alerta para que la próxima tanda de fondos (2023-2027) lleguen de forma justa y necesaria al sector en el Principado. Su pueblo Dagüeño (Cangas del Narcea) y la explotación familiar de sus padres (150 vacas de carne) han sido y son su escuela. “Soy muy de pueblo y para allá me voy en cuanto puedo. Mi hermano seguirá con la ganadería, le gusta y vale para ello. Pero somos tres hermanos más y teníamos claro que antes de que se perdiera, alguno se pondría al frente”, explica Vega, quien dice no saber qué son las vacaciones de verano. “Toca la hierba seca, como bien nos tiene avisadas mi madre. Es la época del año que más ayuda se necesita. Familia y vecinos, todo es poco. Así ha sido siempre en las casas que viven de la ganadería, del campo, en Asturias”.

Cristina Vega, con su joven vecina Leire, en Dagüeño; abajo, con el tractor a la hierba seca. Cedidas por C. V./ D. Á.

Porque es la de esta diputada que se hizo arquitecta para construir naves por el pueblo –“yo veía a mi abuelo hacerlo, porque era constructor y prendió en mí esa idea”– una ganadería con gran tradición familiar y en extensivo de esas que cumple todos los requisitos tan del gusto de Bruselas para la próxima PAC, aunque los estados miembros todavía no han cerrado el plan estratégico que definirá el reparto de los fondos. “Es necesario que el Norte se una para pelear por las ayudas, hacer valer las características de sus explotaciones, familiares, pequeñas... Aquí no hay llanuras como en el Sur, que aportan muchas hectáreas, lo que ahora define el reparto. A poco que nos descuidemos nos comen la tajada”, dice. “Los estados tienen ahora más margen para definir sus planes estratégicos y hacer sus propios análisis de los distintos subsectores agrarios estableciendo prioridades. Esto lo debemos aprovechar y fijar la atención en las particularidades de territorios como el asturiano”

Tiene muchas dudas Cristina Vega de qué resultará de la firme apuesta de la UE por el ecologismo. “Todos sabemos que la nueva PAC es más ‘verde’, y esto nos preocupa, porque ya vemos los cambios que introducen desde el gobierno más ecologista de la historia de España, como la protección del lobo, totalmente incompatible con nuestra ganadería en extensivo, o el decreto de purines, imposible de cumplir en Asturias”, advierte. Le preocupan también algunos términos que se pretenden incluir como “ecoesquemas”, cuya definición “no está muy clara”, al igual que la figura del “agricultor genuino”, al que se le exige un 30% de ingresos del sector para serlo y optar a ayudas: “Es poca cantidad, no da para vivir solo de esto. ¿Entonces?”.

Cristina Vega con el tractor a la hierba seca.

Vega sabe que la PAC fue y será necesaria para la supervivencia de un sector al que dedicarse hoy en día no es fácil. Tiene su propia visión y consejos. “De cero no se puede empezar, mejor olvidarse. Pero si hay tradición en casa, sí. Porque lo primero es que hay que saber de esto, que básicamente es saber de todo: mecánica, veterinaria, trámites administrativos, productos fitosanitarios... Y lo más importante, hay que modernizarse. Así, hoy en día no es un oficio tan duro como antes”.

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