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Los universitarios llegan “desmotivados” a los exámenes finales tras las clases online

“Hay agotamiento, pasamos el curso atrapados en la habitación”, dicen los estudiantes l El Rector, “preocupado” por el daño anímico del covid

Alumnos de la Facultad de Educación y Formación del Profesorado, en una prueba presencial el pasado mes de enero, en el polideportivo del campus Los Catalanes, en Oviedo. | Miki López

Alumnos de la Facultad de Educación y Formación del Profesorado, en una prueba presencial el pasado mes de enero, en el polideportivo del campus Los Catalanes, en Oviedo. | Miki López

“Agotados”, “desmotivados”, “estresados” y “peor preparados”. Así llegan los universitarios asturianos, según sus testimonios, a los exámenes finales, que empiezan mañana en los campus con un alto porcentaje de pruebas presenciales. Los estudiantes aseguran que las clases online, desde noviembre en el mejor de los casos y desde marzo de 2020 en el peor, les ha pasado factura a nivel anímico. Hay alumnos de primero que acabarán el curso sin haber pisado –salvo en períodos de evaluación– la facultad por culpa de la pandemia y las restricciones impuestas por Salud. “Hemos pasado el curso atrapados en nuestra habitación. Por mucho que se esfuercen los profesores, las clases online no son los mismo que las presenciales y nos cuesta mucho atender”, afirman. Esta realidad “preocupa”, y mucho, al rector, Ignacio Villaverde, que aspira a retomar la formación presencial en septiembre.

“La pandemia les ha robado cuestiones básicas de la vida universitaria, sobre todo en lo referente a la convivencia con sus compañeros y al trato con el profesorado. Me preocupa especialmente la situación de los estudiantes de primer curso. Algunos apenas han asistido a los campus, y eso es una pérdida importante”, afirma Villaverde. En esta situación está Nerea González Villa, ovetense de 18 años y estudiante de primero de Maestro en Infantil. “Estamos desmotivados, estresados y decepcionados con todo”, se queja.

“Yo no tuve –añade– ni una sola clase ni una sola práctica presencial. A los exámenes llegamos peor preparados porque nos pasamos el curso delante de una pantalla. Es verdad que en algunas asignaturas nos han quitado temario, pero eso no es suficiente”. Esta alumna asegura que arrancó el curso con ganas, “porque había cierta esperanza en volver a la presencialidad”, pero esa motivación fue desinflándose. Nerea González se pregunta ahora: “¿Por qué se han podido organizar exámenes presenciales y no ninguna clase y, en mi caso tampoco ninguna práctica, presencial?”.

Pelayo Iglesias, ovetense (de Colloto) de 21 años y en cuarto de carrera de Ingeniería Mecánica, abre el mismo interrogante: “¿Por qué podemos hacer un examen presencial y, sin embargo, no pudimos ir día a día a clase? El riesgo de contagiarte es el mismo, tomando las medidas de seguridad pertinentes”. Iglesias cree que la Universidad “podría haber aprovechado mucho más el potencial de las clases online y no se ha hecho”. Aunque también lo entiende. “Los profesores no están acostumbrados a dar clase de esta forma”, apostilla. A ello se suma la falta de concentración en casa. “Estamos más atentos en clase porque estás sentado en el aula y ya te mentalizas. De la otra forma estás en tu casa todo el tiempo y te distraes más fácilmente”, comenta. Como consecuencia del covid, este alumno de la Escuela Politécnica de Ingeniería también ha tenido que hacer fundamentalmente desde casa el trabajo fin de grado y las prácticas externas en una empresa, de forma online. “El no tener ese contacto directo se nota bastante”, opina.

“¿Por qué no pudimos ir a clase y sí dejan hacer presencial la evaluación?”, critican

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Paula Ladero, gijonesa de 21 años y estudiante de tercero de Medicina, dice que está ante su “peor curso”. “Estando cuatro o cinco horas seguidas delante de una pantalla, en la que ni siquiera estás viendo la cara del profesor, simplemente las dispositivas, me resulta súper difícil concentrarme. Además, la mayoría de las clases no son nada amenas. Lo único bueno es que algunos profesores las dejaron grabadas”, cuenta. La alumna de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud tiene “la sensación de estar atrapada” en la habitación, y sin apenas vías de escape. “Me está costando muchísimo estudiar, así que he dejado varias asignaturas para junio”, comenta.

Ladero hará todos sus exámenes presenciales y en el aspecto sanitario está “muy tranquila”. “Estamos todos vacunados y con dos dosis, así que me siento afortunada. Voy a estar centrada en el examen y no en si el compañero de al lado tose o estornuda”, señala.

