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Luis Hevia Panizo | Gerente del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) y del área sanitaria IV

“La pandemia ha cohesionado a la plantilla del HUCA: hay un antes y un después”

“Hasta ahora hemos logrado mantener la actividad quirúrgica e intentaremos seguir así, pero prevemos dos o tres semanas complicadas”

Luis Hevia, anteayer, en el atrio del HUCA. | Miki López

Luis Hevia, anteayer, en el atrio del HUCA. | Miki López

Luis Hevia Panizo (Avilés, 1966) cumplirá a mediados de septiembre cinco años al frente del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) y del conjunto del área sanitaria IV. Esto significa que dirige una plantilla de unos 8.400 trabajadores diseminados por Oviedo y otros 22 concejos del centro de Asturias. Con anterioridad fue gerente del Hospital de Cabueñes (Gijón), desempeñó otros cargos de gestión y también ejerció como médico de familia. En la entrevista que sigue, analiza este año y medio de pandemia y la situación de los servicios sanitarios que están bajo su tutela.

 –Quinta ola de la pandemia. ¿El personal del HUCA está muy harto?

–En términos de tiempo expuestos a la pandemia, el cansancio se va notando. Está claro que no somos de acero. Pero tenemos la responsabilidad de estar cuando se nos necesita. Intentaremos hacer lo que se espera de nosotros, como hasta ahora.

–¿Se han alterado los planes de vacaciones de la plantilla?

–De momento, tenemos una estructura de vacaciones análoga a la del año pasado. No hemos variado el esquema. Ahora mismo está de vacaciones aproximadamente un tercio de la plantilla. La verdad es que no preveíamos un repunte tan acentuado. Está poniendo a prueba nuestras dotes organizativas.

–¿Hay plantas cerradas, como todos los veranos?

–Este verano hemos puesto en práctica, por vez primera, un esquema que consiste no en cerrar plantas enteras, sino la mitad, precisamente pensando en que pudiera haber un repunte de la pandemia. Acabamos de habilitar para enfermos de covid una unidad que estaba destinada a traumatología, pero como solo estaba ocupada a la mitad hemos podido fusionar a los pacientes que había con los de otra planta adyacente que también estaba ocupada al 50 por ciento.

–En este año y pico de pandemia, ¿en su estado de ánimo ha pesado más el deseo de estar en otro lado o el gusto de afrontar un gran desafío profesional?

–Imagino que me pasa como a los militares. Nosotros tenemos que estar preparados para la bonanza y para los peores momentos. Un militar dirá que él se ha preparado para la guerra y para restaurar la paz. Estoy seguro de que en toda mi carrera no habrá otro reto de esta envergadura. Dicho lo cual, cuanto menos dure este escenario, mejor para todos.

–¿Cómo ve al personal?

–Con un poco de fatiga pandémica, la verdad. Y me incluyo. Hace un par de meses estábamos viendo la luz y, de repente, aparece este repunte. Nos pilla a contrapié desde el punto de vista psicológico, y supone un trabajo adicional.

–¿Qué habría sido de Asturias si la pandemia nos hubiera pillado sin este edificio del HUCA abierto hace siete años?

–No tuve la oportunidad de trabajar en el antiguo HUCA. Sí tengo claro que para esta pandemia ha sido una garantía disponer de estas instalaciones. Nos han permitido disponer de un doble circuito desde el principio, mantener independientes las zonas covid y no covid, duplicar prácticamente todo, disponer de habitaciones con presión negativa, una dotación de UCI que otras comunidades quisieran... Estas instalaciones son un lujo para Asturias.

–¿Cuál ha sido hasta ahora el momento más crítico?

–La segunda oleada, entre octubre y noviembre del año pasado. El número de ingresos, la mortalidad y la ocupación de la UCI estaban subiendo mucho. Recuerdo un viernes con once ingresos en UCI, muchos de ellos de fuera del área sanitaria. Desde el punto de vista organizativo nos puso a prueba.

–¿Cuánto ha crecido la plantilla?

–Hemos llegado a tener contratados 800 profesionales más simultáneamente en el conjunto del área sanitaria. Ahora tenemos unos 300 más que hace dos veranos.

–El HUCA ha tenido durante años un problema de desafección por parte de sus propios trabajadores, un déficit de orgullo de pertenencia. ¿Considera que la pandemia ha revertido esta situación?

–Sí, y probablemente sea uno de los aspectos más positivos de la pandemia, si cabe hablar así. Ha cohesionado a la plantilla desde los puntos de vista personal y profesional. Personas que trabajaban en proximidad pasaron a formar parte del mismo equipo. Yo lo veo en las relaciones entre personas que estaban en compartimentos casi estancos. Ha sido un elemento de cohesión de primer orden. Y también de identidad para el HUCA: creo que hay un antes y un después. Pienso que algo parecido habrá ocurrido en los restantes hospitales de Asturias. Sin ese componente de compromiso de los profesionales, la respuesta no hubiera sido la que fue.

Ha habido un gran compromiso de todo el hospital, pero el área de Urgencias tiene un papel clave en la pandemia por su transversalidad

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Sobre compromiso: ¿Algo que le haya resultado particularmente destacable?

