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Crece la investigación en la Universidad: llega a 173 grupos, al sumar 10 nuevos

Los equipos recién acreditados apuestan por la multidisciplinaridad y estudian enfermedades desde la perspectiva no médica, la fatiga de estructuras, el bilingüismo o cómo aprenden los caracoles

Por la izquierda, Alejandro García Tuero, Noelia Rivera Rellán, David Blanco Alonso, Alberto García Martínez, Antolín Hernández Battez, José Manuel Cuetos Megido, Eduardo Rodríguez Ordóñez, Rubén González Rodríguez y Marlene Bartolomé Sáez, integrantes del grupo LuSuTec, en la Escuela Politécnica de Ingeniería de Gijón. Faltan en la foto, y también son miembros del grupo, Modesto Cadenas y José Luis Viesca, que está haciendo una estancia de investigación en Estados Unidos. | Juan Plaza

Por la izquierda, Alejandro García Tuero, Noelia Rivera Rellán, David Blanco Alonso, Alberto García Martínez, Antolín Hernández Battez, José Manuel Cuetos Megido, Eduardo Rodríguez Ordóñez, Rubén González Rodríguez y Marlene Bartolomé Sáez, integrantes del grupo LuSuTec, en la Escuela Politécnica de Ingeniería de Gijón. Faltan en la foto, y también son miembros del grupo, Modesto Cadenas y José Luis Viesca, que está haciendo una estancia de investigación en Estados Unidos. | Juan Plaza

La Universidad de Oviedo engorda su ciencia. La institución académica asturiana acaba de sumar diez nuevos grupos de investigación, que eleva a 173 el número total de equipos, en los que trabajan 1.550 profesionales. Es una cifra récord, que sitúa al área de Química Física y Analítica a la cabeza, con 11 grupos. Le siguen, muy cerca, Ingeniería Eléctrica, Electrónica, de Computadores y Sistemas, con 10, e Informática y Psicología, con 9 cada uno. Las científicas pisan fuerte, ya que más de la mitad de los 173 grupos que operan hoy en la Universidad están liderados por mujeres (102). Las alianzas recién acreditadas pertenecen a la Ingeniería, las Humanidades y las Ciencias Sociales y estudian desde el aprendizaje de los caracoles o el bilingüismo hasta la fatiga de estructuras o las enfermedades desde el lado no médico.

Por la izquierda, Luis Bayón Arnau, Nicolás Barbón Álvarez, Arsenio Barbón Álvarez, Alberto Pardellas Mariño y José A. Fernández Rubiera, del grupo de Conversión de Energía para el Desarrollo Sostenible (CEDS), en su laboratorio de fotovoltaica del campus de Viesques. | Juan Plaza

La Universidad aprobó su reglamento de grupos en 2009. Y aunque antes de esa fecha ya había equipos de investigación funcionando, oficialmente no existía la figura de grupo. Su evolución en la última década ha sido exponencial, pasando de tener 21 en 2010 a 173 en la actualidad. Estos son los diez últimos, que apuestan por la multidisciplinaridad.

Humanidades Médicas y Medioambientales (HEAL).

Es el primer grupo de investigación que se crea en España sobre esta temática. “Nos centramos –explica su directora, la profesora titular del área de Filología Inglesa Luz Mar González Arias– en el estudio de las enfermedades desde su representación literaria, artística, histórica y cultural, aportando una visión complementaria (pero no incompatible) a la que se ofrece desde la Medicina y las Ciencias de la Salud”. El equipo de investigadores también está especializado en analizar la relación existente entre las patologías humanas y las enfermedades medioambientales. “Nos interesa la reciente aparición del covid-19 y, actualmente, estamos llevando a cabo un vaciado bibliográfico y un análisis crítico de las manifestaciones literarias y artísticas de la pandemia”, detalla.

