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Asturias hace PCR hasta en las cloacas: así funciona el robot capaz de detectar covid en aguas residuales y barrio por barrio

Ingenieros y microbiólogos desarrollan un robot capaz de identificar el virus en las redes de saneamiento 16 días antes de la aparición de los síntomas

Por la izquierda, Alberto García y Francisco García Carro, de la ingeniería Magna Dea, y Javier Fernández y Felipe Lombó, de la Universidad de Oviedo, con su prototipo de detección del covid en aguas residuales, en un laboratorio de la Facultad de Medicina.

Por la izquierda, Alberto García y Francisco García Carro, de la ingeniería Magna Dea, y Javier Fernández y Felipe Lombó, de la Universidad de Oviedo, con su prototipo de detección del covid en aguas residuales, en un laboratorio de la Facultad de Medicina.

Asturias es ahora capaz de hacer PCR hasta en las cloacas. La Universidad de Oviedo, la ingeniería Magna Dea, el Consorcio de Aguas del Principado (Cadasa) y la Empresa Municipal de Aguas de Gijón (EMA) han desarrollado un sistema robotizado que detecta el covid en las redes de saneamiento con hasta dieciséis días de antelación de la aparición de síntomas en pacientes. El proyecto “COV-RED”, como así lo han bautizado sus cuatro socios, podría suponer una revolución para las administraciones locales, que sabrían en todo momento qué estado de salud tiene su población. El equipo no solo es aplicable al coronavirus, sino también –y ahí radica su potencial– a cualquier infección viral o bacteriana que produzca diarrea. Desde la típica gastroenteritis hasta un brote de salmonela.

“Estoy convencido de que a partir de ahora no desperdiciaremos la información que nos dan las aguas residuales”, afirma Francisco García Carro, responsable de la empresa Magna Dea, con sede en Oviedo. Él y el resto del equipo han visto cómo todo lo que baja por el váter es en realidad un tesoro de datos. Colocando su prototipo en varios puntos de una ciudad, se podría tener un mapa con información en tiempo real por barrios de casos de covid u otras enfermedades antes incluso de saberlo el propio paciente. Es decir, se puede geolocalizar el virus. El proyecto, en el que trabajan una veintena de personas y que ha supuesto una inversión de casi medio millón de euros, está en la actualidad en fase de implantación, con una prueba piloto en los aliviaderos de Gijón.

¿Cómo detectan el covid? El prototipo es un robot, compuesto por una cadena de equipos, que con un brazo extrae una muestra de agua residual y la convierte en una muestra de laboratorio. “Todo se hace en la propia estación, de forma automática y constante, sin necesidad de un laboratorio”, aclara Felipe Lombó, investigador del grupo Bionuc (Biotecnología de Nutracéuticos y Compuestos Bioactivos), de la Facultad de Medicina de la Universidad de Oviedo. El último equipo del robot es un termociclador, que es el que hace la PCR. “Los datos se transmiten en tiempo real a una sala de control y, en caso positivo, se procede a dar el aviso”, explica el ingeniero Francisco García.

El robot se diseñó desde cero, pero con componentes existentes en el mercado. Lo más novedoso del proyecto es el desarrollo de un método analítico propio, que hicieron los científicos del área de Microbiología de la Facultad de Medicina. El prototipo es capaz de hacer hoy en día una tanda de análisis cada cuatro horas –seis al día–, pero el ritmo podría ser aún superior. “Nuestro reto ahora es conseguir un coste lo más reducido posible para que las administraciones puedan colocar no solo un robot, sino varios, y que sea también factible en los países en vías de desarrollo”, comenta el responsable de Magna Dea.

Un año de trabajo

Los padres de “COV-RED” lo hicieron móvil, con la idea de que pudiese salir fuera de Asturias y que también uno solo o unos pocos se pudiesen mover por las redes de saneamiento de una misma ciudad. “¿Cuántos hay que instalar? Eso dependerá de cómo de agregado quieran el dato las administraciones. Pero se podría poner uno por barrio, o a lo mejor les interesa concentrarlos cerca de colegios o de residencias de mayores...”, señala Francisco García. Las posibilidades son múltiples.

Los equipos de trabajo de Magna Dea y del grupo de investigación Bionuc se adentraron en esta iniciativa “de forma altruista”. La idea del proyecto surgió durante el confinamiento. ¿En qué podrían ayudar ellos en la lucha contra la pandemia? “El área de Microbiología de la Universidad de Oviedo y Magna Dea colaboran en muchos proyectos y se nos ocurrió aportar algún tipo de tecnología para anticiparnos a la segunda ola. Fue así cuando contactamos con Cadasa y la EMA”, detalla Francisco García. Lo que quizá nunca se imaginaron es que su idea iba a acabar teniendo tanto recorrido un año después. El invento es susceptible de ser registrado como patente y ha sido reconocido a nivel nacional por los Premios de Tecnología Humanitaria de Cruz Roja.

Estos galardones distinguen los trabajos más creativos e innovadores en la aplicación de tecnologías de la información y la comunicación “en beneficio de acciones humanitarias y de colectivos desfavorecidos”. En concreto, los cuatro socios asturianos recibieron una de las dos menciones especiales –renunciaron a su dotación económica– que la ONG concedió a proyectos relacionados con el covid-19. Cruz Roja valoró de la iniciativa regional su capacidad también para detectar otros virus, cambiando únicamente el patrón de análisis.

“Estamos muy ilusionados. No solo por acabar el proyecto, sino por poder instalar una red de equipos en otros países”, concluyen sus promotores.

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