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Elogio de José Cardín Zaldivar

Laudatorio del empresario maliayo, cuarta generación del grupo El Gaitero y X Premio Álvarez Margaride

José Cardín

El académico asturiano de la Real Academia Española Víctor García de la Cocha fue el encargado de glosar la figura de José Cardín Zaldivar en el acto en el que éste recibió el X Premio Álvarez Margaride a la trayectoria empresarial, el pasado viernes. En su intervención, De la Concha también plasmó la relevacia que el grupo El Gaitero ha tenido para Villaviciosa y también resaltó la figura de quien da nombre al galardón, José Luis Álvarez Margaride.

En el siglo segundo antes de Cristo, un ciudadano hebreo, nieto de Sirach –Ben Sirach era su nombre–, comienza de este modo el capítulo bíblico del eclesiástico relativo a los hombres ilustres en la historia del pueblo de Israel: “Hagamos ya el elogio de los hombres ilustres según su sucesión”; vertido del hebreo al latín, “laudatemus viros gloriosos in generatione sua”. Se convirtió en una frase acuñada en muchas lenguas románicas para iniciar el panegírico de alguien famoso o digno de fama. Es el caso. Así, pues “laudatemus viros gloriosos in generatione sua”.

Hablamos del elogio de un ilustre y en el tiempo que le tocó vivir. José Cardín Zaldivar nació en Villaviciosa en 1942. El mero enunciado de su currículo profesional dice ya mucho de su personalidad. Estamos ante un hombre de sólida formación intelectual, sustentada en primer lugar en un bachillerato cursado en el colegio de los Jesuitas de Gijón. En tiempos como los que corren y que para la formación de chicos de 10 a 15 años se programan currículos volanderos, conviene tener claro lo que significaba entonces una preparación controlada en reválidas con exámenes serios. Significó, en nuestro caso, la posibilidad de ingresar en una escuela naval para lograr una ingeniería oficial del Estado, en este caso la naval.

Pepe Cardín comenzó a trabajar como ingeniero del ramo en la factoría de Astilleros Españoles en Sestao. Pasó de allí a gerente de la Sociedad de Construcción de Maquinaria Auxiliar de Cubiertas, una sociedad mixta hispano-noruega en Vizcaya, y allí permaneció hasta volver a Asturias para trabajar como responsable de producción en la empresa familiar del grupo de El Gaitero; Valle, Ballina y Fernández.

Al mismo tiempo, fue presidente de las asociaciones asturiana, española y europea de sidra, así como del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Protegida Sidra de Asturias y de la Asociación Asturiana de Empresa Familiar. Fue también, sucesivamente, vocal y miembro del Comité Ejecutivo de la Cámara de Comercio de Oviedo y directivo de la Asociación Asturiana de Exportadores.

En la actualidad es presidente de la Fundación José Cardín Fernández, con la que yo me honro en colaborar; de la bodega riojana Viñedos de Alfaro, consejero de la sociedad de capital riesgo Torsa Capital y de Industrial Zarracina y Concentrados Villaviciosa.

No hace falta que aquí y ahora explique que en todo ese ancho campo, Pepe Cardín impulsa el desarrollo de proyectos de investigación de nuevos productos y de la imprescindible actualización permanente de mercados.

Permitidme volver la vista atrás. Yo era un niño que a mediados de los años 40 –santo Dios– del pasado siglo, jugaba en la Villa, denominación familiar de Villaviciosa –porque son desde luego villas Pola de Siero, Pola de Laviana, Pola de Lena... pero la Villa (sic), la Villa por excelencia es la nuestra, Villaviciosa, hija de la Villa del maliayo y de Alfonso X el Sabio–; jugaba allí en la plaza que en distintos momentos se llamó Plaza de la República, Plaza del Generalísimo, pero que el pueblo sabio y soberano conocía y conoce por su forma oval, conoce como El Güevu. Jugaba al fútbol con una pelota de trapo, mientras veíamos y oíamos pasar por estas fechas del año, chirriando lentamente, los carros de bueyes cargados de manzanas camino de El Gaitero.

Los más decididos del grupo brincaban al asalto trasero del carro y mostraban orgullosos el trofeo: una manzana mingana. Mingán, por cierto, no viene de Birmingan, no, viene de perumigan, que en hebreo es ni más ni menos, el fruto del país, como me explicó José Cuesta, villaviciosino ilustre que fue Deán de la Catedral.

