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Rafael Cofiño Director general de Salud Pública del Principado

“Tuve noches delante del ordenador de ponerme a llorar y decir: ‘No puedo más’”

“Soy optimista de cara al verano en Asturias; habrá brotes y contratiempos, pero tenemos un buen ritmo de vacunación y eso significa menos población susceptible de enfermar”

Rafael Cofiño, director general de Salud Pública: "La pandemia nos ha enseñado la necesidad de reforzar nuestro sistema de salud pública" VÍDEO: Amor Domínguez/ FOTO: Irma Collín

Rafael Cofiño Fernández (Gijón, 1969) se autodefine como “escritor, poeta y especialista en Medicina Familiar y Comunitaria”. Ha publicado varios libros y cultiva la comunicación a través de redes sociales y de diversos blogs. En 2019 se hizo cargo de la Dirección General de Salud Pública del Principado. Desde este cargo ha pilotado una faceta decisiva de la batalla contra el coronavirus. Irradia pasión por lo que hace. Vestido de negro, como casi siempre, tiene todo apuntado en una libreta grande y bastante ajada. Le gustan las metáforas y cita con frecuencia y variedad: poetas, películas, Mafalda, Nacho Vegas... Como todo hijo de vecino, recibió la primera dosis de la vacuna anticovid cuando le tocaba por edad. O sea, el pasado martes.

Rafael Cofiño. | Irma Collín

Rafael Cofiño. | Irma Collín

–¿Qué le pusieron?

–Pfizer

–¿Y cuál prefería usted?

–La que me tocara

–En este año y pico de pandemia, ¿usted también tuvo momentos en los que todo le parecía una pesadilla?

–Me ocurrió el día que salí de mi despacho y fui a la Delegación del Gobierno para hablar sobre el hospital de campaña que el Ejército tenía que instalar en el parking del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA). Fue muy fuerte ver Oviedo tan vacío. Era algo que nunca había soñado. Parecía una película.

–¿Cuál es el momento más duro que recuerda?

–El cierre de Asturias, el viernes 13 de marzo de 2020, por la noche. Al día siguiente llegó el estado de alarma a nivel nacional. Cuando firmamos aquella primera resolución fuimos muy conscientes de la gravedad de la situación.

El momento más duro fue firmar el cierre de Asturias, el 13 de marzo; al día siguiente llegó el estado de alarma

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–¿Y la mayor enseñanza?

–La importancia del trabajo de todo el equipo de la Dirección General de Salud Pública. Todos sacrificaron muchas cosas personales para dedicar casi 24 horas a luchar contra la pandemia.

–¿En estos meses le ha llamado gente llorando?

–Sí. Profesionales, vecinos, ciudadanos, amigos...

–Llorando

–Llorando. Todos hemos llorado mucho en la pandemia. También gente del equipo, personas cercanas...

–Le llamaban y qué les decía.

–Lo que se podía decir, o no había nada que decir. Ante la muerte de un familiar, por covid o por otra causa, tampoco había mucho que decir.

–¿Sintió impotencia en algún momento?

–Sentí cansancio. De llegar a la noche, estar sentado delante del ordenador y ponerme a llorar. Y decir: “No puedo más”. No puedo más por cansancio o porque quedaban muchas cosas por hacer antes de acostarse.

Las relaciones con los hosteleros en esta pandemia no han sido difíciles, sino de entendimiento

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–¿En estos 16 meses llegó a pensar en tirar la toalla, en marcharse y que viniera otro?

–Yo creo que eso lo pensamos todos. A veces comparo lo que hemos vivido con la película “Interstellar”, de Cristopher Nolan, cuando llegan a un planeta en el que cada hora eran varios años. Aquí ha ocurrido algo parecido: cada semana de trabajo eran varios meses.

–Cuando estaba más bajo, ¿qué era lo que le relajaba?

–Tengo mucha suerte. He estado muy bien cuidado por las personas que he tenido a mi alrededor: desde el equipo macro hasta los compañeros más cercanos, y luego en mi casa. Me he sentido muy apoyado. Y luego el refuerzo de muchas personas de muchos contextos.

–¿Cuánto dormía en los peores momentos?

–Lo habitual: cinco o seis horas. Y después, si se puede, un pigacín en el despacho o en el coche... (risas). Pero en general he dormido muy bien. Ha sido un consumo físico y psicológico muy importante. Ya digo que, de alguna manera, hemos hecho dos legislaturas en solo media legislatura. Ha sido duro, y hay que valorar que para este tipo de puestos hace falta gente con la cabeza fresca, buenas ideas y demás.

–¿Está anunciando que va a poner su cargo a disposición del consejero de Salud?

–No, por lo menos en el momento actual. Pero es una posibilidad que puede ser en cualquier momento. Hay que evitar ciertas posiciones épicas y anteponer el servicio a la ciudadanía.  

–Ya se están gestando nuevas pandemias, suele decir...

–Sí. Todo lo relacionado con el cambio climático va a ser un reto a nivel global, no solo en cuestiones de salud. Influyen los cambios sociodemográficos, la densidad de población, los viajes...

