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Juan Vázquez: “En los juegos de poder son habituales el cinismo, la ambición y la falta de escrúpulos”

El exrector relata en un libro su decepción tras pasar por la política como candidato de Ciudadanos y dibuja un partido naranja sin músculo, dividido y en el que se sintió muy pronto desamparado

Juan Vázquez.

Juan Vázquez.

Cuando el exrector Juan Vázquez se aventuró a ser candidato autonómico de Ciudadanos, su visión romántica de la política chocó de bruces con los tejemanejes en la trastienda, la deficiencias organizativas del partido, los recelos y luchas de poder internas y el seguidismo de las órdenes nacionales. Dos años después de renunciar al escaño obtenido en las elecciones de 2019, Vázquez desnuda su experiencia en el libro “Romanticismo y desencanto en política” (Clarín, 246 páginas), un relato descarnado de la colisión entre la visión académica y un tanto idílica, y la real del poder, mucho más acosada por miserias personales y batallas cortoplacistas. Hay “morbo” de revelaciones, un poco de ajuste de cuentas y mucha decepción: “En los juegos de poder el cinismo, el cálculo, la cautela, la ambición, la falta de escrúpulos, eran normas habituales de proceder”, refiere.

Vázquez pone a la vista la tramoya de la política regional en la primera mitad del 2019, desde que dio el “sí” a la propuesta de encabezar la candidatura del partido naranja hasta que el 24 de junio del mismo año, horas después de quedar constituida la Junta General, renunció a su escaño.

Largo cortejo. Vázquez relata las conversaciones para ser candidato, la primera reunión con el entonces portavoz, Ignacio Prendes, y su “rotundo no” inicial. Admitiendo su proximidad al PSOE aunque sin militancia, el exrector reconoce que su entorno y sus “propios impulsos internos”, fueron minando aquel recelo. Se alejaba “de un PSOE en el que ya no me reconocía”, pero admite que “un reconocido militante socialista” se ofreció a ayudarle a esclarecer su decisión. “Se trataba obviamente de una gestión alentada desde instancias del aparato del partido y destinada a desaconsejarme abiertamente la candidatura”. Un almuerzo en el Club 31 de Madrid con Rivera y con Prendes presente dio el empujón definitivo. A la espera de las obligadas primarias, Vázquez fue participando en actividades y ejerciendo de aprendiz de candidato. Relata, por ejemplo, el entusiasmo que le trasladó Luis Garicano, o la estrambótica escena en la que, durante una reunión en “un bar de carretera de las afueras de Oviedo” (aún no podía usar la sede del partido al no haber ganado las primarias), el coche de uno de los asistentes comenzó a deslizarse por el empinado parking mientras los clientes del local trataban lo frenaban para evitar que se precipitase. Casi parecía una advertencia del destino.

Un partido dividido. “Las dos almas” en Ciudadanos (los que, junto con Ignacio Prendes provenían del entorno más progresista de UPyD y los que defendían su genuina sangre naranja) pasaron pronto factura y él se vio “entre dos fuegos”. Entre los que se consideraban “genuinamente Ciudadanos”, apreciaba aquellos que “procedían de la fallida aventura del partido de Álvarez-Cascos, y algunos ‘buscadores de rentas políticas’ con escuálidos currícula profesionales”. Vázquez reconoce que durante la campaña tuvo cordialidad y confianza con las agrupaciones de Avilés y Gijón, mientras que con la de Oviedo “los recelos y la distancia iban agrandándose paulatinamente”. La imagen que revela sobre la formación naranja es desoladora: “En el partido no había mucho con lo que se pudiese contar. Ni un cuerpo ideológico y de doctrina bien definido y asentado, ni una organización adecuada para elaborar un programa solvente y un proyecto transformador”. Pero, además, “a nadie parecía importarle gran cosa tampoco”.

Jarro de agua fría con Arrimadas. Vázquez relata casi como uno de los puntos de inflexión el mítin de Inés Arrimadas en Oviedo. La líder de Ciudadanos pasó fugazmente (“Todo resultó apresurado y hecho a la medida de Inés más que a la mía”). Antes del mítin el exrector pudo conversar unos minutos con ella y le pidió que pusiese “un especial cuidado en distinguir entre el ‘sanchismo’ y el socialismo más tradicional, por el apoyo que en Asturias podríamos recibir de algunos de sus votantes y por el papel que había desempeñado el presidente Javier Fernández”). Arrimadas tomó notas, pero no hizo ninguna alusión: “Desoyó por completo mis recomendaciones” señala el entonces candidato en el libro. Arrimadas insistió en el “cinturón sanitario” al PSOE y en la preferencia de alianza con el PP. Vázquez reconoce que se sintió “defraudado”, y aquello abrió el ataque del PSOE asturiano contra su perfil enfatizando que Ciudadanos formaba parte inequívoca de “las tres derechas”.

