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La Rioja aprovecha el talento asturiano

Una veintena de investigadores de la región trabajan para la UNIR, un gigante de clases online que demuestra que también “se puede hacer ciencia desde casa”

Por la izquierda, los profesores de la UNIR Iván Fernández Suárez, María Jesús López González, Sergio Arce García, María del Mar García Suárez, María Dolores Cima Cabal y Joaquín González Cabrera, a la entrada de la sede de LA NUEVA ESPAÑA en Oviedo. | Miki López

Por la izquierda, los profesores de la UNIR Iván Fernández Suárez, María Jesús López González, Sergio Arce García, María del Mar García Suárez, María Dolores Cima Cabal y Joaquín González Cabrera, a la entrada de la sede de LA NUEVA ESPAÑA en Oviedo. | Miki López

Son cerca de veinte profesores asturianos, que dan clases e investigan desde Asturias, pero que trabajan para una universidad de fuera: la Internacional de La Rioja (UNIR). María Dolores Cima Cabal, María del Mar García Suárez, Joaquín González Cabrera, Sergio Arce García, Iván Fernández Suárez y María Jesús López González, entre otros, forman parte de este gigante académico, que en solo trece años de existencia tiene más del doble de estudiantes que la Universidad de Oviedo y que con la pandemia creció en casi 20.000 alumnos. ¿La clave del éxito? Que es una institución cien por cien online. Desde sus casas, los profesionales asturianos forman a jóvenes de toda España y de varios países de Sudamérica. El covid en su caso, aseguran, les afectó más bien “poco o nada”.

“Nosotros, a diferencia de los profesores de la Universidad de Oviedo, que se tuvieron que adaptar a las clases a distancia, seguimos haciendo lo mismo. Así que en ese sentido no nos enteramos del coronavirus”, asegura María Jesús López, que imparte prevención de riesgos laborales en la UNIR y, además, es profesora de Física y Química en un instituto de Villaviciosa. La “magia” de la institución riojana, según afirman quienes están dentro, es la “flexibilidad”. “Solo tenemos horario fijo para las clases virtuales; el resto del tiempo lo organizas tú mismo y como si quieres trabajar de madrugada”, explican. “Y esa flexibilidad es un lujo para quienes tenemos hijos”, apunta Iván Fernández, que es doctor en prevención de riesgos laborales.

Los asturianos no solo dan clases desde sus casas, sino que en muchos casos también investigan. “Nunca pensé que desde el despacho de mi piso podría llegar a tantos sitios y a tanta gente. Da la sensación de que desde casa no se puede hacer nada y yo digo rotundamente que eso es falso”, comenta Joaquín González Cabrera, que es psicólogo social e investiga sobre el acoso escolar y los riesgos de internet. Sus compañeras María Dolores Cima y María del Mar García, como biólogas que son, necesitan, por contra, el laboratorio y, para ello, utilizan los servicios científico técnicos de la Universidad de Oviedo. Investigan desde hace años sobre la detección de la neumonía adquirida en la comunidad y están ultimando, en colaboración con el grupo de investigación de María Teresa F. Abedul, de la Facultad asturiana de Química, el diseño de una PCR para detectar el coronavirus de forma más rápida y barata, y encima desde casa. Así, el revolucionario dispositivo permitirá a cualquier paciente saber si está contagiado de covid o no a través de una muestra de exudado nasal o de saliva, así como detectará la carga viral existente si la hubiese.

Aunque sus publicaciones científicas llevan el sello de la Universidad Internacional de La Rioja, los profesores asturianos reivindican que sus trabajos también repercuten en Asturias. “Realizamos las investigaciones muchas veces donde vivimos y eso también tiene beneficios para nuestra comunidad”, resalta Sergio Arce García, que se dedica al análisis masivo de comunicaciones en redes sociales y, principalmente, en Twitter. “Analizo desinformaciones, fake news... Todo esto con la pandemia se disparó muchísimo. Hablamos de millones de datos”, apunta.

Por su parte, el psicólogo Joaquín González Cabrera ha hecho varios estudios en centros educativos asturianos. Uno de los resultados más recientes, y que incluye a alumnos de la región así como de otras comunidades autónomas, es el que dice que uno de cada cuatro adolescentes fueron víctimas de la violencia ejercida por sus compañeros durante los trece meses que duró el proyecto. Ahora, Cabrera, que está considerado uno de los mayores expertos del país en ciberbullying, está volcado en las apuestas online y, más en concreto, en las cajas de botín de los videojuegos –objetos adicionales de pago cuyo contenido depende del azar–. “Nos preocupa mucho esto”, afirma.

La presencia de Asturias en la UNIR cada vez es mayor y hoy hasta su rector, el catedrático de Derecho Eclesiástico del Estado José María Vázquez García-Peñuela, es ovetense. En su despacho, cuentan los profesores de la región, tiene un cuadro de Santa María del Naranco. Por si fuera poco, el pasado mes de mayo, otro ovetense, el filólogo José Díaz-Cuesta, fue nombrado delegado del Rector para la transformación digital. Para los profesionales asturianos, la UNIR ha sido una institución de “acogida”, que les brindó la oportunidad de quedarse en el mundo académico tras mucho luchar. Joaquín González Cabrera, por ejemplo, vino de la Universidad de Granada, de donde es natural, y María del Mar García trabajó de 2011 a 2016 en la Universidad de Oviedo, pero la institución asturiana “no fue capaz de absorberme”. Ahora ninguno de los dos cambian la privada online por volver a la pública presencial.

“Dar clases online tiene sus inconvenientes, porque al final tienes que preparar el doble de contenido, ya que son casi 45 minutos hablando tú solo. Necesitamos más esfuerzo para traspasar la pantalla y no conocemos a los alumnos físicamente. Pero la flexibilidad que tiene no la cambio por nada”, reflexiona Sergio Arce, que, junto a María Jesús López, investiga sobre los riesgos emergentes del trabajo líquido, entre ellos, el síndrome de estar quemado. Por otro lado, apostilla el psicólogo Cabrera, “todas las clases quedan grabadas, por lo que no solo debemos ser técnicamente correctos, sino también protocolarios”. “Somos el profesorado más monitorizado porque las correcciones quedan grabadas, las aclaraciones quedan grabadas, los emails quedan registrados... Pero eso no tiene por qué ser negativo”, sentencian.

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