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Marlén Alonso, la investigadora asturiana que trata de encontrar otra forma de enseñar Matemáticas

Prepara a los futuros maestros con tareas conectadas a la vida: “Para contratar una hipoteca hay que saber probabilidad”

Marlén Alonso, con sus directores de tesis, Luis Rodríguez y  Pedro Alonso, en un aula de la Facultad de Ciencias.  Fernando Rodríguez | FERNANDO RODRÍGUEZ

Marlén Alonso, con sus directores de tesis, Luis Rodríguez y Pedro Alonso, en un aula de la Facultad de Ciencias. Fernando Rodríguez | FERNANDO RODRÍGUEZ

La enseñanza de las Matemáticas, y más en concreto de la estadística y la probabilidad, en colegios e institutos debe “cambiar”. Debe pasar del modelo memorístico actual a otro más práctico y ligado “a la vida”. Porque muchas decisiones del mañana, advierten los expertos, estarán basadas en la probabilidad: la hipoteca, el seguro del coche, la lotería o algo tan sencillo como formar un equipo de fútbol en la PlayStation.

Esos expertos son Marlén Alonso Castaño y sus directores de tesis, el catedrático del área de Matemática Aplicada y Vicerrector de Políticas de Profesorado, Pedro Alonso Velázquez, y el profesor titular del departamento de Estadística e Investigación Operativa y Didáctica de la Matemática, Luis José Rodríguez Muñiz. Los tres tratan de dar un vuelco a la forma de enseñar los números en las aulas, empezando por actualizar a los maestros. Así, la tesis de Marlén Alonso trata de comprobar cómo los profesores entienden la probabilidad y, en base a ello, mejorar las clases mediante el uso de tareas efectivas. “Es una forma de medir sus conocimientos, pero no a través de los clásicos exámenes”, explica la matemática ovetense.

La investigación que ella lidera consiste en que futuros maestros –unos 500 alumnos de la Facultad de Formación del Profesorado y Educación– diseñen y resuelvan un problema en el que se trabaje la probabilidad bajo unas condiciones determinadas –utilizando monedas– y que se adapte a 6º de Primaria. ¿Cuáles fueron los resultados? Que, por un lado, los profesores del futuro “no mostraban evidencias de dominar el currículo de Primaria”, y por otro, que “más de un 40% manejaba bien la probabilidad, mientras que otro grupo, casi del mismo tamaño, presentaba deficiencias”. “Hay mucha variedad, porque no hay que olvidar que la estadística y la probabilidad se encuentran al final de los temarios y, en consecuencia, en muchas ocasiones son contenidos que no se imparten”, comentan.

El estudio se hizo durante tres cursos distintos y Marlén Alonso fue modificando la tarea. “Es lo que se llama investigación-acción. Planteas una actividad, la aplicas, ves dónde puedes hacer ajustes, los aplicas… Así, hasta que compruebas que la tarea funciona bien”, detalla Luis Rodríguez, que es presidente de la Comisión de Educación de la Real Sociedad Matemática Española y uno de los trece autores de un reciente documento enviado al Ministerio con el objetivo de reformar la enseñanza de las Matemáticas en las aulas. En concreto, Alonso completó tres ciclos de investigación-acción, haciendo dos modificaciones sobre la actividad inicial para “mejorar las capacidades y ofrecer más opciones para desarrollar la creatividad” de los estudiantes de Magisterio.

La probabilidad es joven en la Educación Primaria, pues se incorporó en el currículo escolar en 2007. Pero su relevancia es total. Y así lo ha demostrado la pandemia. “El covid nos ha puesto a prueba con curvas, análisis estadísticos, el riesgo de sufrir un trombo con AstraZeneca… Se nos bombardea, últimamente, con toda esa información y es importante saber interpretarla”, comenta Luis Rodríguez. Y esa alfabetización debe empezar en las escuelas. “A veces no manejamos algo tan sencillo como un porcentaje”, advierte Pedro Alonso. La enseñanza de la probabilidad sirve, no obstante, para mucho más. Hasta para prevenir la ludopatía, como añade Luis Rodríguez: “Ese niño cuando sea adulto sabrá cuáles son las consecuencias de los juegos de azar, porque estos juegos se aprovechan precisamente del desconocimiento de la gente”.

Marlén Alonso escribe una fórmula en la pizarra.

A la tesis doctoral de Marlén Alonso le faltan “los últimos flecos”. La inició en el curso 2016-2017 y prevé defenderla a la vuelta de las vacaciones de verano. La ovetense hizo el grado en Matemáticas y después cursó el máster de Formación del Profesorado con la intención de dar clases en Secundaria. Sin embargo, ahora dice que no cambia “dar clases en un instituto por estar en la Universidad”. El trabajo fin de máster le enganchó y, como no llegó a tiempo a las oposiciones, decidió matricularse en el doctorado. Desde hace cinco años trabaja como profesora sustituta, encadenando contratos temporales, en el área de Didáctica de la Matemática. “La necesidad de personas formadas en Didáctica de la Matemática es tremenda en todas las universidades. Es un área que no se conoce bien cuando se acaba el grado”, lamenta Luis Rodríguez. Y eso a pesar de que se ocupa de algo tan importante, puntualiza Pedro Alonso, como es “formar a los futuros formadores”. “Se trata de preocuparnos por quién va a enseñar a nuestros hijos las Matemáticas, que siempre les ponen contra las cuerdas”, agrega.

Por suerte, señalan los investigadores, hoy en día la mayoría de graduados en Matemáticas son fichados por las empresas. Sin embargo, en ese contexto “la Universidad no es competitiva”. “También salimos perdiendo con respecto a Secundaria, porque en la Universidad hay un montón de procesos de acreditación y contratos temporales”, expresan. Luis Rodríguez y Pedro Alonso necesitan, por ello, más savia nueva en su equipo, como Marlén Alonso, de 30 años. “A mí esto me aporta una gran satisfacción personal: el investigar en algo que puede ayudar a mejorar la educación, aunque sea ínfimamente”, concluye la joven matemática.

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