Sergio Martínez Olivar, gijonés de 20 años y alumno de tercero de Ingeniería en Tecnologías Industriales, tiene seis exámenes por delante y los seis serán presenciales. “Yo los prefiero así, pero lo que comentamos todos es que las pruebas no se adaptan a nuestra realidad, a que hemos tenido clases online, en las que nos cuesta más atender”, comenta. Martínez comprende que los profesores tengan que exigir lo que contempla el currículo, pero cree que son pocos los que han puesto facilidades durante el curso. Por ejemplo, “en mi caso, solo dos profesores han dejado sus clases grabadas y muy pocos nos han proporcionado más apuntes para suplir esas carencias”. El gijonés afirma estar “cansado” de “estar metido en la habitación”. “Llevamos estudiando casi al mismo ritmo desde enero. Y encima apenas hemos podido desconectar saliendo con los amigos”, remata. El mismo agotamiento lo arrastra Bárbara Rodríguez, castrillonense de 23 años y en tercero de Derecho. “Estamos las 24 horas del día en casa. Tenemos mucha desmotivación”, comenta.

Jorge Novo, llarenense de 19 años, y en segundo del doble grado de Derecho y ADE, insiste en que, a nivel anímico, “todos estamos desmotivados y desconectados”. Tampoco, agrega, “sabemos cómo preparar unos exámenes que van a ser presenciales cuando venimos de clases online”. “Se aprende menos”, expresa. “Y la Universidad no es solo estudiar, también es estar en contacto con los alumnos en la cafetería, en los campus...”, añade. Algo que el covid le ha robado a él y a todos.

Ignacio Villaverde, “orgulloso” del “esfuerzo ímprobo” hecho por la comunidad académica

“El modelo online también ha castigado a los profesores, que han tenido que dar un salto sin la transición necesaria”, resalta el Rector

Ignacio Villaverde, rector de la Universidad de Oviedo, se siente “orgulloso” de su comunidad académica. Porque, a pesar del covid, subraya, “han hecho un esfuerzo ímprobo para que la actividad continuase”. Parte de forma online, como la formación, y otra parte presencial, como las prácticas. Una vez finalizadas las clases este viernes, el máximo representante de la institución hace balance. Y lo primero que admite es que ha sido un “curso complicado”, en el sentido de que “no se pudo recuperar la presencialidad, como todos hubiéramos deseado, ya que eso habría significado que la pandemia estaba superada”.

Pese a las dificultades, Villaverde resalta que la Universidad ha podido cumplir su “cometido principal”. “Se ha mantenido la docencia, las prácticas presenciales se han realizado, ha continuado la actividad investigadora, en la última etapa hemos reabierto con todas las garantías nuestras bibliotecas...”, menciona. El Rector cree que los estudiantes no se han visto perjudicados en el terreno formativo porque “desde la Universidad se han tomado en todo momento las medidas adecuadas para que la calidad de la enseñanza y la formación no se viera afectada”. Otra cosa diferente es “el plano afectivo emocional”, que “sí nos preocupa”. Y no solo el de alumnos, sino también el de profesores.

“El modelo de enseñanza online castiga a los alumnos, pero también al profesorado. Se ha visto obligado a realizar un salto al modelo online sin haber realizado la transición necesaria”, afirma. “Y esta situación, como no puede ser de otra manera, también supone un déficit en las relaciones. No es lo mismo dar una clase en un aula, con tus alumnos presentes, que a través de un Teams. Ha sido para ellos un año complicado”, añade Villaverde.

Las clases online han supuesto un ahorro económico importante en suministros para la Universidad de Oviedo. En concreto, de unos 290.000 euros en el primer trimestre de 2021, comparándolo con el de 2019, cuando no había pandemia. En los tres primeros meses de este año se ha producido una disminución del gasto del 28% en electricidad, del 20% en gas y del 5% en cuanto a agua.

La institución prepara un plan de formación telemática para los docentes


El plan de actuación para el próximo curso que esta semana presentó el Rectorado a los responsables de centros universitarios contempla la formación extra de docentes en herramientas telemáticas. En concreto, el documento dice que el Instituto de Innovación e Investigación Educativa elaborará un plan de formación dirigido al PDI con el objeto de proporcionarles conocimientos técnicos sobre las herramientas para la docencia telemática, así como metodologías pedagógicas. Este plan formativo deberá estar aprobado “en un plazo máximo de un mes” desde que el Consejo de Gobierno dé el visto bueno al documento marco para septiembre. La Universidad establece tres escenarios –verde, naranja y rojo–, siendo los más probables los dos primeros, que suponen la recuperación de las clases presenciales, aunque en el estado naranja con algunas limitaciones. El mismo plan recoge que la gerencia “creará, según la disponibilidad presupuestaria, un parque de equipos y medios” a disposición la comunidad universitaria a través de una convocatoria pública.

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