Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

“Hay que perder el miedo a intervenir” con osos problemáticos, piden los expertos

“Escuchar mucho a la gente de los pueblos” y “más esfuerzo” en medidas disuasorias sobre plantígrados, recetas que urgen en la región

Osos a la puerta de casa Miki López

Asturias tiene que “perder el miedo a intervenir” ante osos habituados, peligrosos o con problemas, y aplicar su protocolo aún “con más esfuerzo”. Esta es una de las peticiones que hacen los expertos a raíz del zarpazo –todo parece indicar que “fortuito”– que un plantígrado propinó este domingo a una vecina de 75 años en el valle de Cibea (Cangas del Narcea). Aunque se descarta, al menos por el momento, tomar medidas sobre el ejemplar como capturarlo, ya que no se considera un individuo problemático, los especialistas insisten en que hay que “intervenir proactivamente” ante una especie que va a más –se calcula que hoy en día hay unos 330 osos en la Cordillera Cantábrica– y “escuchar mucho a la gente de los pueblos”. Sobre todo, remarcan, hay que actuar rápidamente ante plantígrados jóvenes que se acercan demasiado a las casas para evitar que se habitúen a ello.

“En Asturias llevamos poco tiempo interviniendo y hay que perder el miedo. Debemos aplicar el protocolo con más rigor y esfuerzo”, señala Fernando Ballesteros, biólogo de la Fundación Oso Pardo (FOP), una de las instituciones que más presionó para que el documento de actuación ante osos de la Cordillera Cantábrica viese la luz en 2019. Este protocolo recoge diferentes medidas en función de la triple clasificación de osos que hace: problemáticos o peligrosos –no se considera como tales los ejemplares que “exhiban comportamientos agresivos defensivos como sucede con un oso herido, un oso acosado en una cacería, un oso sorprendido súbitamente en una vía de escape bloqueada, un oso alimentándose en una carroña o en un lugar de descanso y, particularmente, una hembra con crías–, habituados –son ejemplares que “de manera recurrente” bajan a los pueblos en busca de comida– y los osos con problemas –como esbardos abandonados, ejemplares heridos, enfermos...–.

Los agentes del Medio Natural han actuado en varias ocasiones ante osos con problemas –la última el pasado abril con la cría “Yernes”, que se recupera en cautividad antes de su puesta en libertad– y alguna vez ante plantígrados habituados, que huyen de los machos dominantes. “Hasta ahora hemos utilizado las medidas más suaves: uso de pirotecnia, bolas de goma... Pero no hemos realizado ninguna captura al no haber sido necesaria”, comenta Ballesteros. La captura solo está permitida si el animal persiste en su comportamiento de acercarse a los pueblos y siempre y cuando se hayan realizado al menos tres intervenciones más flojas. De igual forma, la recogida está autorizada por la Administración si es un oso problemático o agresivo. En estos casos, se trasladaría al individuo a cautividad o, incluso, podrían llegar a sacrificarlo en el lugar o en el centro de recuperación.

Así funciona el protocolo de intervención con osos en la cordillera Cantábrica

Diferencia entre tres tipos de osos y fija diferentes actuaciones según esta clasificación

Con problemas

Habituados

Problemáticos

Son esbardos abandonados, ejemplares heridos y enfermos...

Son plantígrados que de “manera recurrente” bajan a los pueblos.

Son ejemplares “agresivos y peligrosos que tienen un comportamiento que ocasiona situaciones graves de conflicto con los humanos”.

TIPO

Seguimiento

del animal,

realización

de primeros

auxilios en

el lugar

donde fue

recogido y, en última instancia, trasladarlo a un centro de recuperación o clínica veterinaria con el fin de liberarlo cuando esté recuperado.

La disuasión se hará poniéndose frente al oso, manteniendo contacto visual permanente con él y usando un tono firme y severo. Si esto no funciona, se continuará con gritos, elementos sonoros, perros, pirotecnia, disparos de bala de goma o munición real de poco gramaje. Si aun persiste en su comportamiento, se podrá capturar para llevarlo a cautividad.

Si “inequí-

vocamente”

tiene un

comporta-

miento

problemático,

se pondrá en

marcha un operativo para la retirada del ejemplar y su traslado a cautividad. En casos extremos, se permite su sacrificio.

ACTUACIÓN

Protocolo de

intervención con osos

en la cordillera Cantábrica

Diferencia entre tres tipos de osos

y fija diferentes actuaciones según

esta clasificación

CON PROBLEMAS

Son esbardos abandonados, ejemplares heridos y enfermos...

Actuación

Seguimiento

del animal,

realización

de primeros

auxilios en

el lugar

donde fue

recogido y, en última instancia, trasladarlo a un centro de recuperación o clínica veterinaria con el fin de liberarlo cuando esté recuperado.

