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Ibias emprende rumbo a una nueva vid

El ocaso minero y la millonada de la Lotería agravaron la despoblación de un concejo que atrae a teletrabajadores suecos y emprendedores del vino

Chus, alumno de 6.º en el colegio Aurelio Menéndez pedalea en la plaza de San Antolín. | Ángel González

Chus, alumno de 6.º en el colegio Aurelio Menéndez pedalea en la plaza de San Antolín. | Ángel González

Necesitan agua fresca después del palizón. Óscar Sánchez y Víctor García aparcan sus bicicletas y beben en la fuente de la plaza en San Antolín Ibias. Dejaron los coches en Cangas del Narcea y luego cruzaron el puerto del Connio con su bucle de curvas. Ideales para pedalear sin sustos. Coinciden: “Muniellos mola mucho”. El paisaje es un gran imán para visitantes en busca de tranquilidad y un clima apacible. Aquí hay más sol que en ninguna parte de Asturias. El invierno ya es otra cosa. Se hace el duro.

José Manuel Cuervo e Isabel Álvarez. | Ángel González

Juan Ramón González, agente de desarrollo local, no tiene respuestas sobre el futuro de un concejo acechado por la despoblación: “¿Quién lo sabe?”. Una incógnita. La falta de vivienda en un problema. Las infraestructuras necesitarían un buen empujón y la cobertura telefónica tiene sus más y sus menos. La chavalería debe ir a estudiar fuera a los 16 años. Hay un colegio en Tormaleo y otro en San Antolín, el “Aurelio Menéndez”, donde dejaron huella profunda aquellas semanas de la comunicación llenar de personajes con mucho que contar. El ocaso minero fue decisivo para la despoblación. Y también la caprichosa fortuna: el 5 de enero de 1993 hubo lluvia de ella sobre Cangas de Narcea e Ibias. Más de 10.000 millones de las antiguas pesetas gracias al número 76.372. El primer premio en el sorteo de la Lotería del Niño animó a muchos beneficiados a irse.

Gonzalo Barcia, en el hoy cerrado bar Carmina. | Ángel González

Maldita pandemia. Y luego, el covid. Qué meses más duros. María Harastasan y Oscar Rodríguez regentan desde hace cuatro años un hotel en Cecos. A ver si se remonta este verano. Ella llegó a España desde Rumanía en 2002. Dejaron Madrid y volvieron a los orígenes de él. Tienen tres hijos de 15, 5 y 3 años. Rodríguez, natural de Villares, ve futuro en el ecoturismo. Ojalá no hubiera tantas trabas burocráticas. Junto al hotel serpentea un río que proporcionaría una piscina natural magnífica. Montar actividades de quad es complicado. Y la cobertura no está siempre a a la altura. Unas veces va bien y otras no, y no se sabe por qué. Las tormentas son muy dañinas. A una familia le cuesta más adaptarse: como haya un problema de salud grave, la distancia hasta el médico es demasiado larga. A cambio, cuánta tranquilidad. Y hay ventajas en los inconvenientes: “Le digo a mi hijo que es como si estudiara en Suiza porque hay muchos profesores para pocos alumnos”. La lucha es permanente por salir adelante, y más después de la pandemia: “Es como empezar de cero”.

María Harastasan y Óscar Rodríguez. | Ángel González

La dependencia minera. Manuel Ángel Rodríguez conoce estos paisajes como la palma de sus manos porque por ellas pasa el correo. Es cartero desde 1992. Ya llovió. Ya nevó. Visita aldeas pequeñas con pocos vecinos. Gente mayor casi siempre. Lo habitual: paquetes de mercado virtual chino, licencias de caza, alguna carta de Argentina, certificados, recibos de la luz. Conoció otros tiempos, cuando había mucha ganadería. Más movimiento, más vida. La mina lo aglutinaba todo y sepultó otras iniciativas. Las prejubilaciones adelgazaron los ratios. Y el premio de la lotería, más aún porque mucha gente aprovechó para comprarse casa en Oviedo o Gijón. José Ramón Fernández, no. Después de muchos años como taxista en Oviedo (conduce un Skoda de 2001 con más de un millón de kilómetros en el alma), decidió invertir en su querido Boiro: una vida de vides. Y su hijo Adri, de 22 años, heredó la pasión por el arte de producir vino. Estudió enología y ahora tienen una meta común: buen producto ecológico. Fuera química. La bodega Señorío de Ibias es la más joven de las bodegas de la D.O. Vino de Cangas. Hay bastante autoconsumo en la zona pero ellos son profesionales de pura cepa. Al padre le gustaría que hubiera un cambio de mentalidad colectiva: más emprendimiento, más unión. El vino como rama salvadora, por qué no. Hubo un tiempo en que este paisaje estaba invadido por las viñas. Y sus entrañas eran de oro puro. Por eso quieren que su vino exprese el terreno donde se origina.

