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El crimen de La Felguera: relato de una historia de manipulación y muerte lista para sentencia

La versión de una mujer fría que utiliza a su amante para matar a su novio convence a un jurado muy femenino | La motivación del crimen, un misterio

Marta Rama, sentada a la izquierda, y Nelson Dos Anjos, al otro lado de la mampara y más cabizbajo, durante el juicio. |

Marta Rama, sentada a la izquierda, y Nelson Dos Anjos, al otro lado de la mampara y más cabizbajo, durante el juicio. | M. L.

El juicio del crimen de La Felguera está pendiente de sentencia después de que el jurado hablase en la noche del pasado jueves y declarase culpables a los dos acusados: el autor material de crimen, el taxista portugués Nelson dos Anjos, que descerrajó tres tiros a un hombre, Iván Castro, al que solo conocía de oídas; y la inductora del asesinato, la pareja de la víctima, Marta Rama, un personaje insondable, cuya vida real parece ocultarse bajo múltiples capas. El propio fiscal del caso, Fernando Laserna, admitió su derrota al tratar de discernir los motivos que movieron a Marta Rama, quien se mostró impertérrita como una esfinge durante la mayor parte del juicio celebrado durante ocho sesiones en la sección segunda de la Audiencia Provincial, y solo expresó algo de vida interior para negar con la cabeza cuando irrumpió en el juicio otro de sus amantes o se aseguró que llevaba un tatuaje en honor a Nelson, alguien del que dijo en su día que “no lo tocaría ni con un palo”.

La historia es bien conocida. Poco después de las seis de la tarde del 7 de diciembre de 2017, Nelson dos Anjos entró en el garaje de Iván Castro después de que este accediese al mismo y le dijo que le habían dado un golpe al vehículo. Cuando Iván estaba agachado mirando su coche, tras encender la linterna del móvil, Nelson aprovechó para dispararle hasta tres balas. La primera le atravesó el tronco de izquierda a derecha. La segunda, la mejilla izquierda. La tercera bala entró en el parietal y le destrozó los huesos de la base del cráneo causando un daño irreparable en su cerebro. “Mortal de necesidad”, dijeron los forenses. Una vez encontrado su cadáver, se inició una larga investigación que duró diez meses. La Policía, siguiendo la declaración de Marta Rama, la pareja de Iván, se decantaron inicialmente por un ajuste de cuentas por asuntos de drogas. Pero los agentes descubrieron que Rama tenía una relación y decidieron tirar del hilo. Fue necesaria la participación de agentes policías de la UDEV llegados de Madrid. Finalmente descubrieron que detrás del crimen estaba ella, su pareja, y uno de sus amantes.

Para el jurado (no se olvide, con una mayoría de mujeres), la mayor responsabilidad de este inexplicable crimen corresponde a la inductora, la mujer que, según el tribunal popular, convenció a Nelson dos Anjos (con el que tenía una relación secreta, de la que eran ajenas sus amigas, sus amantes y su propia pareja) para comprar un arma y asesinar a Iván Castro en la tarde del 7 de diciembre de 2017. Cuando el taxista se hizo con el arma (al parecer viajó a Zamora para conseguirla, pero el seguimiento de su móvil no lo corrobora) y se la puso en las manos, ella dijo con cierta sorna, siempre según la versión de Nelson: “Por fin vamos a ser a una familia feliz”. Ella recibirá la pena más onerosa porque el jurado quedó convencido de la versión de la defensa del taxista, según la cual Nelson era una simple “marioneta” en manos de Marta. El letrado José Manuel Fernández González introdujo en el plenario un concepto escasamente manejado, el de la limerencia, el enamoramiento patológico, según el cual Nelson veía el mundo a través de los ojos de Marta, su amada. La clave se la dio seguramente el juicio a la viuda negra de Valencia, Maje, que convenció a un amante suyo para matar a su pareja. Otra persona hubiese empujado ese ciego impulso hacia el bien, digamos que hacia la construcción de una vida en común, pero Marta Rama, según la defensa de Nelson, lo empujó hacia el mal, hacia el asesinato. Nelson era la persona perfecta para caer en las redes de Marta, siempre según la defensa del portugués, que, no lo olvidemos, se hizo con el campo de juego, no sin cierta ayuda del ministerio público, que admitió una “manipulación emocional evidente”. Y es que Nelson era desde siempre una persona dependiente. El lenguaje corporal que exhibió a lo largo del juicio apuntaló esa imagen de ausencia de iniciativa y también de profundo arrepentimiento: la mirada fija en el suelo y una expresión de profunda tristeza. Al final, pidió perdón “a la familia y a la madre de Iván”. Si hizo lo que hizo fue porque “no tenía la cabeza bien situada en aquella época”.

