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Barbón reconoce el error de Asturias de haberse resistido a la transición ecológica

“Deberíamos haber incidido en algunos proyectos industriales más destacados con cierta anticipación”, afirma el presidente regional, que destaca la inversión que va a acometer Arcelor

Barbón hace balance de sus dos años de Gobierno: "Hemos vivido el período más difícil desde la Guerra Civil" Amor Domínguez

Tal día como el de su toma de posesión, pero dos años después, el presidente del Principado hizo ayer balance y alarde de lo conseguido en la batalla contra “la situación más compleja desde la Guerra Civil” e inventario de propósitos para los retos que le quedan a su mandato. Unos le salen favorables y el otro estimulante cuando la evaluación se la hace el propio Adrián Barbón y desemboca, mirando al frente, en el conocido “alegato a favor de la esperanza”, la “autoestima” y la ruptura con “la inercia de un pesimismo generalizado”.

El jefe del Ejecutivo autonómico venía de recorrer la primera mitad de su mandato celebrando una vez más “lo que ya se conoce como ‘la respuesta asturiana al coronavirus’” y algunos de los hitos de la descarbonización. Desembocó en los 165 proyectos en los que se cifra ahora el último vistazo a los aspirantes a fondos europeos y, sobre todo, en el que garantiza la viabilidad de ArcelorMittal, que volvió a definir como “un parteaguas” y que vaticinó que “tendrá un efecto contagio en la industria asturiana”.

Llegado a la posibilidad de que algo pudiera haberse hecho de otra manera, dejó su constancia de que “en Asturias nos hemos equivocado al afrontar la transición ecológica como un debate entre la resistencia y la aceptación”. Sabiendo que el proceso de transformación era irreversible, o que la UE había tomado sus decisiones al respecto, “el error fue hacer frente”, situarse en una “posición de resistencia en lugar de en una de transformación de nuestra industria, que es lo que estamos haciendo ahora con proyectos como el de Arcelor”. Más en concreto, remata, quizá “en la parte política deberíamos haber incidido en algunos proyectos más destacados con cierta anticipación”.

Queda claro, sin embargo, que no se arrepiente de haber llegado hasta aquí, que “siento en la calle el apoyo de los asturianos”, que “ser presidente del Principado es un honor” y que “si los asturianos quieren, espero serlo muchos años”.

Si acota retos, habla de la reforma de la Administración en marcha, de las políticas de igualdad y diversidad, del desafío demográfico, de la innovación y la reanimación económica y al entrar en detalles acelera, previendo para “mucho antes del final de la legislatura” la reforma del Estatuto de Autonomía que trae consigo la cooficialidad del asturiano y sobre la que “empezaremos a trabajar en septiembre”.

Eso da un plazo incierto de mucho menos de dos años para la conclusión de un proceso que tiene mayoría suficiente en la Junta y mucho que debatir a partir del próximo otoño. En todo caso, la reforma, apura Barbón, “tendrá que tener una tramitación lo más rápida posible si queremos que llegue a tiempo al Congreso de los Diputados para la tramitación posterior”.

Trasladado al otoño, y a la apertura de contactos para negociar el próximo presupuesto, podría imaginársela más difícil ahora que Ciudadanos endurece sus posiciones de palabra y hasta IU, socio preferente de la investidura, critica la inclinación del Gobierno a resucitar el “cheque bebé” o el ritmo que lleva la concesión de ayudas del “fondo covid”… Busca un tres de tres, tres presupuestos en tres años después de una historia anterior muy propensa a las prórrogas, pero puede que no quieran ponérselo fácil. De cara al diálogo, su impresión es que los posibles interlocutores de la oposicón “están en un cierto tacticismo”. Barbón quiere marcar los tiempos asegurando que “lo primero va a ser avanzar en la concertación social para que tenga reflejo en las cuentas” e invita al resto de fuerzas políticas a “no copiar el clima de crispación y tensión que hay a nivel nacional. Los asturianos no quieren que pensemos en las elecciones de 2023 o que nos enfrentemos...”

Él se dice obviamente dispuesto a hablar, pero deja un aviso a navegantes: habla desde “la tranquilidad que da tener un presupuesto –el más alto de la historia– de 5.237 millones de euros” y desde la certeza de que “una prórroga no paralizaría la acción del Gobierno”. Pero la recuperación económica y el cambio de paradigma que está afrontando Asturias, remarca, “necesita que se aprueben los presupuestos de 2022”.

En la oposición, mientras tanto, hubo quien ya se aprestó ayer a evaluar las palabras del Presidente. El portavoz de Foro, Adrián Pumares ve la confirmación de que el Gobierno de Barbón “es incapaz de afrontar ninguno de los grandes retos de Asturias, limitándose a los titulares, las fotos y la propaganda”, y el de Vox, Ignacio Blanco, ve “dos años perdidos”.

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