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Me quedo en el pueblo

Mujer al timón en el taller

Cristina Santirso regenta, junto a su marido, una empresa de reparación de barcos deportivos; "Esta es una profesión muy masculina, la gente se extraña cuando me ve pintando una embarcación en el puerto", explica

Cristina Santirno en una de las embarcaciones deportivas que está reparando en su taller de Luces (Colunga)

Cristina Santirno en una de las embarcaciones deportivas que está reparando en su taller de Luces (Colunga) / Ana Paz Paredes

Dice Cristina Santirso Álvarez que el trabajo que ejerce se desarrolla en un mundo muy masculino y que la gente se extraña cuando la ve, por ejemplo, trabajando en el puerto pintando una embarcación. Nacida en Oviedo, vivió hasta los 25 años en Mallorca junto a sus padres, lugar donde se gestó su amor al mar y a la navegación deportiva. “Mi padre siempre tuvo una embarcación y he navegado e ido con él a puerto. Incluso restauramos el barco”, recuerda esta mujer, técnico superior en Administración y Finanzas, quien regresó con su familia a Asturias a vivir en Priesca, Villaviciosa, de donde son su madre y su abuela. “Estudias porque hay que formarse, pero a mí lo que me gustó siempre, de toda la vida, fue el mundo de la náutica”, explica.

Cristina Santirno en otro rincón de su taller, junto a varios motores y otros artículos.

Cristina Santirno en otro rincón de su taller, junto a varios motores y otros artículos. / Ana Paz Paredes

La pasión por el mar y por este oficio la compartió, desde el principio, con su marido Pelayo quien, además de bombero, también se formó como electricista. Durante un tiempo Cristina Santirso trabajó en Gijón en una empresa en temas administrativos pero, al poco de nacer el primero de sus dos hijos, ambos decidieron que tenían que dedicarse profesionalmente a algo que les gustara a los dos. Así pusieron en marcha, en el polígono industrial de Ribadesella, su taller de reparación, servicios náuticos y mantenimientos Náutica Fondeo. Fue en el año 2016. Recuerda ella que los comienzos “fueron muy duros, un señor de Galicia apostó por nosotros y a partir de ahí, despegamos”, recuerda.

Dos años después, se trasladaron a Luces, en Colunga, primero por buscar un sitio más cercano a su lugar de residencia, Priesca, como por sus ganas de trabajar en un pueblo. “Me encanta trabajar en Luces, estás en contacto con la gente del pueblo, vienen muchos paisanos de Lastres. Contactamos con la Cooperativa de Lastres que tenía esta nave y fueron muy receptivos con nosotros. Me hicieron un precio muy razonable y apostaron por mi aquí. Estamos encantados”, resalta.

Cristina Santirso en la oficina, realizando trabajo de administración.

Cristina Santirso en la oficina, realizando trabajo de administración. / Ana Paz Paredes

En su empresa es su marido quien se encarga del todo tema eléctrico y mecánico, mientras que ella lleva toda la tarea administrativa y la reparación de los barcos. “Hago fibra, algo que aprendí con mi padre, llevo a cabo la reparación total del casco, lo pinto, le pongo los vinilos. En fin, ese tipo de cosas. A mí me gusta salir a trabajar al puerto. Allí es muy difícil ver a una mujer reparando un barco. La gente se sorprende cuando me ve y, la verdad, me halagan mucho, ¡mira que emprendedora, mira que fuertona, me dicen”, dice riendo. Ambos dos están en continuo reciclaje en cuanto a formación siguiendo, entre otros, los cursos que ofertan los proveedores con los que trabajan, sobre todo en motor y de mecánica. “Ahora mucho motor va relacionado con la electrónica y hay que estar al día”, puntualiza ella.

Cristina Santirso, en una de las embarcaciones deportivas que está reparando.

Cristina Santirso, en una de las embarcaciones deportivas que está reparando. / Ana Paz Paredes

Para trabajar, además de en el puerto de Lastres, también se desplaza Cristina a los de Ribadesella y El Puntal. “Tocamos un poco Candás y muy poco Gijón porque tampoco queremos abarcar mucho”, señala. Al tiempo destaca que actualmente está en auge los barcos deportivos de segunda mano. “No es lo mismo el norte de España como puede ser el mundo de la náutica en el Mediterráneo, el concepto es totalmente diferente. Allí van más de paseo y, aquí, salen a pescar y no a darse un paseín por el Cantábrico”, matiza.

Cristina Santirso, en la oficina de su taller en Luces (Colunga)

Cristina Santirso, en la oficina de su taller en Luces (Colunga) / Ana Paz Paredes

Tienen mucho trabajo y aunque les costó empezar, la persistencia y el amor por el oficio les permite hoy contar con un importante número de clientes. “De momento no hemos notado la crisis, al contrario. De hecho hemos creado un puesto de trabajo. Sí es verdad que este sector es muy estacional y cuando más trabajamos es en verano, mientas que en invierno los principales trabajos son de mantenimiento”, explica esta mujer que logra la conciliación familiar gracias “a los maravillosos abuelos, las cosas como son”. Ella vive apenas a 8 kilómetros del taller y, como su marido, también cuenta con el carnet de patrón de barco.

Cristina Santirno se asoma a la proa de una embarcación, en su taller.

Cristina Santirno se asoma a la proa de una embarcación, en su taller. / Ana Paz Paredes

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