Ha sido un consumo físico y psicológico muy importante; hemos hecho dos legislaturas en solo media

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–¿Se atreve a poner fecha a la próxima pandemia?

–No, no me atrevería... Espero no estar en este despacho (risas).

–A lo largo de la Historia se ha dicho que tenían que gobernar los filósofos, los ricos, los políticos… ¿Vamos hacia un gobierno mundial de los epidemiólogos?

–No, espero que no. O no solo. La dicotomía de lo técnico y lo político es muy interesante. Yo, que soy fundamentalmente técnico, estando en mi papel actual, ¿tomo decisiones técnicas o políticas? Daría para debatir. Lo que sí tiene que tener cualquier gobierno es capacidad para recoger las opiniones y las sensibilidades de la mayoría de los sectores para construir conocimiento

–Dice usted que es fundamentalmente técnico. ¿En estos meses se ha sentido condicionado o lastrado por los factores políticos?

–Hay que dar mucho valor a la política con mayúsculas. En ese tipo de política pensaba cuando acepté este cargo. Para construir una sociedad basada en el bien común, se necesitan una buena ciudadanía, un buen cuerpo técnico y unos buenos políticos que lo apoyen.

–¿Lo más complicado de la pandemia está siendo las relaciones con los hosteleros?

– No, qué va. Han sido relaciones de entendimiento. Lo más difícil fue manejar una situación de gran complejidad con una estructura tan pequeñita como la que tenía Salud Pública. Y empezar a construir todo lo que se hizo. Empezando por la normativa. Antes, hacer una resolución llevaba meses. Ahora se han hecho resoluciones semanales.

–Su departamento ha ganado mucho peso...

–Partíamos de la nada. La Dirección General de Salud Pública se ha duplicado. Pasamos de un servicio de Vigilancia Epidemiológica de cuatro personas a que casi toda la Dirección General se dedicara a ello. Ha sido una guardia de veinticuatro horas durante un año. Insisto en que todo eso pudo salir adelante gracias al equipo.

No pienso, ni mucho menos, que el Ministerio de Sanidad haya querido aminorar las cifras de muertos

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–¿La terrible segunda ola del otoño fue consecuencia del relajo del verano?

–Al final, el virus tiene su propio recorrido. Nos demostró que incluso comunidades autónomas que estaban muy bien, si tenían mucha población susceptible acababan teniendo incidencias muy altas. Casi todas han pasado por ello. Es verdad que veníamos de una situación tranquila en verano, pero también es verdad que teníamos mucha población susceptible mayor. Y además en verano habíamos tenido mucha movilidad en Asturias.

–Parece dar la razón a quien sostiene que la pandemia ha afectado a todos los territorios de forma parecida, y que lo de menos eran las medidas que se adoptaban.

–No, no es eso. La entrada del virus quizá haya sido similar en todos los sitios, pero el impacto ha sido diferente. Hay evidencia científica que avala las medidas que se han adoptado. Países que tomaron decisiones muy tardías, como Reino Unido o Suecia, que al principio optaron por dejar hacer, tuvieron que replegarse porque el impacto era muy grande.

–¿Qué países le parece que hicieron una gestión ejemplar?

–Se ponen como ejemplo los países asiáticos, Nueva Zelanda... Pero los expertos alertan de que tratar de explicarlo todo por un solo motivo o una sola variante es pueril. Habría que ver las medidas, la responsabilidad, las características geográficas, la cogobernanza... Es un abanico de elementos que interaccionan.

–Un baldón: Asturias tiene la letalidad más alta de España.

–A lo largo de la pandemia hemos tenido varias formas de medir la mortalidad. Está el criterio de mortalidad del Ministerio. Luego está el nuestro, el de Asturias, que es más amplio: no solo personas que mueren en un proceso agudo de covid, sino posible mortalidad relacionada con el covid. Tendremos muchas más claves cuando salga el informe de mortalidad de 2020. Cuando tengamos todo eso, y lo combinemos, dispondremos de una foto más real. Es un dato que debemos evaluar, por supuesto.

¿Relajar el uso de la mascarilla? Lo propio es que lo hagamos todos juntos; lo contrario genera incomprensión

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–¿Qué hipótesis se manejan para explicar la alta letalidad?

–Hace pocos días se publicó el informe de mortalidad de 2019. Y se observa que Asturias llevaba dos años, 2018 y 2019, con muy poco exceso de mortalidad. Falleció menos gente que en años anteriores. Y cualquier proceso que apareciera iba a suponer que esas personas que estaban al límite podían dar lugar a un exceso de mortalidad.

–El Ministerio de Sanidad atribuye a Asturias 1.971 muertos por coronavirus. El Observatorio de Salud en Asturias, dependiente de la Consejería, dice que van 2.490. La diferencia es muy grande. ¿Cuántas personas han muerto por covid en Asturias?

