Toca aprender a vivir tal y como vivíamos antes de que la pandemia lo cambiara todo. Los hábitos que hubo que abandonar van poco a poco recuperándose, resguardarse en los interiores de los bares ha dejado de ser un acto temerario y se va reincorporando a las rutinas diarias de la gente. Lo mismo sucede con costumbres tan sagradas como leer el periódico en la peluquería.

Es el caso de Francisco Menéndez, quien, quizás por deformación profesional, la primera parada que tiene cada día al leer el periódico es fijarse en la sección de Economía. Esas noticias son las que se lleva con la primera taza de café desayunando en su casa, junto a un vistazo rápido a la actualidad regional. Después, con más calma, bien con la parada para el café, o en otro momento de asueto en casa, lee en profundidad todo lo que sucede en Gijón o en Asturias. Algo que repite en el bar, o cuando le toca acudir, como sucedió ayer, en su cita en la peluquería. “Son costumbres de siempre que no se pueden perder, leer LA NUEVA ESPAÑA en cualquier momento que se pueda, y la peluquería era uno de ellos”, explica.

Carmen Morales, por su parte, apura los últimos matices a su peinado, antes de ponerse con otro cliente, en la peluquería Jean Louis David, en Gijón. “Echábamos mucho de menos esta normalidad, el periódico es lo que más se lee, más que las revistas o cualquier otra cosa”, señala. Esa sensación de haberse ya quitado el miedo a hacer vida normal les hace también recuperar otra de las señas de identidad que acompaña la lectura de la prensa: el debate. “Es lo que más le gusta a todo el mundo, comentar lo que pasa, informarse de lo que acontece en su ámbito y opinar”, añade Morales. “El fútbol nunca falta, tampoco las obras o cualquier asunto que genera debate”, incide antes de matizar que en un espacio público de mucha conversación “siempre tenemos que estar informadas y el periódico es fundamental para poder hablar de todo con los clientes”.

Por la izquierda, Tomás Llames y Michael Riesco con la camarera Pamela Álvarez detrás de la barra de La Lira. | Luisma Murias

La rutina de los bares y restaurantes también se está adaptando a una nueva normalidad que todo el mundo quiere que sea como la de antes lo más rápido posible. El periódico siempre ha estado en bares y restaurantes, incluso en lo más crudo de la pandemia, y ahora ha vuelto a ser no solo un codiciado reclamo para los clientes sino uno de los principales motivos para dar comienzo a un montón de conversaciones y discusiones entre los amigos que toman algo juntos con el ansiado regreso de las barras. Donde, además, ya no hay problema para coger una servilleta del servilletero.

Los ovetenses Michael Riesco y Tomás Llames son de los que están encantados de haber podido regresar a la barra del bar. “Siempre fui de barra más que de estar en las mesas”, señala Riesco con el codo puesto en la del bar La Lira, en Oviedo. Su compañero reconoce que antes le tenía “más respeto” a estar en el interior de los establecimientos pero que ahora, “al estar todo el mundo vacunado”, siente que hay “menos riesgos”. Han sido tiempos en los que todo ha estado condicionado a los peligros de cada actividad. “Uno se lo pensaba dos veces”, insiste Llames mientras la camarera Pamela Álvarez le sirve dos pinchos para acompañar sus consumiciones.

Por la izquierda, Joaquín García, Carlos Valle, Carlos Rodríguez y Ramón Fernández, en la barra de Ca Lin. | Luisma Murias

Otros que estaban deseando recuperar rutinas pasadas eran Joaquín García, Carlos Valle, Carlos Rodríguez y Ramón Fernández, todos de Salinas menos el ovetense Valle. Los cuatro amigos se juntaron ayer a tomar un vino en Ca Lin, restaurante del centro de Oviedo, donde celebraron que el virus, por fin, está bajo control. Ramón Fernández señalaba que llevaban sin hacer algo así “casi un año”. Joaquín García, por su parte, explicaba que en un lugar como Salinas todo se ha llevado de otra manera: “Allí las terrazas funcionan bastante bien y salía casi a diario”. Todos ellos reconocen estar “contentos” de recuperar ese espacio perdido, el de la barra del bar, donde compartir brindis y conversaciones, en muchas ocasiones propiciadas por los temas que les sugiere el periódico.

Un regreso a la normalidad en el que, salvo la mascarilla, que parece aún va a seguir estando presente durante algún tiempo, todo empezará a ser como antes.