HABITUADOS

Son plantígrados que de “manera recurrente” bajan

a los pueblos.

Actuación

La disuasión se hará poniéndose frente al oso, manteniendo contacto visual permanente con él y usando un tono firme y severo. Si esto no funciona, se continuará con gritos, elementos sonoros, perros, pirotecnia, disparos de bala de goma o munición real de poco gramaje. Si aun persiste en su comportamiento, se podrá capturar para llevarlo a cautividad.

PROBLEMÁTICOS

Son ejemplares “agresivos y peligrosos que tienen un comportamiento que ocasiona situaciones graves de conflicto con los humanos”.

Si “inequí-

vocamente”

tiene un

comporta-

miento

problemático,

se pondrá en

marcha un operativo para la retirada del ejemplar y su traslado a cautividad. En casos extremos, se permite su sacrificio.

Protocolo de intervención con osos en la cordillera Cantábrica

Diferencia entre tres tipos de osos y fija diferentes actuaciones según esta clasificación

Con problemas

Habituados

Problemáticos

Son esbardos abandonados, ejemplares heridos y enfermos...

Son plantígrados que de “manera recurrente”

bajan a los pueblos.

Son ejemplares “agresivos y peligrosos que tienen un comportamiento que ocasiona situaciones graves de conflicto con los humanos”.

TIPO

Seguimiento

del animal,

realización

de primeros

auxilios en

el lugar

donde fue

recogido y, en última instancia, trasladarlo a un centro de recuperación o clínica veterinaria con el fin de liberarlo cuando esté recuperado.

La disuasión se hará poniéndose frente al oso, manteniendo contacto visual permanente con él y usando un tono firme y severo. Si esto no funciona, se continuará con gritos, elementos sonoros, perros, pirotecnia, disparos de bala de goma o munición real de poco gramaje. Si aun persiste en su comportamiento, se podrá capturar para llevarlo a cautividad.

Si “inequí-

vocamente”

tiene un

comporta-

miento

problemático,

se pondrá en

marcha un operativo para la retirada del ejemplar y su traslado a cautividad. En casos extremos, se permite su sacrificio.

ACTUACIÓN

En otros países, como Estados Unidos, “lo más común” es capturar al ejemplar conflictivo para trasladarlo a un lugar más remoto, como comenta el científico del CSIC, Vincenzo Penteriani. Así operan, por ejemplo, en el parque nacional de Yellowstone. “Son los que están más organizados y los que tienen un protocolo muy avanzado”, indica. El responsable del Grupo de Investigación del Oso Cantábrico, de la Unidad Mixta de Investigación en Biodiversidad (UMIB), con sede en el campus universitario de Mieres, puntualiza, no obstante, que esas intervenciones se realizan ante osos reincidentes y se excluyen a las hembras con crías. No obstante, remarca, “esos ejemplares no tienen nada que ver con nuestros osos”: “La población cantábrica es muy tranquila; estamos hablando del primer ataque en la zona occidental en décadas”.

Un reciente trabajo realizado por 78 investigadores de todo el mundo, entre ellos el biólogo ovetense Javier Naves, recoge que el número actual de osos pardos en todo el globo es de unos 200.000. En Rusia se cree que la población es de unos 100.000, en Norteamérica, 58.000 y en Europa (excluyendo Rusia), de unos 15.400. Aunque raros, dicen los expertos, los ataques de plantígrados a humanos están aumentando como consecuencia principalmente del mayor acceso a hábitats oseras debido al auge del turismo. Así, entre el 2000 y el 2015 se contabilizaron en el mundo 664 ataques de oso pardo a seres humanos. En España hubo seis –ninguno mortal–, de los cuales cinco tuvieron lugar en la Cordillera y uno en los Pirineos. Según el estudio, solo el 6,6% de los ataques globales fueron fatales en Europa, frente al 13,1% en Norteamérica y el 32% en Asia. La mayoría de las agresiones respondieron a comportamientos defensivos y en el 50% de los casos a hembras con crías.

Penteriani cree que el protocolo de intervención de osos de la Cordillera Cantábrica, y que es común para las cuatro comunidades del norte, “está bien, teniendo en cuenta la rareza” de sucesos como el ocurrido este fin de semana en Cangas del Narcea. “A saber la cantidad de veces que pasamos al lado de un oso sin darnos cuenta y no pasó nada”, afirma. En este caso, hubo mala suerte porque todo apunta a que el animal se vio sorprendido súbitamente, a lo que hay que sumar que en época de celo, como la actual, “pierden la noción”. A juicio del investigador del CSIC, “el mejor instrumento” que tiene Asturias es la Patrulla Oso, un equipo de guardas, con Miguel Fernández Otero a la cabeza, que se dedica a la conservación de la especie. “Son personas que trabajan todos los días con el oso; eso es un valor”, apunta Penteriani, quien aconseja utilizar cámaras de fototrampeo para monitorizar el área del ataque de forma continua.