De nada sirvió, para destruir esta imagen de dependencia, la audición de las escuchas, en las que se observa a un Nelson perfectamente balanceado, dueño de sí mismo, o que la defensa de Marta Rama, a cargo de Sergio Herrero, recordase que era un infiel contumaz o que la Policía había investigado si el portugués vendía droga en su taxi, una indagación que no llegó a puerto alguno, quizá porque ya era suficiente con lo que tenía encima. El jurado estimó finalmente que “su capacidad volitiva estaba mermada, y no veía la realidad de forma adecuada”. Se trata de una atenuante (la defensa considera que se trata de una eximente incompleta) que permitirá que la pena que le corresponda por asesinato se reduzca en un grado. Si a ello se suma que ha puesto sus bienes a disposición de la familia de la víctima (un brindis al sol, porque sus bienes están embargados para hacer frente a las responsabilidades civiles), se obtiene que Nelson dos Anjos recibirá con toda seguridad una condena inferior a la de Marta, entre los 21 años y medio solicitados por el abogado Ángel Bernal, que defiende los intereses de la madre y el hermano mellizo de Iván Castro, y los ocho años que pidió su defensa. Marta, en cambio, recibirá una pena de entre 16 y 27 años de cárcel, y todo indica que se moverá en la parte superior de ese arco.

Hay quien se pregunta si existe un telón de fondo sociocultural con tintes machistas en lo ocurrido en este juicio. Sergio Herrero se dolió de la “carnicería” que se había cometido con la vida íntima de Marta Rama, presentándola como una “casquivana” que poco más o menos hizo matar a Iván Castro para tener relaciones sexuales con otros hombres, algo que al parecer venía haciendo desde hacía un tiempo. El jurado rechazó que los malos tratos hubiesen influido en la comisión del crimen, tal como sostenían Marta y Nelson. Iván Castro fue condenado en 2007 a trabajos en beneficio de la comunidad por amenazar a Marta Rama, y en los más de 70.000 de WhatsApp que intercambió la pareja en 2017, los agentes solo hallaron dos o tres insultos o expresiones despreciativas. La familia, que siguió el veredicto de este jueves con gran tensión, y que terminó aplaudiendo a los miembros del jurado, considera que se ha hecho justicia. “Se limpió la memoria de Iván”, aseguró la madre. Tanto ella como su mellizo, y los familiares más cercarnos, rompieron a llorar y mostraron su satisfacción por que Marta Rama vaya a ser castigada con todo el rigor. No hubiesen soportado que se la considerase simplemente como una encubridora, como arguyó su defensa. Nelson adujo que Marta le dijo que estaba embarazada de él (algo poco probable dado que solo pudo tener una hija por inseminación artificial) y que Iván le había entregado una bala indicándole que mataría a su padre si le era infiel. El jurado no cree que estas historias sean factibles. El misterio sigue instalado sobre los motivos del crimen. El fiscal Laserna apuntó a la posibilidad de que Rama quisiese cerrar una etapa de su vida que se había iniciado cuando ella tenía 16 años y de la que no podía desembarazarse después de tantos años de relación. Las causas las guardan en su interior los dos culpables de asesinato.

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