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El estudio tiene recompensa: así viven hoy los mejores alumnos de la selectividad de 2011

Los cuatro asturianos que obtuvieron la nota más elevada hace diez años aseguran sentirse satisfechos con su actual situación y afirman que volverían a elegir las mismas carreras universitarias que escogieron

El estudio tiene recompensa: así viven hoy los mejores alumnos de la selectividad de 2011

El estudio tiene recompensa: así viven hoy los mejores alumnos de la selectividad de 2011

“El trabajo tiene recompensa”, sostienen cuatro asturianos que hace diez años obtuvieron las notas más altas de la prueba de selectividad, entonces denominada PAU y ahora conocida como EBAU. Annastasia Pickford (Llanes), Macarena Izquierdo (Oviedo), Cristina Fernández (Oviedo) y Christian Vigil (Avilés) obtuvieron las más altas calificaciones y el éxito académico, un aval que les sirvió para matricularse en los estudios que deseaban. Diez años después relatan a LA NUEVA ESPAÑA cuáles son sus actuales ocupaciones y cómo recuerdan aquél tránsito a los estudios universitariosm fueron los nombres más sonados de sus institutos por alcanzar un hito en la etapa estudiantil.

En el año 2011, un total de 4.000 estudiantes se presentaron a una prueba que aprobó el 94,19 por ciento del alumnado, aunque no todos con notas tan brillantes como la de los cuatro asturianos que destacaron entonces por sus excelentes resultados.

Anastasia Pickford estudió en el Instituto de Llanes y tuvo la mejor nota de selectividad en el año 2011, con un 9,95. “Fue bastante emocionante, también un poco estresante por el proceso que conlleva. Pero fue bonito ver todo el trabajo recompensado”, comenta Anastasia, que después de conseguir su nota, se fue a estudiar el grado de Veterinaria a la Universidad Complutense de Madrid.

“Lo bueno de tener la nota más alta es que te abre muchas puertas, y la carrera que yo estudié también. Tiene muchas salidas”, asegura. Además recalca que si volviese atrás optaría por realizar los mismos estudios que ha hecho. Actualmente, vive en Barcelona, donde está terminando su doctorado acerca de la malaria. “No estoy para nada arrepentida. Estudié mucho, sí, pero todavía hoy sigo viendo recompensado ese esfuerzo”, concluye la asturiana, a la que tan solo le queda elaborar su tesis para ver cumplido otro objetivo más: el doctorado.

Macarena Izquierdo fue la segunda nota más alta de selectividad en 2011, con un 9,90. “Me sigo emocionando un poco, es el mayor reconocimiento a mi esfuerzo. Aún hoy me cuesta quitarlo del currículum”, reconoce la ovetense, que actualmente reside en Madrid. Con esa nota, Macarena pudo elegir la carrera que quería y, al contrario que los otros tres compañeros con notas altas, optó por un grado de letras: Periodismo. Su decisión llevó a la ovetense a instalarse en Pamplona, donde cursó la carrera. “No me arrepiento para nada. Siempre me gustó escribir y creo que es una profesión a la que se dedica gente con algo innato, así que pensaba (y pienso) que tenía algo especial”, asegura.

Hija de un médico y con una familia dedicada también a la medicina, Macarena Izquierdo no quiso seguir sus mismos pasos y actualmente trabaja en el departamento de desarrollo corporativo en la ISEM Fashion Business School de la Universidad de Navarra. “Trabajo de algo que me gusta, estudié algo que yo quise y no algo que me impusieron”, admite la asturiana.

Con la tercera mejor nota de ese año (un 9,85), Cristina Fernández decidió quedarse en Asturias y estudió Biotecnología en la Universidad de Oviedo. Procedente del IES Monte Naranco (Oviedo), recuerda aquel momento en que supo la nota con mucha emoción. “Me lo dijo una profesora; de hecho yo ni sabía que tenía una de las mejores notas. Estaba con mis compañeros después de saber las calificaciones y me llamó para contármelo”, explica la ovetense.

Tras finalizar su carrera universitaria, se fue a Madrid para estudiar un máster, y actualmente se encuentra en un periodo postdoctoral investigando en el Instituto Fundación Teófilo Hernando y en la Universidad Autónoma de Madrid, sobre fámacos que combatan las enfermedades neurodegenerativas. Y tiene además muchos sueños por delante. “No me arrepiento en absoluto de elegir biotecnología, es una carrera que abre muchas puertas y que desde siempre me llamó la atención”, asegura. En el transcurso de su investigación doctoral trabajó durante cuatro meses en el laboratorio Doctor Kim Green, en la Universidad de California.

Con un 9,85, Christian Vigil obtuvo la cuarta mejor nota de la Prueba de Acceso a la Universidad del año 2011. “Me acuerdo perfectamente. Justo iba en el tren de vuelta a casa tras un curso de verano y me llamaron de LA NUEVA ESPAÑA para decírmelo”, narra el avilesino.

Su buena nota le abrió las puertas para poder estudiar la carrera que deseaba: Medicina. Aunque la cursó los estudios en la Universidad de Oviedo, actualmente está haciendo su residencia, de la que le quedan dos años, en el Hospital 12 de Octubre de Madrid. En el mismo hospital vivió (y vive) la crisis sanitaria del coronavirus de primera mano. “La primera ola fue brutal aquí en Madrid, recuerdo llegar a urgencias y ver a cien personas pendientes de una cama”. Reflexionando sobre quien era hace diez años, aquel joven recién salido del instituto que se enfrentaba a la decisión de elegir carrera, afirma: “Quién me iba a decir cuando me dieron la nota y decidí estudiar esto, que diez años después estaría aquí y lidiando con una pandemia”.

“Medicina es una profesión mucho más sacrificada de lo que pensaba”, admite Christian Vigil. Pese a ello y pese a que la situación no sea nada sencilla en estos momentos, está seguro de que “volvería a elegir la carrera que escogí si tuviera que elegir de nuevo”.

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