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El epidemiólogo Pedro Arcos desvela que sucederá en el futuro con el coronavirus

El profesor de Epidemiología en la Universidad de Oviedo cree que solo hay tres factores que podrían hacer que la pandemia se descontrole de nuevo en España

Vacuna contra el covid

Pedro Arcos González es profesor de Epidemiología en la Universidad de Oviedo y asesor del grupo técnico de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en emergencias sanitarias.

Ha sido presidente de Médicos Sin Fronteras en España y ha trabajado en control de epidemias en catorce países de Asia, África y América. En esta entrevista, realiza una completa evaluación de la pandemia de covid-19. A lo largo de la crisis sanitaria, sus análisis fueron muy valorados por los ciudadanos y los profesionales de muy diversos ámbitos.

–¿Cuáles son los criterios para evaluar la gestión de una pandemia?

–La evaluación de la gestión debe incluir tres cosas: la estructura de respuesta, el proceso de respuesta en sí mismo y los resultados obtenidos. Luego se puede hacer una evaluación restringida a los efectos directos sobre la salud de la población. En este caso, usamos básicamente la mortalidad y morbilidad, tanto inmediatas como a corto y medio plazo, u otra que incluya “efectos indirectos”, por ejemplo, grado de afectación o colapso de los servicios diagnósticos y de tratamiento; impacto sobre los factores de riesgo de enfermedad, como alimentación, salud sexual, hábitos personales y sociales...; impacto sobre la credibilidad del sistema sanitario, etcétera. Lo que importa es fijar, antes de evaluar, cuál es el ámbito de la evaluación y seleccionar indicadores de evaluación que sean relevantes, pertinentes y factibles de obtener. Y debe ser una evaluación externa para ser objetiva. Que yo sepa, hasta el momento, aún no se ha hecho ninguna evaluación de la gestión de la pandemia. Y tengo mis dudas de que llegue a hacerse.

–¿Cómo valora la gestión de la pandemia en Asturias? ¿Y en relación con la del conjunto de España?

–La gestión de la pandemia en Asturias ha sido razonablemente buena, especialmente considerando que la Consejería de Salud nunca antes se había enfrentado a una emergencia epidémica de este tipo y que la experiencia previa de terreno en gestión de grandes epidemias de sus responsables era limitada. A pesar de ello, la gestión que ha hecho Asturias ha sido mejor que la del conjunto del Estado.

–¿En qué momentos de la pandemia fue más acertado el manejo por parte de los poderes públicos?

–Sin duda, a partir del momento en el que las comunidades autónomas se hicieron cargo de la gestión. El gran ausente de esta gestión ha sido el Ministerio de Sanidad, que ha tenido un perfil político, evitativo y escurridizo desde el comienzo. Las comunidades autónomas, con alguna excepción, lo han hecho mucho mejor que el Ministerio.

Pedro Arcos, en su despacho de la Facultad de Medicina. | Cristina Velasco

–¿Y cuáles fueron los principales errores?

–Han sido varios. No tener un sistema de vigilancia epidemiológica moderno y, por tanto, no disponer de información fiable, relevante y a tiempo para la toma de decisiones. Considerar la pandemia como un fenómeno exclusivamente médico y por tanto obviar el componente social, que es clave en la gestión. Hacer una gestión vertical, casi sin contar con el componente de la participación de la población. No haber sido capaces de proporcionar un marco legal que favoreciera la gestión y la adopción de medidas, ni tampoco ser capaces de tener una estrategia de país. Y, finalmente, ha habido una falta de transparencia por parte del Ministerio y una clara politización de la pandemia. En realidad, esto ha salido bien básicamente por la disponibilidad de vacunas.

–¿Se aprovechó el estado de alarma para constreñir espacios de libertad por intereses partidistas?

–Las sucesivas resoluciones judiciales producidas indican que, como mínimo, varias de las medidas adoptadas han sido burdas, no justificadas técnicamente y, en algunos casos, indiscriminadas. Lo dicen los jueces.

–¿Demostró ser eficaz la actual configuración del Sistema Nacional de Salud?

–En general, sí, aunque específicamente la estructura de servicios de Salud Pública se ha mostrado como claramente insuficiente, por el abandono progresivo que ha sufrido durante años, y se ha visto desbordada. El papel tan deficiente desempeñado por la estructura de Salud Pública del Ministerio de Sanidad debería hacernos reflexionar.

–¿Cómo vio la respuesta del sistema sanitario público y privado?

–La respuesta a la pandemia ha sido esencialmente pública. El sistema sanitario privado casi no ha participado, aunque se ha beneficiado ampliamente de la pandemia. Por ejemplo, el nivel de aseguramiento sanitario en compañías privadas ha aumentado casi un 25 por ciento.

–¿El papel de la atención primaria?

–Ha sido un papel confuso, debido a que desde el inicio los gestores han relegado en parte a esta estructura y no la han dejado desplegar sus posibilidades. Quizás porque sabían que arrastraba una falta crónica de recursos, por ejemplo de médicos,

–¿Y la atención en los hospitales?

–Los hospitales, a pesar de la ausencia generalizada de planes de contingencia y expansión previos a la pandemia, han hecho un trabajo completamente extraordinario que pasará a la historia.

–¿Quedó acreditada la fortaleza de la sanidad pública asturiana?

–Ya estaba acreditada antes de la pandemia.

–¿Cómo valora el papel de los profesionales sanitarios?

–Han hecho todo lo que han podido en un contexto nuevo para ellos. Y lo han hecho sin planificación previa, en ocasiones sin directrices ni coordinación suficiente, e incluso sin protección personal.