El grupo HEAL aúna grandes áreas del saber “tradicionalmente separadas”, como son las humanidades y las ciencias, y está formado por nueve investigadores de las universidades de Oviedo, Newcastle y Harvard, así como del Servicio de Salud del Principado de Asturias (Sespa). El objetivo de todos ellos es situar a la institución académica asturiana como “centro pionero y de futura referencia en España en este campo de estudio”.

Lubrication and Surface Technology (LuSuTec).

Está formado por once investigadores de las áreas de Ingeniería Mecánica, Construcciones Navales, y Ciencias y Técnicas de la Navegación. Todos ellos están especializados en la tribología, la ciencia “multidisciplinar” que estudia los fenómenos de fricción, desgaste y lubricación entre dos cuerpos en movimiento. “Esto es aplicable tanto en la industria como en el ámbito sanitario. Por ejemplo, para comprobar cómo un compuesto de reparación dental soporta el paso del tiempo, o un implante de cadera... Incluso podemos encontrar la tribología en el deporte, a la hora de diseñar trajes de baño para nadadores profesionales que reduzcan la resistencia por fricción”, explica el director de LuSuTec, el catedrático Antolín Hernández Battez.

Aunque no estaban constituidos formalmente como grupo, el equipo de Hernández, en realidad, ya lleva muchos años trabajando en el campo de la tribología. Prueba de ello es que, en los últimos cinco años, los investigadores han desarrollado un total de 12 proyectos financiados con más de dos millones de euros, han suscrito 21 contratos con empresas por valor de un millón, han publicado más de 40 artículos en revistas internacionales de primer nivel y han dirigido diez tesis doctorales, a las que hay que sumar otras cinco que están en marcha. El grupo LuSuTec realiza principalmente su actividad en Mieres y, en la actualidad, está desarrollando un proyecto sobre la formulación de lubricantes para vehículos eléctricos.

Grupo de investigación en Desarrollo y Cognición Comparada (DCC).

El psicólogo Ignacio Loy Madera y su equipo estudian si los invertebrados también tienen capacidad para aprender. Y la respuesta es que sí, como han demostrado en caracoles. El procedimiento para comprobar si hay condicionamiento pavlovliano es “muy artesanal”, como indica Loy: “Les ponemos un olor al mismo tiempo que están comiendo. Eso lo hacemos unas seis veces y luego ya lo hacemos solo poniendo el olor”. Mediante esa técnica, los investigadores de la Facultad de Psicología son capaces de estudiar la “velocidad de aprendizaje, la interferencia, la extinción de ese aprendizaje o la capacidad de memoria” de estos seres diminutos.

Ignacio Loy ya lleva trabajando en este campo desde principios de la década 2000. Decidió ahora crear su propio grupo de investigación, formado por otros cuatro profesores, para conseguir “más respaldo institucional”. Su línea de investigación, asegura, tiene mucho recorrido. “En invertebrados hay mucho trabajo hecho en biología, pero muy poco en psicología. Solo se han estudiado abejas, hormigas y caracoles”, comenta el líder del grupo, que ha empezado a analizar organismos no animales como las plantas. “Hemos visto que hay formas de aprendizaje, pero son más sencillas que el condicionamiento pavloviano. Cambian de estrategia hasta que dan con una que les resulta útil”, comenta.

Dynamics, Materials and Structures (DYMAST).

Como una persona, cualquier estructura civil o industrial se cansa con el paso de los años y puede llegar a fallar. El equipo de Manuel Aenlle López se ocupa de detectar, prevenir y responder ante estos casos de fatiga. De hecho, ahora tienen en marcha un proyecto de investigación que consiste en el desarrollo de una nueva metodología de monitorización y cálculo de la fatiga en tiempo real, aplicable “desde a una turbina eléctrica hasta a un puente o un embalse”. “Se trata de colocar sensores en estructuras que tengan funcionamiento, de forma que podamos ver en tiempo real cómo va aumentando el daño de la fatiga”, expresa Aenlle.