–Me quedaré con la combinación de los tres sistemas de medición, cuando tengamos los resultados. En Asturias no solo se cuentan las personas que tienen una prueba de covid positiva cuando fallecen, sino también personas que han fallecido una vez pasado el covid. Lo que enviamos al Ministerio son fallecidos en hospitales. Después, cuando hacemos la revisión estadística semanal de otras personas fallecidas, pueden aparecer más casos. ¿Es diferente? Sí. Pero son diferentes formas de mirar una misma realidad.

–¿El Ministerio de Sanidad ha querido aminorar cifras?

–Yo no lo diría así...

–¿Usted cómo lo diría?

–Creo que hay que utilizar un sistema de información, y con ese sistema puedes infraestimar o sobreestimar. Pero no pienso, ni mucho menos, que el Ministerio haya querido aminorar cifras.

Asturias llevaba dos años, 2018 y 2019, con poca mortalidad; eso puede explicar la alta letalidad en la pandemia

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–¿Cuál es su opinión sobre Fernando Simón?

–No sé por qué tenemos que opinar tanto sobre Fernando Simón. Es curioso. Es verdad que estamos ante la primera pandemia retransmitida online. Ha sido una mezcla de pandemia y reality show. Los relatos se construyen sobre la base de lo que aparece en los medios de comunicación y las redes sociales. Para los expertos en antropología o sociología, estudiar esto es apasionante: la construcción de un relato a partir de frases, titulares y memes. No quería irme de la pregunta de Fernando Simón...

–¿Y la respuesta es?

–Que es una persona muy trabajadora, con una alta exposición social que es muy complicado sobrellevar. Pienso que ha dedicado mucho esfuerzo y que, como es una cabeza visible, sobre él han recaído lo bueno y lo malo, ambas cosas a veces magnificadas. Es muy fácil santificarlo o demonizarlo.

–¿Simón ha actuado como científico o como político?

–No lo sé. En lo que conocemos, como comunicador. Algunas comunicaciones han sido más técnicas y otras menos técnicas. Mi percepción es de una persona muy entregada y que ha hecho un trabajo enorme y muy valorable. Quien hace muchas cosas tiene más riesgos de equivocarse.

Fernando Simón es muy trabajador y tiene una alta exposición; es fácil santificarlo o demonizarlo

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–¿Qué pasará con el uso de la mascarilla a corto plazo?

–A corto plazo, no lo sé.

–Asturias no va a tomar decisiones de vanguardia…

–Lo propio es que lo hagamos todos juntos. Es una enseñanza de la pandemia. Hacerlo de otra forma genera problemas de comprensión por parte de la población. Lo que plantea el sentido común es que los espacios al aire libre sean los primeros en los que se pueda prescindir de ella.

–¿Y que se quede de forma definitiva para ciertos espacios, momentos o ambientes?

–Posiblemente la mascarilla se quede para espacios cerrados, con poca ventilación o aglomeraciones de personas. Y el lavado de manos debe quedarse también: ha sido un elemento básico.

–¿Se imagina un mundo sin gripe o sin apenas enfermedades respiratorias, como sucedió este invierno pasado?

–No soy experto, pero supongo que aparecerían otros procesos.

–Usted es médico de familia. ¿Cómo ve la reorganización de la Atención Primaria?

–No es una competencia de mi dirección general. Pero sí tengo claro que la Atención Primaria es un eje fundamental de todos los planes de salud y hay que darle poder. Es la prueba del algodón de que tenemos un buen sistema sanitario. Los hospitales han funcionado muy bien en la pandemia, y la Atención Primaria también. Pero eso hay que visibilizarlo y conseguir que siga siendo así.

–Resulta difícil encontrar a alguien que hable mal de usted. Será que no se atreven…

–No lo sé (risas). Cuando haces muchas cosas, te equivocas. Es normal que haya críticas. En Salud Pública somos muy críticos y muy inconformistas. Siempre vemos que las cosas son mejorables. Pienso que en mi equipo ha sido importante ser honestos. Si nos confundimos en algo, reconocerlo; si no podemos hacer más, reconocerlo también. Eso la gente siempre lo valora.

–¿Es optimista con vistas a un verano rutilante en Asturias?

–Sí, soy optimista. Vamos a tener brotes y contratiempos, pero hoy tenemos al 50 por ciento de la población asturiana con al menos una dosis. Tenemos un buen ritmo de vacunación y eso significa menos población susceptible. Se está haciendo un trabajo enorme en la campaña de vacunación. Por lo tanto, aunque tengamos más casos diarios que hace un año, la situación es distinta.

–¿Y la gente responderá?

–Ha habido una implicación muy fuerte de toda la comunidad en las medidas tomadas, y eso va a seguir siendo así. Ahora bien, creo que tenemos que ser muy realistas, como decía Hanna Arendt. Lo tengo por aquí apuntado… (Y consulta su libreta de formato A-4). Ahora no lo encuentro...

Unos minutos después de terminada la entrevista, Rafael Cofiño envía un mensaje al entrevistador:

–La frase de Hanna Arendt: “Hay un precepto bajo el cual he vivido: prepárate para lo peor, espera lo mejor y acepta lo que venga”.

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