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Xuan Xosé Sánchez Vicente Autor del libro “Asturies: ni nos vemos ni nos ven”

“No podemos permitir que el Estado nos siga ‘mexando’ mientras dice que ‘chove’”

“Los asturianos somos incapaces de tener una actitud colectiva en defensa de nuestros intereses y de vernos con orgullo”

Xuan Xosé Sánchez Vicente. | Juan Plaza

Xuan Xosé Sánchez Vicente. | Juan Plaza

Xuan Xosé Sánchez Vicente (Gijón, 1949), político, escritor y colaborador de LA NUEVA ESPAÑA, presenta mañana en el Centro de Cultura Instituto Jovellanos, a las 19.30 horas, el libro “Asturies: ni nos vemos ni nos ven”, una selección de artículos publicados en LA NUEVA ESPAÑA.

–¿Por qué no nos vemos?

–No hay país o no hay pueblo. Somos incapaces de tener una actitud colectiva en defensa de los intereses propios y de vernos con orgullo. Las disculpas siempre son del tipo “es que somos pocos, somos menos que un barrio de Madrid, no pintamos nada…” No pintamos nada porque no queremos pintar nada.

–¿Por qué no nos ven?

–En parte por culpa nuestra y por una larga tradición: la cultura dominante en Asturias es muy centralista. Hay una actitud permanente de subordinar voluntariamente nuestros intereses a los de los demás porque nos parecen mucho más grandes o mucho más importantes. Pasa siempre.

–¿De verdad cree que Asturias no pinta nada?

–Nada. Algunos artículos del libro revisan lo que juraron y perjuraron Pedro Sánchez, el Gobierno, el PSOE y los sindicatos: que no se cerraría ni una sola central en Asturias, que se mantendría el carbón… Y de un día para otro se cierra todo y queda el silencio más absoluto. Pero siguen acudiendo con banderas y gran entusiasmo a vitorear a quienes nos torean.

–¿Ayudó el “covadonguismo” a invisibilizar Asturias?

–En alguna medida, sí; pero mucho más el 34 y el franquismo. Es inconcebible que el 34 sea visto como un hito histórico positivo, porque no pretendía restaurar la democracia sino un golpe de estado socialista. En el franquismo aquí hubo régimen de estado. Hunosa, Ensidesa, etcétera llegaron a sumar cerca de 100.000 empleos. La mitad de la población dependía del Estado. Y queda en los ciudadanos la mentalidad de fondo de que, ante cualquier reivindicación laboral, es el Estado el que lo debe solucionar y ponernos una empresa.

–¿Se rieron de Asturias en el Congreso al rechazar la ley de la sanidad pública universal?

–Igual fue peor: una burla sangrienta. Que hagas a los tuyos arrastrar el culo por el ridículo más espantoso es la muestra absoluta de que Asturias y sus intereses no pintan nada. A los que fueron al Congreso como “pininos”, con entusiasmo, acabaron diciéndoles: “Hala, ir a rascala”. Eso no entra en ninguna relación humana, de mínima cortesía, de mínimo respeto.

–¿Se habrían atrevido a hacer lo mismo con otra comunidad autónoma?

–Con ninguna. Hubiesen llamado antes para retirarlo o aplazarlo.

–¿Hay en Asturias políticos con agallas?

–Creo que no. Dicen que no van a aceptar, que van a protestar... pero a final todo se acepta, todo se calla y se va llevando el asunto con disimulo. Habría que enfrentarse y correr el riesgo de romper, de perder el escaño y marcharse para casa. Pero hay una subordinación a los “grandes intereses del Estado”, como si no fuesen al final los de Cataluña o los del País Vasco. Esa es la gran falacia que los dirigentes asturianos tragan, porque están adoctrinados, “adomaos”.

–¿Van a descarbonizar Asturias a las bravas?

–Ya están en ello. Se abren centrales en Europa y aquí estamos empeñados ser los primeros de la escuela sin medir los efectos. Porque todo eso que se va a instalar, cuando se instale, de fondos verdes crea muy pocos empleos, nada.

–¿Cómo interpreta la llamada a la “rebelión” de Barbón?

–Será una ‘rebelión’ contra la propia naturaleza: aceptar la derrota y empezar a caminar por la nueva senda con la cabeza levantada, como si no hubiese pasado nada.

–¿Queda algo de la Asturias que el 25 de mayo de 1808 declaró la guerra a Napoleón?

–Es muy complejo. Fue un acto muy extraordinario dentro de España, de afirmación. Pero no fue, como algunos intentan hacer ver ahora, en favor de la independencia asturiana, ni de la república. Fue, al menos en principio, por Fernando VII, por el régimen absolutista, por seguir igual.

–¿Solución para pintar algo?

–Soy escéptico, pero creo saber cuales son los caminos para darle la vuelta a esta mentalidad colectiva de dependencia del Estado. Hay que podar la Administración hasta que quede “en tueru”; apostar por las empresas que tenemos, muchas de las cuales funcionan, crecen, exportan; y centrar la visión de los ciudadanos, los políticos y, fundamental, los sindicatos en lo que vive en el mundo y lo que puede vivir en el futuro. No podemos permitir que el Estado nos siga “mexando” en la cara mientras dice que “chove”. Hay que cambiar el chip y dejar de decir eso de que no somos nada, que a dónde vamos a ir solos si solo somos un millón... La Rioja y Cantabria son menos y “espoxiguen”.

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