En base a estos cálculos, “podremos mejorar sustancialmente la fiabilidad y seguridad de las estructuras”. Su metodología “permitirá aportar información valiosa para estimar la vida remanente de estructuras en servicio, así como tomar decisiones sobre su reparación o sustitución”. El grupo DYMAST está formado por ingenieros industriales y civiles; son cinco profesores titulares, un profesor de Dinamarca, tres doctorandos y un investigador postdoctoral. Algunos de ellos llevan 25 años trabajando en el comportamiento dinámico de materiales y estructuras, pero no estaban constituidos como grupo.

Social Landscapes (LANDS).

Es la unión de dos líneas de investigación que llevaban años funcionado: el estudio del paisaje y el territorio desde el punto de vista arqueológico, y el estudio del medio rural poniendo el foco en la historia económica. “Empezamos con el papeleo para constituirnos como grupo en plena pandemia”, asegura la coordinadora, Margarita Fernández Mier, que es profesora titular del departamento de Historia Medieval. Fernández Mier ya dirigía otro grupo, el de Arqueología Agraria (Llabor), que ahora quedará integrado en este nuevo equipo. “Nuestro objetivo es avanzar en el conocimiento del mundo rural desde una perspectiva multidisciplinar. La tendencia ahora es trabajar cada vez más gente junta y de diferentes ámbitos. Estamos focalizados en Asturias, pero también tenemos vocación nacional”, aclara. El grupo está integrado por seis profesores titulares, además de por profesionales de otras universidades, como la de León, el CSIC e investigadores en el extranjero.

Conversión de Energía para el Desarrollo Sostenible (CEDS).

Pertenece al área de Ingeniería Eléctrica, Electrónica, de Computadores y Sistemas, y el grueso de su actividad se desarrolla en el laboratorio de fotovoltaica de la Escuela Politécnica de Gijón. El objetivo principal de este grupo, formado por cuatro profesores de Ingeniería Eléctrica y Matemática Aplicada, así como por cuatro doctorandos, es optimizar el uso de los paneles solares. “Trabajamos en temas relacionados con sistemas fotovoltaicos de concentración basados en receptores lineales de fresnel –concentran la luz en las células fotovoltaicas–, en el diseño de plantas fotovoltaicas y su optimización, creando algoritmos propios”, profundiza Manuel Arsenio Barbón, el jefe del grupo.

Sus integrantes llevan desde 2015 trabajando en esta línea y decidieron constituirse oficialmente como equipo para “tener acceso a más ayudas de la Universidad y del Principado”. En la actualidad, están desarrollando un proyecto con una empresa asturiana (Gonvarri Solar Steel).

Didáctica de las Lenguas, Interculturalidad y Multilingüismo en Educación (DIME).

Es un grupo de investigación grande, que integra a prácticamente todo el área de Didáctica de la Lengua y la Literatura. “En el área somos dieciséis profesores y doce estamos en el grupo. También contamos con dos investigadores externos”, comenta el coordinador, Alberto Fernández Costales. ¿A qué se dedican? Sus líneas son principalmente tres: la enseñanza integrada de las lenguas, es decir, el bilingüismo; la enseñanza y aprendizaje de las lenguas; y la didáctica de la literatura, como puede ser la alfabetización, la comprensión lectora... “Llevamos muchos años trabajando sobre estos temas pero de forma individual, no teníamos un grupo”, aclara Fernández Costales.

Entre todos, y en los últimos cinco años, han sacado 67 publicaciones indexadas, han dirigido 9 tesis y tienen otras 15 en marcha, y han realizado tres proyectos nacionales. “Ahora, por ejemplo, estamos comprobando si el bilingüismo funciona o no, cuáles son las necesidades del profesorado, si los alumnos aprenden más o menos a través de esta metodología...”, señala el coordinador.

Ingeniería de Proyectos e Ingeniería Sostenible (GIPI).