Contribuí más tarde con el grupo de Manolo Blanco y el ingeniero de la estación pomológica, Sergio Álvarez Requejo, a la creación del Festival de la Manzana, que cada año se celebra como homenaje a la patrona de la Villa, la Virgen del Portal, la Portalina, así llamada por su tamaño reducido, como la de Covadonga o la de Lugás, y también por utilizar el diminutivo cariñoso: Portal, Portalina. Todo ello era y fue posible gracias a la ayuda de El Gaitero. Así lo reconoció el pueblo al acordar erigir una escultura en homenaje a José Cardín padre en el parque de Valle, Ballina y Fernández.

Las manzanas que el arte del llorado Eduardo Úrculo hace brotar incesantes de un sombrero son como manzanas del paraíso, que es la Villa, nuestro pueblo. Pronto llegarán las navidades y con ellas la sidra y el turrón familiar de El Gaitero, que nos traerán el recuerdo de todo lo mejor del pasado.

En el año 2003, celebraron las 22 academias de la Lengua Española, que preside la nuestra, la primera Comisión Interacadémica de Gramática. Nos reunimos muy cerca de aquí, en La Granda, Avilés, y un día nos pidieron ir de excursión, cómo no, a Covadonga. Volvimos por Ribadesella para ver la cueva de Tito Bustillo, porque uno de los académicos más importantes quería identificar una cabritina que, al parecer, había en los dibujos. Sus preciosas bodegas, al visitar El Gaitero, las preciosas bodegas con los grandes toneles marcados con los nombres de países hispanoamericanos, hicieron exclamar al representante de la Academia Norteamericana de la lengua española que aquello era la Capilla Sixtina de la sidra.

Desde entonces, la Real Academia Española, a la que me honro pertenecer y de la que fui director, cierra su tradicional almuerzo de Navidad y brinda por el Año Nuevo con turrones, dulces y sidra de El Gaitero. Recuerdo al gran Francisco Ayala guardando, a escondidas, polvorones de El Gaitero para llevarlos a su esposa.

Llegados a este punto hay un aspecto sobre el que quiero reclamar vuestra atención. El Gaitero es una empresa familiar. José Cardín Zaldivar pertenece a la cuarta generación de los Fernández en el grupo de Valle, Ballina y Fernández. Desde Ángel Fernández, fundador de El Gaitero, junto con Valle y con Ballina, sigue la línea familiar con Enriqueta Fernández Pando, la abuela de Pepe; con el doctor, médico, que me asistió cuando yo nací, José Cardín Fernández, su padre, y él es Pepe, que representa a la cuarta generación.

Uno de los méritos, a mi juicio, el mérito sobresaliente de nuestro homenajeado de hoy, es el esfuerzo y logro del mantenimiento de la armonía familiar. La ha conseguido con el acierto de constituir un protocolo que agrupa a todos los accionistas de la rama Fernández y un Consejo de Familia en el que están representantes de las generaciones cuarta y quinta y que tiene por objeto la toma conjunta de decisiones de más del 90% del accionariado de Valle, Ballina y Fernández. Sólo Pepe sabe lo que ha costado y cuesta obtener y mantener vivo ese acuerdo. Y todos nosotros sabemos la categoría empresarial, familiar y humana con que lo hace.

Todo ello lo convierte en justo acreedor del premio Álvarez Margaride. Carmen, la esposa y viuda de José Luis, puede testificar el grado de amistad que nos unía a José Luis y a mí. Yo admiraba su gran profesionalidad, cómo logró conectar empresas alemanas y empresas españolas, y sobre todo su calidad humana. Él me animaba a hacer realidad sueños y proyectos concretos en favor de la lengua española. Por eso me pareció un acierto la creación de este premio que lleva su nombre y que Javier Vega de Seoane y Pep Oliu hacen posible.

Un premio es grande si lo hacen crecer quienes lo reciben. El premio Álvarez Margaride ha ido creciendo año tras año y este año, si se me permite decirlo, da un estirón al añadir al elenco de los premiados a Pepe Cardín Zaldivar. Cuando uno repasa la lista de quienes como él han sido agraciados, se da cuenta de algo de importancia decisiva y es que este premio Álvarez Margaride, digámoslo ya, precisamente por quienes lo merecen, honra a Asturias y honra a España.

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