Carlos Nores, biólogo del Instituto de Recursos Naturales y Ordenación del Territorio (Indurot) de la Universidad de Oviedo, sostiene que lo bueno de los protocolos es que “se pueden revisar” en el momento en el que se vea una casuística que va a más y no está recogida. Pero de momento el texto es “reciente” y está adaptado a la realidad. Nores, al igual que otros compañeros, pide que no cunda el alarmismo tras lo sucedido en el valle de Cibea y pone como ejemplo los cada vez más frecuentes encuentros de osos en carreteras. “¿Cuántas veces se han visto a conductores grabando a osos y no ha pasado nada? El problema es que aquí la señora no iba en coche”, lamenta. Y estaba, por tanto, más desprotegida. El investigador ovetense hace hincapié en que las poblaciones oseras del mundo no son comparables y que cada protocolo –en el fondo son similares– responden a unas culturas diferentes. También señala que, a diferencia de Yellowstone, el plan asturiano no contempla la reubicación de un animal conflictivo en otro lugar de la montaña, sino llevarlo a un centro cautivo, porque “aquí cada 5 kilómetros tenemos un pueblo”.

Sin cobertura, sin internet y “ahora tenemos que escondernos del oso”

La mujer herida por un plantígrado sigue “bien y animada” | La vida en el valle de Cibea: “Esta no será la última vez que pase”

Pablo Tuñón


“¡Ten cuidado, por Dios! ¡No salgas de paseo!”. Los vecinos del valle de Cibea escuchan ahora advertencias de sus conocidos cuando bajan a Cangas del Narcea para hacer recados. Pero como para que les quiten también el paseo. Salir a caminar resulta una actividad poco menos que imprescindible para una población envejecida y acostumbrada a disfrutar de su gran tesoro: el entorno natural.

Ese entorno lleva décadas siendo escenario de la convivencia entre humanos y el oso pardo cantábrico. Pero en la zona ya ni se acordaban de los ataques de plantígrados a personas. Ahora, con la vecina de Sonande atacada por un gran oso recuperándose en el hospital, a sus 75 años, de las graves heridas sufridas, ya no se pasea igual por la carretera que une su pueblo con Sorrodiles, casi una “ruta del colesterol” en el valle de Cibea, donde ya llevan años viendo con más frecuencia y más cerca de sus pueblos a los osos.

Carmen Suárez sigue en el hospital Carmen y Severo Ochoa, “bien y animada” para superar la fractura de cadera y las graves secuelas en el rostro que le dejó el zarpazo del plantígrado. El grave percance está lejos de derrotar a su carácter proactivo. Mientras, la Patrulla Oso del Principado continúa vigilante por si el ejemplar reincidiese en un comportamiento de riesgo para los humanos, algo que prácticamente descartan. Aún “llevará días” analizar las muestras de pelo dejadas por el animal en varios alambres de espino de los praos por los que emprendió su huida hacia la montaña. Con ellas se podrá confirmar algunas características del ejemplar.

En la parroquia canguesa de Cibea es momento de analizar lo ocurrido, y de comparar tiempos pasados con los presentes. Tienen la sensación de que “esta no será la última vez” que suceda algo así, máxime si el Principado no toma cartas en el asunto para que los osos vuelvan a guardar más distancia con los habitantes del valle. La memoria de los pocos que resisten en los pueblos se enciende. “Antes, los mayores nos decían: ‘El oso quiere estar tranquilo en el monte’. Por aquel entonces andaban por un bosque comunal que teníamos. Pero qué paradoja: ahora somos nosotros los que tenemos que escondernos del oso”, comentan en Sorrodiles.

Otra cuestión que ponen en solfa los vecinos son los cálculos oficiales de ejemplares: los últimos se sitúan en 38 hembras con crías en toda la Cordillera Cantábrica. Fuentes conocedoras del conteo reconocen que “cuando solo había ocho o nueve, podíamos contarlas a ojo; ahora, cuando ya hemos llegado a cuarenta, es imposible no perderse”. Una radiografía más fiable de la población del oso cantábrico parece otra asignatura pendiente.

En Cibea, los habitantes cada vez se los tropiezan más. Y el reciente ataque pone el problema de la convivencia con más fuerza sobre la mesa, que se une a otros que se amontonan en el mostrador regional de políticas para la zona rural. A la entrada de Sorrodiles, y casi ajena al revuelo formado por el grave incidente osero, una cuadrilla trabaja para instalar una depuradora. “¿Ahora que quedamos cuatro gastan dinero en saneamiento?”, se preguntan con mucha intención en un pueblo donde la cobertura telefónica –al igual que en la práctica totalidad del valle de Cibea– es nula. Y la banda ancha, una utopía: “¿Así cómo quieren que venga la gente?”.

Compartir el artículo

stats