Es, en realidad, un grupo consolidado desde hace años, con “fuerte orientación hacia la empresa”, como resume su director, el catedrático Francisco Ortega Fernández. “Hemos entrado en las convocatorias de grupos de excelencia del Principado, así que la constitución como grupo en la Universidad es solo un trámite administrativo”, aclara el ingeniero. Su equipo está compuesto por un total de 22 personas, con distintos perfiles. “Es un grupo muy diverso con ingenieros de diferentes especialidades (Minas, Caminos, Informática, Industriales, Forestales... ), pero también hay biólogos, matemáticos o economistas”, manifiesta.

El grupo que lidera Ortega se ha marcado como objetivo “tener una fuerte imbricación con el sector productivo”. Por ello, combina la participación en proyectos subvencionados en convocatorias competitivas con contratos con las empresas. “Tenemos una larguísima relación de colaboración con ArcelorMitttal, gran empresa tractora de muchos grupos de la región. Pero también trabajamos con empresas industriales como Gonvarri Solar Steel u fábricas de otro tipo como Oquendo, TFT o Innvel”, cuenta. Los investigadores están centrados en el diseño de nuevos procesos digitales, inteligentes y sostenibles, aplicando métodos que mejoren la forma de producir de las organizaciones. Desde hace una década explotan el campo de la ingeniería sostenible, buscando soluciones alternativas al uso de residuos como la escoria.

Grupo de Investigación en Logopedia y Lenguaje Infantil (LOGIN).

Dice Eliseo Díaz Itza, el director del equipo, que la principal fortaleza de LOGIN es que es “interdisciplinar” e “internacional”. Está formado por más de una docena de logopedas, psicólogos y lingüistas, procedentes no solo de la Universidad de Oviedo, sino también de Norteamérica, Sudamérica y Canadá. Están comprometidos con los derechos de las personas con discapacidad y contribuyen a ello desde el mundo investigador. “Evaluamos los perfiles científicos e innovamos en métodos de intervención de síndromes genéticos neuroevolutivos, como el de Williams o el de Down”, señala.

Los investigadores tienen entre manos un proyecto internacional que consiste en comparar, por primera vez, los síndromes en todos los niveles de análisis del lenguaje (pronunciación, sintaxis, sonología, gramática...). “Otra de nuestras fortalezas es que nuestra metodología es natural. Es decir, vamos a las casas. En un lenguaje experimental no captas su uso real ese lenguaje”, subraya. Eliseo Díaz, que es psicólogo, logopeda y lingüista, asegura, aunque pueda resultar llamativo, que el síndrome de Down es “absolutamente desconocido”. “No nos hemos molestado en ir más allá de lo que veíamos y estamos ahora descubriéndolo”, admite.

Estudios en Contextos Especializados y Académicos (MECEA).

Surge de “la necesidad de llevar a cabo estudios relevantes dentro del campo del bilingüismo y el multilingüismo”, expresa Ana Cristina Lahuerta, la directora del grupo, integrado por otros tres profesores del área de Inglés de la Facultad de Filosofía y Letras. De aquí en adelante analizarán “las competencias lingüísticas y comunicativas de la lengua inglesa, así como sus usos por parte de aprendices de la lengua y de expertos”. De esta forma, apunta Lahuerta, “podremos construir modelos lingüísticos específicos y dar recomendaciones basadas en la evidencia empírica a los docentes”.

“Creemos que esta investigación es pertinente, ya que existe una demanda social de profesionales que desarrollan su labor en un entorno bilingüe y multibilingüe, y nuestros resultados pueden contribuir a una mejora de su capacitación y desarrollo. Existen, además, una serie de desafíos en la implementación de metodologías bilingües en la educación superior, como la identificación clara del lenguaje y registro a usar en varias situaciones o el rol de la tecnología en el aprendizaje ubicuo al alcance individual”, sentencia.

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