La lista. Su pretensión de rodearse de nombres afines en la candidatura fue rechazada por el entonces secretario nacional de organización, Fran Hervías, con una propuesta “decepcionante e inaceptable, compuesta exclusivamente por personas en cuyas trayectorias lo más destacable era la lealtad y la mediocridad”.

La campaña. Juan Vázquez dedica gran parte de su libro a las experiencias de la campaña, de la que reconoce también haber descubierto aspectos de Asturias. Fueron días inmerso en una especie de “road movie” en furgoneta con el equipo fundamental (Carlos Baumann, Rodolfo Gutiérrez, Ramiro Lomba...). El relato se cuaja de anécdotas diversas y concluye que “la política metida en campaña desataba las ocurrencias y mataba la imaginación”, además de que “en los electores resultaba tan difícil calar, como fácil poderlos engatusar”. Eso hizo a Vázquez sentirse en momentos como ”un feriante con mercancía electoral” y concluir que “lo que la gente necesitaba era un relato sencillo de comprender y fácil de digerir, un relato moral, con buenos y malos, que dirigiese su emotividad”. “En la política los sentimientos siempre podían con la razón”, afirma.

La noche electoral. “Desde el primer momento las cosas pintaban mal”, reconoce Vázquez. Ciudadanos no obtuvo la representación suficiente como para resultar aliado necesario para el PSOE. Tras su primera intervención, Vázquez reconoce la “desagradable sorpresa” que le supuso “el modo desmedidamente festivo en que la candidatura municipal (de Oviedo) celebraba unos resultados que no eran tan diferentes de los míos” y admite que escuchó “intervenciones que me parecieron por lo menos desconsideradas conmigo”. “Me fui discretamente y sin despedirme, para no crear ningún conflicto y terminar la noche en paz”.

El pacto de Oviedo. Vázquez refiere que, tras las municipales, “los miembros de la candidatura de Oviedo tenían perfectamente clara desde el principio su determinación de pactar con el PP”, mientras que él defendía las conversaciones con el PSOE. Según relata, el PSOE propuso intercambiar la alcaldía de Oviedo por la presidencia de la Junta, “una propuesta que al principio se me trató de ocultar y luego se procuró marginar”. “Todo esto me fue dejando en una clamorosa soledad, convirtiéndome en una pieza molesta para la candidatura municipal (de Oviedo) y en un obstáculo en todo proceso negociador, y provocando momentos de tensión y enfrentamiento”.

Dimisión. El exrector reconoce que desde el día siguiente de las elecciones tuvo en mente que se adentraba “en un territorio desconocido” y que debía preparar su salida. Se enfrentó al “silencio” de quienes antes le animaban, asumió el resultado como una “indudable decepción”. Tomó el acta de diputado y contempló un grupo parlamentario “escaso, limitado, inadecuado, fracturado, roto y sospechaba que ineficaz”. El día antes de la sesión constitutiva confesó a Ignacio Prendes y los diputados Ana Coto y Armando Fernández que renunciaría al escaño inmediatamente después de constituido el Parlamento. Envió mensajes a Rivera y a Fran Hervías. El primero nunca le respondió; el segundo lamentó que “no encajase en el partido”. Al tiempo hubo otras salidas “sin que hubiese nada planificado”, como las de Javier Nart o Toni Roldán.

Sin nombres propios. Pocos nombres propios de la política regional, ajenos a Ciudadanos, afloran en el libro. E incluso del partido naranja pocos se explicitan. Sí hay referencias a Javier Fernández o a Adrián Barbón. De este último refiere un par de conversaciones, como aquella en la que el hoy Presidente le confesó que en algunas encuestas internas del PSOE la candidatura de Juan Vázquez estuvo en empate con la del PP de Teresa Mallada.

En definitiva, desencanto, decepción y un punto de justificada argumentación por las decisiones tomadas. Con todo, Juan Vázquez concluye que confía en que a no tardar recuperará la fe “en el romanticiso de la democracia, la política y el servicio público”.

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