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Manual de supervivencia para crisis: conocimiento, optimismo y “ganas de ganar”

Manuel Villa-Cellino, presidente del consejo rector de la Universidad Nebrija, recupera la reunión veraniega anual en su casona piloñesa | Los asistentes reflexionan sobre el poder del saber como “motor” del cambio

De izquierda a derecha, Fernando Mateo, Eduardo Zamarripa, José Muñiz, Alicia –esposa de Fernando Mateo–, Rosario –esposa de Carlos López Fanjul–, Carlos López Fanjul, Manuel Villa-Cellino, Íñigo Escribano, Tatiana y su esposo, Borja González del Regueral. | Miki López | MIKI LÓPEZ

De izquierda a derecha, Fernando Mateo, Eduardo Zamarripa, José Muñiz, Alicia –esposa de Fernando Mateo–, Rosario –esposa de Carlos López Fanjul–, Carlos López Fanjul, Manuel Villa-Cellino, Íñigo Escribano, Tatiana y su esposo, Borja González del Regueral. | Miki López | MIKI LÓPEZ

La ventaja del conocimiento, dicen aquí, es que “no tiene fronteras” ni “genera costes de transporte”. Cuando el producto que se exporta es el saber, o la tecnología y las patentes, se borran los inconvenientes de la geografía y de pronto importa menos la ubicación o el lugar del mundo desde el que se produzca… En el palacio rural de Garrida, en Lozana (Piloña), un almuerzo veraniego para 36 personas se aderezó ayer con estas y otras consideraciones que el anfitrión, el economista Manuel Villa-Cellino, ovetense enraizado entre las piedras de esta casona de 1747, resume en la certeza de que Asturias puede, y debe, asociar a su potencia industrial la producción de sabiduría y “know-how”.

La reflexión que compartieron sus invitados, compañeros de la Universidad, reputados profesionales de ámbitos diversos, confirma mirando alrededor que en el Principado hay materia prima para transformar el saber, la investigación y el emprendimiento en otro “motor” de una región que a veces se queja de periférica y mal comunicada y que también necesita, a lo mejor más que nunca, una vacuna contra el pesimismo, una inyección de “optimismo y ganas de ganar” para salir con bien de este mundo “tan complejo y competitivo”.

Tras el paréntesis que el virus abrió el agosto pasado, Garrida recuperó ayer en versión más familiar y disminuida la habitualmente multitudinaria cumbre empresarial y académica que todos los veranos organiza Villa-Cellino, exrector de la Universidad Nebrija y presidente de su consejo rector, en su casona piloñesa de más de un cuarto de siglo. En la paz de Lozana se reúnen habitualmente desde 2008 más de un centenar de reputados empresarios y académicos en pausa de veraneo. En este año raro de precauciones pandémicas, el número de comensales bajó a un tercio de lo habitual, a 36 en seis mesas de seis reunidos para almorzar en la antigua tenada de la casona. Sin llamadas por precaución a muchos de los habituales, arroparon a la familia Villa-Cellino Atienza unos cuantos amigos y una igualmente interesante representación de compañeros de la Universidad que veranean en las inmediaciones. Tal vez hubo esta vez más ingenieros que empresarios. Por eso la reflexión derivó hacia esa materia prima que Asturias puede encontrar en el conocimiento, la tecnología y el saber hacer…

Los Villa-Cellino Atienza asistentes al encuentro posan en la capilla de la casona de Garrida. Por la izquierda, detrás, Clara Atienza, Felisa Atienza, Manuel Villa-Cellino, Eva Fernández de Atienza, Aurora Villa-Cellino, Ángel Díaz, Illana Atienza Navia-Osorio, Ricardo Atienza, Illana Navia-Osorio García-Braga y Santiago Atienza. Delante, los niños Illana Díaz Atienza, Ángel Díaz Atienza, Santiago Gómez Atienza y Javier Díaz Atienza. |

Alrededor de las delicias de la gastronomía local –las anchoas de Lastres y los bollinos preñaos, el bonito con pisto, las patatas rellenas de setas, el arroz con pitu o los quesos–, Villa-Cellino y su esposa, la magistrada de la Audiencia Nacional Felisa Atienza, recibieron a noveles y veteranos de su reunión anual. Por ejemplo, al nuevo rector de la Nebrija, el catedrático asturiano de Psicología José Muñiz, un habitual del foro debutante este año en su condición de rector, junto a Borja González del Regueral, director de la Politécnica Nebrija, de raíces asturianas y vecino de veraneo en Beloncio (Piloña), o a su director adjunto, Fernando Mateo, que pasa sus vacaciones en Ribadesella. También Íñigo Escribano, arquitecto y miembro del consejo rector de la Universidad, o Eduardo Zamarripa, teniente general del Ejército del Aire y profesor de Seguridad y Conflictos. Entre otros, también estuvieron el empresario Jesús Alonso, presidente del Grupo Daniel Alonso, los médicos Martín Caicoya y Francisco Fueyo; el investigador en genética Carlos López Fanjul; Manuel Orueta, ingeniero industrial retirado de Iberdrola, la galerista Guillermina Caicoya o personalidades locales como José María Martínez Noriega, entre otros.

Los rigores de la pandemia también evitaron esta vez el concierto que ameniza habitualmente las reuniones, pero no la reflexión sobre el futuro de Asturias a la salida de esta crisis ni aquel apunte repetido sobre el saber –“si estás a la vanguardia del conocimiento, las fronteras para competir desaparecen”, repite Villa-Cellino–. En una región de honda tradición fabril, resalta el economista, “si unes procesos industriales con tecnología y conocimiento eres capaz de competir en cualquier parte del mundo”. Es la mirada al siglo XXI y al futuro de Asturias desde un palacio rural del XVIII en el que ayer se habló también del estado de desarrollo de las tecnologías del hidrógeno verde, de los “retos tecnológicos” que vienen o de la urgencia de aparcar el victimismo de la región apartada de las principales rutas industriales. “Hoy en día”, subraya, “casi todo el éxito viene de la cultura empresarial que generes, no de la parte física. Lo que hace falta es adaptar esa situación geográfica a un nuevo mundo del conocimiento y el emprendimiento, de sacar procesos y productos adelante”.

Y para todo eso, “Asturias necesita convencerse de que puede competir en el mundo y generar una cultura de iniciativa privada” ajena a la espera de subvenciones o ayudas públicas. Por aquí llegaron a la urgencia de que la Administración sea colaboradora, “elimine trabas”. “Necesitamos una revolución de la administración, que debe dar muchas más facilidades al sector privado para actuar”.

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