–El compromiso de todos en general. Pero pienso que el área de Urgencias ha tenido y sigue teniendo un papel clave en la pandemia. Un protagonismo transversal. Participan en la práctica totalidad de los procesos: diagnóstico, rastreo, llamamiento de los positivos, ingresos, clasificación de los pacientes... Otros servicios se encargan de cometidos más sectoriales. En nuestro hospital, el área de Urgencias ha tenido la mayor polivalencia.

–¿Cómo valora el trabajo de los jefes de servicio y demás mandos intermedios durante la pandemia?

–No tengo queja de nadie. Lo he visto en el día a día. No percibí que nadie se sustrajese de colaborar en la medida de sus posibilidades. No he echado de menos a nadie.

–¿Cómo se estimula el compromiso?

–Un elemento importante es una reunión de todos los responsables de los servicios que tenemos los viernes a la una del mediodía. Exponemos la situación, todos la conocemos a la vez y todos aportamos soluciones.

–¿Por qué los viernes?

–Porque nos aporta una visión general y nos permite planificar la semana siguiente con datos frescos.

–¿Hubo situaciones personales, familiares, de amigos que hiciesen mella en su estado anímico?

–Soy médico de atención primaria y he recibido muchas llamadas. Sobre todo para compartir el estrés, mitigar la incertidumbre... Creo que es lo lógico en momentos así. Seguro que no fui una excepción.

–¿Tuvo sensación de impotencia en algún momento?

–No me dio tiempo a planteármelo... Hubo momentos en los que no sabíamos hasta dónde podía llegar la situación. Nuestra sistemática de trabajo era ir siempre por delante de los acontecimientos. Anticipación y trabajo en equipo. No obstante, somos personas de carne y hueso y hemos tenido momentos de debilidad. Cuando en noviembre veías a gente de tu edad, algunos conocidos, entrar directamente en la UCI, te preguntabas dónde estaba el límite.

–¿Le llamó algún político para darle aliento?

–Por supuesto. No lo veo como una cosa excepcional. Hemos sentido el aliento y el apoyo de los responsables políticos de Asturias. No solo a nivel autonómico, sino también local. Trabajamos con 23 municipios, y hemos recibido su apoyo, colaboración y oferta de recursos. Hablo de los ayuntamientos de Siero, Grado, Oviedo...

–¿Cómo se dibuja el futuro inmediato del HUCA?

–Tenemos que aprender a convivir con una patología nueva. Y eso nos exige no quemar puentes que nos impidan volver atrás. Por ejemplo, durante la pandemia tuvimos que instalar dos UCI nuevas; ahora no se utilizan, pero no las hemos desmontado. Si fueran necesarias, podríamos usarlas mañana mismo. Por lo demás, tenemos que seguir conjugando la asistencia a los pacientes ordinarios con la de aquellos que tienen covid.

–¿Y lo ordinario cómo vas?

–Ahora mismo, el hospital tiene un nivel de ocupación alto porque hay mucha actividad. Tenemos todos los días 18 quirófanos por la mañana más 5 por la tarde. Esa actividad genera unas tasas de ocupación altas.

–¿Habrá que aplazar cirugías por el aumento de ingresados con covid?

–Hasta ahora hemos logrado mantener la actividad y vamos a seguir así mientras podamos. Prevemos enfrentarnos a dos o tres semanas complicadas.

–¿Cómo valora las listas de espera actuales?

Hay motivos para estar razonablemente satisfechos. Es el fruto del esfuerzo de los profesionales, porque desde la gerencia no operamos a la gente. Los indicadores señalan que no hemos perdido mucha actividad en comparación con otros hospitales españoles del tamaño del nuestro. Esto ha sido propiciado por la buena estructura del edificio, pero sobre todo por el compromiso de los profesionales.

–¿Qué especialidades le preocupan más?

–Todas. Unas tienen cifras más altas porque abordan patologías más frecuentes. Por ejemplo, la patología traumatológica requiere mucho tiempo de quirófano. Sin embargo, en oftalmología hemos mejorado mucho en cataratas: no hay esperas de más de 180 días. Me preocuparía que haya habido retrasos en patología oncológica, que es la que hemos priorizado incluso en los peores momentos de la pandemia, y por eso estamos operando mañana y tarde. No me consta que los haya, pero estamos muy atentos.

–¿Cómo ve la situación de la Atención Primaria?

–Con la llegada de la pandemia, hubo que adoptar unas medidas de seguridad que incluyeron pasar de un modelo de consulta presencial abierta a un modelo de consulta telefónica. Se empezó a desescalar este modelo, pero tenemos algunos condicionantes.

–A veces sigue costando mucho que cojan un teléfono.

–La cuestión de la accesibilidad telefónica estamos intentando resolverla con la contratación de profesionales que permitan a los médicos y enfermeras priorizar la atención presencial y no emplear tiempo en cuestiones burocráticas y administrativas. En eso estamos ahora.

–Pero la gente sigue quejándose.

–Tenemos también una limitación estructural de líneas telefónicas que afecta sobre todo a los centros de salud de Pumarín y La Corredoria en algunos momentos del día. Estamos buscando soluciones tecnológicas. 

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