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Arrancar ocle es “sostenible” en Asturias

Un estudio de la Universidad de Oviedo revela que desde los años 80 los campos de algas se recuperan bien de las extracciones del verano

Un barco descarga ocle en el puerto de Luanco. | R. Solís

Un barco descarga ocle en el puerto de Luanco. | R. Solís

El ritmo actual de explotación no daña los campos asturianos de ocle. Así lo revela un estudio realizado por la bióloga Jaclyn Higgins, quien ha constatado que desde los años 80 hasta la actualidad la biomasa de esta alga rojiza –de nombre científico “Gelidium corneum”– se mantiene prácticamente intacta en los fondos marinos de la región. “El ocle se recupera todos los años, así que podemos decir que la campaña de arranque es sostenible. Incluso, no encontramos diferencias significativas entre las zonas que llevan más tiempo explotándose y las del Oriente”, afirma Higgins, que es norteamericana, en concreto, de Misuri.

La joven, de 26 años, cursó este año el máster de Conservación Marina de la Universidad de Oviedo y dedicó su trabajo fin de estudios al ocle, un alga desconocida para ella, pero que captó su “interés” por su componente “científico” y “socioeconómico”. Jaclyn Higgins encontró Asturias por casualidad buceando por internet. “Estaba buscando un máster de un año en Europa sobre mi campo –estudió el grado de Biología y Ciencias Marinas en la Universidad de Alabama– y encontré Oviedo. Y como hablo español, ya que lo estudié en el instituto, pensé que sería divertido”, cuenta ya desde su casa estadounidense. Higgins cerró el curso con la máxima nota en su trabajo fin de máster, que le dirigió el decano de la Facultad de Biología y uno de los mayores expertos en Asturias en algas, José Manuel Rico Ordás.

Jaclyn Higgins, sonriente, en una salida de campo. | LNE

El trabajo de la norteamericana sirvió a la Dirección General de Pesca, que es la que regula la campaña de arranque del 1 de julio al 30 de septiembre, para pedir este verano a los recolectores que no concentrasen la extracción de ocle solo en algunos campos, sino que se repartiesen por todo un sector –hay cuatro en Asturias–. “A través de la investigación de Jaclyn vimos que, en ciertas zonas, los buzos se concentraban en uno o dos campos muy buenos y no tocaban el resto. Esto pasaba, por ejemplo, en un campo muy grande que hay en Ribadesella. Y eso tiene luego un efecto directo sobre el arribazón. Y aquí lo que se trata es que las dos modalidades sean sostenibles”, profundiza José Manuel Rico.

Los efectos del cambio climático: aparece ocle en Tapia y Castropol al desplazarse la frontera de distribución del Este al Oeste

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El catedrático, perteneciente al departamento de Biología de Organismos y Sistemas, puntualiza sobre el estudio de Higgins que porque los campos de ocle lleven bien la presión del arranque, eso no significa que se pueda incrementar su volumen de extracción. “Lo que hemos comprobado es que la biomasa se recupera bien con al ritmo actual de arranque. Pero las algas son recursos vivos y siempre es recomendable aplicar el principio de la precaución. Es decir, fijar un límite por debajo. Porque también entra en juego la variabilidad ambiental, como por ejemplo las tormentas. Y de esta forma compensas años buenos con años malos”, profundiza.

El arribazón, sin datos

La campaña recién iniciada, con 28 barcos, autoriza la extracción del fondo marino de 4.600 toneladas, que, tras un proceso de secado, las fábricas transforman en agar-agar, un recurso que se utiliza en medicamentos, cosmética e, incluso, en alta cocina. Lo que es aún un interrogante para los científicos es el impacto de la otra técnica de extracción, la del arribazón, que consiste en la recogida en otoño de este “oro rojo” cuando la marea lo expulsa. “Nadie dice cuánto extrae y sería bueno que lo hiciesen”, dice Higgins. Porque el ocle, agrega, “da nutrientes a las playas”. “No se trata de limpiar; es un proceso natural: esas algas, si no se recogiesen, quedarían en el agua, se descompondrían y se convertirían en materia orgánica. A nadie se le ocurre retirar la hojarasca en un bosque. Además, el arribazón supone un uso de tractores en las playas y eso siempre tiene un impacto”, ahonda José Manuel Rico. De ahí la importancia de que los recolectores aporten datos a la Administración.

¿Y qué hay del cambio climático? Pues, por supuesto, tiene un impacto sobre el ocle. Investigadores del País Vasco han comprobado que la frontera de distribución se ha desplazado del este al oeste. Esto es así porque el alga gelidium no lleva muy bien el calor y la transparencia del agua –prefieren la sombra–. Como consecuencia de ese desplazamiento, comenta Rico, ya se ha detectado su presencia en el extremo occidental de la región, en Tapia de Casariego y Castropol. Ahora bien, aún tendrán que pasar muchos años –si sigue la tendencia– para que puedan convertirse en campos de extracción.

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