Adrián y José Ramón Fernández. | Ángel González /

De Suecia a Boiro. Adri Fernández no solo produce vino: toca el acordeón en fiestas de prao. Hasta 40 en los buenos tiempos. El virus cortó la música. En cambio, a Linn y Anders Johansson les asentó en Ibias. A ver: estaban dando una vuelta en autocaravana por Europa, conocieron este pedazo de Asturias y los tres meses iniciales se han quedado cortos. Desde finales del año pasado viven en un casa custodiada por una cerezal que hace la boca agua. Vendieron sus empresas en Suecia y ahora trabajan como autónomos creando páginas web. Lo suyo es teletrabajo puro y duro. Y, de momento, la cobertura no les causa grandes problemas. Ella parte con ventaja en el idioma: sus padres son españoles y de pequeña vivió en Torrevieja. Estudiante de ciencias políticas, fue viajera incansables (India, Colombia, Estados Unidos...). En Asturias encuentra buena gente y muy amable (“es muy fácil vivir aquí”), paisajes extraordinarios para el senderismo y mucho sosiego. Calidad de vida. Planes: comprar casa, tener animales, una huerta. “De Boiro al cielo”.

Linn y Anders Johansson. /

Luchando 18 horas al día. “¡Lalo!” Lalo despierta de la siesta y se asoma a la puerta del ahora apagado bar “Carmina”, parada obligada en la carretera que lleva a San Antolín. Cuarenta años a pie de barra. Gonzalo Barcia se jubiló hace 15 y el bar es ahora “como una farmacia” por sus achaques de salud. “Vamos a la sombra”, pide porque la piel es muy delicada, y la de la memoria, más: echa de menos aquellos tiempos en los que había mucha gente. Llegó a haber nueve barinos, una carretera chigrera. “Terminó la mina y terminó todo”. Y cuando tocó la Lotería, “pocos invirtieron aquí”.

Manuel Ángel Rodríguez.

Manuel Ángel Rodríguez.

Isabel Álvarez fue nombrada en 2018 Mujer Emprendedora Rural de Asturias. Tienda. Mesón. Apartamentos. Matadero para poder mantener abierta la carnicería. Diversificando a tope. El despoblamiento pone las cosas difíciles. La pandemia las agrava aún más. Pero no se rinde. Jamás: “Luchando 18 horas diarias”. Como poco. A ver cómo se presenta el verano. Invita a la melancolía cruzar el comedor del mesón Eiroa, vacío y en sombra, con su puerta y su escalera de larga memoria. Ojalá se ayudara más a los autónomos: no se trata de recibir ayudas, bastaría con no pagar una fortuna por la luz, no tener impuestos como si estuvieras en la Puerta de Alcalá. Porque ideas y ganas no faltan, pero no basta. Ella lo sabe de sobra.

Óscar Sánchez y Víctor García. | A.G.

Óscar Sánchez y Víctor García. | A.G.

Ideas le sobran a José Manuel Cuervo. Vive en Villajane desde hace dos años. Dejó Londres para volver a la tierra de su familia y apostar por lo rural: “Las ciudades no tienen recorrido”. Aquí vive la última generación del medio rural a la que conviene escuchar. Aprender de ellos. A sus 47 años da la espalda a la mercantilización urbana y aquí es feliz. Regenerar pastos y ganadería: tomen nota. Y amoldarse a un nivel de vida que no es el mismo que en una ciudad. Recuperar valores perdidos, olvidar la huella del monocultivo minero. Ruralizarse.

En el colegio “Aurelio Menéndez” llegó a haber 500 alumnos. Hoy no llegan a 40. Uno de ellos da vueltas y vueltas y vueltas en su bicicleta por la plaza junto a la Iglesia, se llama Chus y comparte clase con los niños de 4º, 5º y 6º. Él es el único del último curso. Pedalea feliz en la plaza vacía.

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