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Una idea asturiana sobre 5G atrae a Silicon Valley

Una empresa ubicada en la meca de la tecnología en California explota el trabajo realizado por el ingeniero salinense Álvaro Fernández Vaquero para mejorar en interiores las coberturas de la última generación de telefonía

Álvaro Fernández Vaquero y Manuel Arrebola Ibaena, en su laboratorio con el prototipo de un sistema de medición del 5G en miniatura.

Una empresa de Silicon Valley, la sede en California de gigantes como Google, Apple o Facebook, explota una mejora tecnológica para el 5G ideada en Asturias. Y más en concreto, por el salinense Álvaro Fernández Vaquero, que está en su último año de tesis doctoral en el grupo de investigación de Teoría de la Señal y Comunicaciones de la Universidad de Oviedo. Este joven ingeniero de telecomunicaciones ha encontrado la forma de explotar mejor el campo cercano de un tipo de antenas –se llaman reflectarray y sustituyen a las parabólicas– para así aumentar las coberturas de la última generación de telefonía móvil en bandas milimétricas para comunicaciones en interiores.

“Tradicionalmente, lo que se ha hecho es concentrar el campo en un área. Sin embargo, lo que yo hago es expandir el campo dentro de un área para conseguir que sea lo más uniforme posible. Es decir, busco ensanchar y que sea plano, porque de esta forma cubrimos zonas ciegas y hacemos posible que a todos los usuarios les llegue la misma cobertura”, explica Fernández Vaquero, de 30 años. Su investigación se centra en las bandas milimétricas en interiores porque este es uno de lo principales desafíos a los que se enfrentan los operadores hoy en día. La revolución del 5G es más revolución si se aplica en bandas milimétricas –son una especie de grandes autopistas por las que se puede circular a muy alta velocidad– pero que mengua en espacios interiores.

“Los muros hacen que pierda potencia, de forma que la estación que está fuera no da buena cobertura dentro. Hay que hacer, por tanto, despliegues en interiores. Pero esos despliegues con el sistema actual son insostenibles desde el punto de vista energético: hacen falta tantas estaciones base que el consumo se dispara”, detalla Manuel Arrebola Baena, profesor titular del área de Teoría de la Señal y Comunicación y codirector de la tesis, junto a Marcos Rodríguez Pino. Y hay un problema más. “Tampoco se sabe cómo dar cobertura a los coches –agrega–, porque los vidrios la atenúan y, lógicamente, no podemos poner una estación por automóvil”.

Álvaro Fernández Vaquero, en la cámara anecoica, con su réplica en miniatura. Marcos León

La solución aportada por Álvaro Fernández Vaquero, consistente en ensanchar y hacer plano el campo cercano de la antena, es “prometedora”, pues, como destaca Arrebola, ha atraído a una compañía de Silicon Valley. “Estamos trabajando con ella desde la primavera de 2019 y fueron ellos los que vinieron a buscarnos. No hemos tenido que ir a venderles nada”, cuenta Manuel Arrebola. De hecho, los planes del investigador castrillonense, una vez presente la tesis a finales de verano, es continuar un año más en la Escuela Politécnica de Ingeniería de Gijón trabajando el proyecto que tienen firmado con la tecnológica californiana.

Mini cámaras anecoicas

Fernández Vaquero lleva colaborando con el grupo de Teoría de la Señal desde último año del grado de Ingeniería de Telecomunicaciones. “Mi TFG (trabajo fin de grado) ya estaba centrado en una de las líneas de investigación del profesor Manuel Arrebola”, expresa. Línea que ha continuado hasta hoy, pero dándole un giro, y partiendo desde la investigación más básica. La tesis es muy ambiciosa, porque consta de otra parte: el desarrollo de sistemas de medida compactos para dispositivos de 5G en bandas milimétricas. Dicho con otras palabras consiste en hacer “cámaras anecoicas en miniatura”. Estas cámaras son salas formadas por centenares de “pinchos” diseñados para absorber las reflexiones producidas por ondas acústicas o electromagnéticas. La recreación en pequeño que ha diseñado Álvaro Fernández se puede coger con las manos. Se busca que “cualquier empresa” pueda tener este sistema de medición y, además, a un coste mucho más bajo que el convencional.

Por si fuera poco, y fruto de una colaboración que tiene con el Instituto de Telecomunicaciones de Lisboa, el joven ingeniero también pretende fabricar su prototipo en impresión 3D. El que tiene diseñado está hecho con PCBs, que son placas de circuitos impresos. “Esto surge de mi estancia en Lisboa. Ellos están empezando a utilizar la fabricación aditiva para abaratar costes y buscando el nexo común salió esta posibilidad”, detalla. Durante su trayectoria hasta aquí, Álvaro Fernández también ha participado en un proyecto con la Agencia Especial Europea. Y gracias a este tipo de proyectos, que ha ido encadenando, ha podido sacar adelante su investigación. Hace seis meses logró una ayuda predoctoral de un año de la Universidad de Oviedo. En su momento sufrió el retraso de los contratos Severo Ochoa, conocidos como “becas tortuga” por la lentitud en su tramitación.

“Nuestro mayor enemigo es la Administración por la falta de apuesta. Desarrollas un trabajo, das lo mejor de tí y los que tienen que responder no lo hacen. La inestabilidad lleva a muchos a dejar esta carrera”, lamenta. Su director de tesis Manuel Arrebola lo tiene claro. “Sin estudiantes como Álvaro, la investigación fuerte está comprometida, porque un profesor tiene que atender muchas otras tareas. Ellos son nuestro mayor activo, son los que nos permiten mirar hacia el futuro”, insiste. Por su parte, el doctorando Álvaro Fernández da un “tirón de orejas” a la sociedad. “Tú en Inglaterra dices que estás haciendo el doctorado y la gente abre los ojos como platos. Lo comentas aquí y la reacción es: ‘¿Y qué es eso?’ O: ‘Ah, ¿pero sigues estudiando?’ Los ciudadanos tienen que exigir ciencia y no solo en pandemia”, sentencia.

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