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Al menos ocho asesinatos de asturianos a manos de ETA continúan sin esclarecerse

“No pararemos hasta que haya justicia”, dice la viuda del cabo de la Guardia Civil Juan Carlos Beiro, cuya muerte, en 2002, sigue sin castigo

Al menos ocho asesinatos de asturianos a manos de ETA continúan sin esclarecerse

“Ni olvido ni perdón, lo que hicieron fue imperdonable”, sentencia María José Rama, viuda del cabo de la Guardia Civil langreano Juan Carlos Beiro Montes, asesinado por una bomba de ETA el 24 de septiembre de 2002, cuando retiraba una pancarta que rezaba en euskera: “Guardia Civil, mátalo aquí”. Beiro es uno de los ocho asesinatos de asturianos o de personas con vínculos con Asturias que siguen sin resolverse. Hay quien cifra estos crímenes sin culpable en 379, más de un tercio de los asesinatos atribuidos a la banda terrorista que lleva sin matar diez años justos.

“No se puede pasar página, y menos dándoles privilegios”, cree María José Rama, a la que alguna vez le han echado en cara “que no era objetiva”. “Más objetivas que nosotras, que hemos perdido lo que más queríamos en el mundo, no hay nadie. Ni yo ni mis hijos vamos a parar hasta que no se haga justicia, Juan Carlos tampoco lo hubiese permitido. Jamás me voy a callar. No me pueden hacer más daño”, desgrana esta mujer.

Al menos ocho asesinatos de asturianos a manos de ETA continúan sin esclarecerse L. Á. VEGA

En el caso de Juan Carlos Beiro hay una rendija de luz. “A finales del año pasado se procesó a cuatro personas por el asesinato. Dos están en prisión, Mikel Carrera Sarobe y Miren Zaldua, ‘Zahatsa’. Los otros dos están en la calle. Niegan haber hecho el atentado, y se quejan de que en 19 años no les hayan acusado. Gracias a que el grupo de Información de Pamplona siguió investigando, y se reabrió justo antes de que el crimen prescribiese”, dice la viuda de Beiro. El pasado junio prestaron todavía declaración algunos testigos sobre este crimen, “y no les salió tan bien como esperaban”.

ETA lleva diez años sin matar y el hace unos días, el líder de Bildu, Arnaldo Otegi, ensayó unas disculpas por el dolor infligido. “De nada sirve arrepentirse si no colaboran con la Justicia para aclarar los crímenes que siguen sin resolverse. No se les deberían conceder privilegios, ni se les deberían hacer homenajes, ni deberían estar en las instituciones, ni el PSOE debería pactar con ellos. Si con un violador no se pacta, tampoco con un asesino, o con alguien que defiende y respalda a un asesino.

Los hijos de Beiro ya han cumplido 25 años Tenían cinco cuando les arrancaron a su padre, “al que tienen siempre presente”. Tanto María José Rama como sus hijos siguen acudiendo todos los 24 de septiembre a Leiza, “donde hay gente malísima, pero también buena”.

Sobre la reciente película “Maixabel”, que cuenta la amistad surgida entre un etarra y la viuda de un hombre al que asesinaron, a raíz de los encuentros de justicia restaurativa, María José Rama se muestra crítica: “La lectura es fácil, pretende que nos den pena los asesinos. Jamás me voy a reunir con los asesinos de mi marido y menos para mitigar el dolor que puedan sufrir”. Ahora solo espera que se juzgue y condene a los asesinos de Juan Carlos para “cerrar el círculo, lo mínimo que deberíamos tener es justicia”.

Una justicia que se resiste llegar para otros casos de asturianos asesinados por ETA. Para algunos de ellos ya no será posible, en virtud de la ley de Amnistía que perdonó todos los crímenes de los etarras anteriores a octubre de 1977. Es el caso del camarero Manuel Llanos Gancedo, asesinado con 26 años en la masacre de la cafetería Rolando, el 13 de septiembre de 1974, que, con 13 muertos, fue la mayor matanza de ETA antes de la salvajada de Hipercor, en la que murieron 21 inocentes. Llanos nació en la aldea somedana de Villar de Vildas, aunque con seis años marchó con su familia a Villablino, donde aún residen algunos de sus parientes. Fue allí donde comenzó a trabajar en el Casino. Los dueños se lo llevarían luego a Madrid, el paraíso para un “merengue” apasionado como Llanos, que no se perdía ni los entrenamientos del Madrid. La masacre de la cafetería Rolando solo fue asumida por ETA en 2018, aunque sus autores siguen siendo desconocidos.

Otro asturiano cuya familia no ha obtenido justicia es el tinetense Luis Carlos Gancedo Ron, guardia civil asesinado el 22 de octubre de 1978 junto a otros dos compañeros en Guecho, cuando regresaban al cuartel tras haber vigilado el desarrollo de un partido de fútbol. Casado y con dos hijos, los etarras que ametrallaron a estos guardias nunca han sido sentados ante la Justicia.

Emboscada

Un caso especial es el del gijonés Juan Seronero Sacristán, asesinado junto a tres compañeros policías en una emboscada tendida por un grupo de etarras en Errentería, el 14 de septiembre de 1982. Se da la circunstancia de que uno de los policías sobrevivió, fue rescatado por un camionero, pero rematado poco después por los terroristas. Por este crimen fue condenado Jesús María Zabarte, conocido como “el carnicero de Mondragón”, “a pesar de haber participado únicamente en las labores de vigilancia del atentado y no en su ejecución material”, según relatan Rogelio Alonso, Florencio Domínguez y Marcos García Rey en el volumen “Vidas Rotas”. Los al menos cuatro etarras que participaron en el fuego cruzado que acabó con la vida de los agentes nunca se sentaron en el banquillo.

También sigue sin aclararse el asesinato del guardia civil Carlos Sáenz de Tejada García, muerto por una bomba-lapa junto a su compañero Diego Salva el 30 de julio de 2009, en lo que supuso la última matanza de ETA. Sáez de tejada era burgalés, aunque con orígenes asturianos, puesto que su abuela era llanisca y él pasó los veranos en la villa del Oriente.

Tampoco se sabe quién mató al cabo de la Guardia Civil Aurelio Salgueiro asesinado por miembros de los Comandos Autónomos Anticapitalistas en Arrasate, el 28 de agosto de 1978, en presencia de su hijo de 14 años, Aurelio, que no pudo superar aquella terrible experiencia –su padre agonizó durante diez minutos sin que ninguno de sus vecinos moviese un dedo para ayudarle– y desarrolló un síndrome de estrés postraumático por la que se le declaró una gran invalidez. Los hijos de Salgueiro, junto a su viuda, se instalaron en Asturias, donde siguen viviendo algunos de ellos. Otros crímenes que siguen sin resolverse son los de el sargento de la Policía Municipal de Irún José Fernández Díaz, asesinado el 2 de noviembre de 1977, o el del guardia civil Constantino Gómez Barcia, que, aunque natural de Lugo, fue enterrado en Oviedo –aunque años después sus restos fueron trasladado a Lalín, en Pontevedra– por deseo de su hermano Antonio, también miembro del Cuerpo y destinado en la región, para evitar el mal trago a sus padres, “deshechos” por lo ocurrido con su hijo. Gómez Barcia fue asesinado en Mondragón el 13 de marzo de 1977, y su crimen quedó perdonado por la amnistía.

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