–¿La gestión específica en términos de Salud Pública fue la adecuada?

–Si hubiera sido adecuada no tendríamos 85.000 muertos. Fue la que fue en un contexto de sorpresa absoluta y sin una preparación adecuada.

–A la vista de lo ocurrido, ¿hay que repensar el diseño del sistema sanitario y de la red de Salud Pública?

–Esencialmente, hay que reforzar todo el sistema de Salud Pública y vigilancia epidemiológica. Y debemos crear una Agencia Nacional de Salud Pública dirigida por un profesional de acreditada formación reglada en Medicina Preventiva y Salud Pública y con amplia trayectoria científica. Y la primera de estas condiciones vale también para todos los responsables que se han nombrado o se vayan a nombrar, tanto en el nivel estatal como de comunidad autónoma. Hay que evitar el amateurismo y los cargos de libre designación para este tipo de responsabilidades.

–¿Qué opinión le merece la actuación de las residencias de mayores?

–Ha habido intervenciones desde lamentables (como la de Comunidad de Madrid, con miles de muertos en ellas) hasta excelentes (como, por ejemplo, la de Asturias). La pandemia ha revelado el abandono casi generalizado y la vulnerabilidad de nuestro modelo de cuidados a la tercera edad.

–¿Ha habido diferencias entre las residencias públicas y las privadas?

–Por supuesto que las ha habido. Ya las había antes de la pandemia.

–¿Se equilibraron adecuadamente las protecciones de la salud y de la economía?

–En España se dio prioridad a la salud. Eso es lo adecuado y lo que hay que hacer en una pandemia de este tipo.

–¿Fueron idóneas las limitaciones a la actividad de la hostelería?

–En general, yo diría que sí, y acordes al riesgo que representaba ese sector.

–¿Ha habido sectores indebidamente perjudicados?

–El impacto de la pandemia ha afectado a todos los sectores de la actividad económica, casi sin excepción. Por eso, me resulta difícil de entender por qué a algunos, como la hostelería o el fútbol, se les ha dado una especial atención.

–¿Aportaron algo los cierres perimetrales por comunidades autónomas o por concejos?

–Sin duda, son estrategias que han permitido ser más específicos en la aplicación de las medidas de control y, por lo tanto, han ayudado a limitar los daños colaterales derivados de ellas.

–¿Fue honesta y eficaz la política de comunicación de los gobiernos central y autonómicos?

–La política de comunicación del Gobierno central y su falta de transparencia han sido criticadas en foros y revistas internacionales de prestigio. El episodio lamentable de la resistencia a mostrar quién formaba parte del comité asesor del Ministerio es algo inaudito en un país democrático y europeo.

–¿Y el Gobierno de Asturias?

–Ha tenido una política de comunicación y una transparencia adecuadas. Pero, francamente, creo que sobra el Twitter y que los responsables políticos asturianos deben dedicar su tiempo a intentar resolver los problemas serios que tenemos y no comportarse como adolescentes necesitados de atención mediática.

–¿Intentó la oposición derribar al Gobierno más que derrotar al virus?

–Es evidente que parte de la oposición no ha estado a la altura de un problema de Estado como este.

–Ante la pandemia, ¿fue más meritoria la respuesta de los ciudadanos o la de los políticos?

–La respuesta de los ciudadanos en España hace muchos años que es más juiciosa y meritoria que la de nuestros políticos. No lo digo yo, lo dicen las encuestas del CIS que sitúan a nuestra clase política como uno de los primeros problemas que tiene el país.

–¿Por qué ha tenido Asturias la mayor tasa de letalidad por el virus?

–Por su composición demográfica y de género y por el perfil de riesgos específicos de este grupo de edad.

–¿No puede considerarse un fallo de gestión?

–No, en el caso de Asturias no hubo fallos de gestión

–¿Cómo juzga la campaña de vacunación?

–En general, se ha hecho bien. Arrancó con dificultades, pero se han ido resolviendo. En gran medida, los problemas han tenido que ver con la dependencia absoluta de la llegada de vacunas.

–¿Podemos dar por terminada la pandemia?

–Si se refiere a España, sí. Salvo que aparezca una nueva variante que sea introducida en el país, que se vuelva mayoritaria y que comprometa la eficacia de las actuales vacunas. Han de darse las tres condiciones. A nivel mundial, no esta resuelta en absoluto, sino que está empezando en muchos países. Por eso es esencial mejorar la cobertura vacunal global.

–¿Qué sucederá en el futuro con el coronavirus?

–Que probablemente se volverá endémico y tendremos algunos casos y algunos brotes sin que representen un riesgo para la salud pública.

–¿Qué incidencia pueden tener en el futuro los efectos físicos y psicológicos de la pandemia?

–Las secuelas físicas a medio y largo plazo aún son desconocidas porque ha pasado poco tiempo de evolución de los casos. Hay evidencias, es cierto, de que la incidencia sobre la salud mental ha sido muy importante, y lo previsible es que persista durante algún tiempo, pero la historia muestra que los poblaciones humanas también olvidan. Pienso que tanto las repercusiones físicas como las psíquicas se recuperarán en su mayor parte.

–¿Qué huella deja en usted esta pandemia?

–A nivel personal, la muerte de familiares. A nivel profesional y como epidemiólogo que ha trabajado en el terreno en control epidémico y pandémico, me ha permitido comprobar la vulnerabilidad frente a este problema incluso en contextos desarrollados. También ha permitido a la unidad que yo dirijo desarrollar algunas líneas de investigación específicas con socios y universidades de otros países.

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