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Me quedo en el pueblo

Manos que cuidan alma y cuerpo

Lidia Jaldo, formada en Publicidad y experta en organización de eventos, dejó Madrid para vivir en Soto de Luiña (Cudillero), donde regenta su centro de masajes y terapias holísticas

Lidia Jaldo Suárez, en su centro de masajes y terapias holísticas en Soto de Luiña | Ana Paz Paredes

Lidia Jaldo Suárez, en su centro de masajes y terapias holísticas en Soto de Luiña | Ana Paz Paredes

Lidia Jaldo Suárez lleva un año al frente de su centro de masajes y terapias holísticas en el centro de Soto de Luiña, pueblo en el que vive desde hace un año tras dejar atrás Madrid, ciudad en la que nació, vivió y trabajó como organizadora de eventos tras haber estudiado Publicidad. Sin embargo, su decisión de cambiar de vida radicalmente y dedicarse a un trabajo por el que siempre se sintió atraída y para el que se formó fue consecuencia de una serie de pasos, cambios y motivaciones personales que, durante años, la tuvieron viajando entre la capital de España y el concejo de Cudillero.

Lidia Jaldo, en su centro de masajes en Soto de Luiña. Ana Paz Paredes

“Siempre me llamaron la atención las terapias alternativas, el crecimiento personal, el desarrollo interior. Yo trabajaba en una agencia de publicidad en Madrid, llevando eventos internacionales de varios clientes diez, doce horas diarias de trabajo. Tras acudir a darme un masaje para descargar toda esa tensión, y experimentar en vivo las bondades del masaje californiano, enseguida quise aprender la técnica. Primero lo hice con la profesional que me lo aplicó y luego me fui a Buenos Aires, a la escuela de masajes y artes curativas Oasis, donde recibí la formación”, señala esta mujer, que, a renglón seguido, siguió formándose en terapia transpersonal, quiromasaje, masaje tailandés y hamacados armónicos. “Soy especialista en desarrollo transpersonal, técnico en quiromasaje y especialista en masaje californiano”, explica ella, que del masaje californiano destaca que “el mismo es una toma de conciencia a través del cuerpo facilitado por la persona que, a través de su tacto consciente y una serie de movimientos, puede relajar totalmente el cuerpo y la mente y dejar aflorar las emociones”, señala.

Lidia Jalto en su mesa de trabajo en su centro de masajes en Soto de Luiña. Ana Paz Paredes

Su momento actual, viviendo y trabajando en Soto de Luiña, es consecuencia de todo lo vivido anteriormente. “Hace años decidí un buen día venir a conocer la tierra de mis abuelos maternos, asturianos, junto con mi pareja de entonces. Nos gustó tanto que compramos una casina con una panera y, aunque seguíamos viviendo en Madrid, veníamos algunos fines de semana para trabajar en su restauración, pues había mucha obra que hacer. Tras dos años me separé y me vine sola a vivir en ella y me pasé cinco años muy duros en algunos momentos pues decidí que la rehabilitaría aunque fuera sola, y lo hice, pero me afectó anímicamente. Ello lo combinaba con teletrabajo para una agencia de publicidad de Galicia. Fue una época dura y difícil para mí. Cuando arreglé toda la vivienda, me volví a Madrid, necesitaba volver a una oficina y ponerme los tacones. Me bastaron varios meses trabajando sin descanso de nuevo para ponerme las pilas con los masajes y decidir volver de forma definitiva con mi nueva pareja a Soto de Luiña, donde vivimos en un apartamento pues la casa de Corollos está ahora como vivienda vacacional”, dice.

Lidia Jaldo en otra estancia de su centro de masajes en Soto de Luiña. Ana Paz Paredes

Lidia Jaldo es una persona querida por sus vecinos y muy participativa a la hora de hacer cosas por el pueblo, siempre apoyando cualquier iniciativa que sirva para mantener viva la localidad y, al tiempo, animar al emprendimiento rural a quienes están pensando volver al campo a vivir y trabajar en él.

Titulo de especialista en masaje californiano de Lidia Jaldo. Ana Paz Paredes

Su centro de masaje, con un interior que irradia paz, calma, armonía y relax, cuenta con una clientela fija que aumenta en verano con turistas y peregrinos. “Cuando una persona entra por la puerta, intento hacer una combinación de todo lo que sé y tengo para ofrecérselo en función de cómo está la persona. No ofrecer una técnica enlatada. Son terapias holísticas porque no solo es el cuerpo, sino también las emociones, el estado mental, la mente, corazón y cuerpo, lo que se trabaja. Antes nos sentamos, hablamos, veo qué energía tienes y luego en la camilla es cuando trabajo con los masajes, lo que puede ir bien, que puede ser una mezcla de quiromasaje con masaje californiano o empezar con hamacados y luego unos estiramientos. Cada persona es diferente”, explica.

Lidia Jaldo, en exterior de su local en Soto de Luiña. Ana Paz Paredes

Ella cree que se puede vivir y emprender en el medio rural. En su opinión, “en el campo hay muchas posibilidades para emprender, hay mucho nicho de mercado sin explotar dependiendo dónde vivas. Yo apuesto por ello”, dice.

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