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Asturias combate el dragón amarillo de los cítricos para evitar que arrase el Levante

El Principado ya ha liberado 9.000 “soldados” para evitar la expansión de la nueva plaga que mata naranjos y que sería catastrófica en el Sur

Así se trabaja en el centro de control de plagas de Asturias

Así se trabaja en el centro de control de plagas de Asturias

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Así se trabaja en el centro de control de plagas de Asturias Mónica G. Salas

En Asturias se libra una nueva lucha biológica a escala diminuta: la de la “Tryoza erytreae” o dragón amarillo, que ataca a los cítricos. Es una plaga de origen africano, detectada por primera vez en la región el año pasado, que puede transmitir una enfermedad devastadora e incurable en naranjos y limoneros. El Principado, junto a otras comunidades del norte peninsular, actúa de barrera para evitar que la psila africana llegue al Mediterráneo y los daños sean catastróficos. ¿Y cómo lo hace? Soltando un insecto “bueno”, la “Tamarixia dryi”, que pone sus huevos sobre las ninfas de la “Tryoza”, a las que acaba comiendo. El Centro de Alerta y Control de Plagas y Especies Invasoras de la Consejería de Medio Rural ya lleva liberados 9.000 parasitoides y su coordinador, Eloy Álvarez Ron, asegura que la lucha está siendo efectiva.

Los daños que provoca la “Tryoza”. | Pablo Solares

Los daños que provoca la “Tryoza”. | Pablo Solares

“Pasamos de no tener ningún caso en 2019 a estar prácticamente extendida la plaga por toda la costa”, afirma Ron. De hecho, hasta la fecha, se han localizado 43 focos positivos –entendidos como grupos de árboles–, tras haber hecho 535 prospecciones. La “Tryoza” es un insecto chupador que produce deformaciones y amarillamiento en las hojas, pudiendo debilitar la producción y calidad del árbol. La mayor preocupación, no obstante, está en su alta capacidad para transmitir una enfermedad letal para los cítricos. Por eso, “estamos tratando de erradicar la plaga aquí y que no afecte al Levante, donde sus efectos serían catastróficos”, dice Leila Arrimada, técnica encargada de la lucha biológica contra el “dragón amarillo”. España es el sexto productor mundial de cítricos –principalmente, de naranjas– y el primero en exportación.

José Víctor Martínez, en el laboratorio que se encarga de la lucha biológica del “Gonipterus”, que afecta al eucalipto. | Pablo Solares

Pero la “Tryoza” no es el único enemigo que tienen los cítricos asturianos. También está la “Toxoptera citricida” o pulgón negro, presente en la región en 82 puntos y para la que no se conoce organismo capaz de hacerle frente. Aun así, es una plaga menos preocupante que la anterior. Asimismo, la Consejería de Medio Rural vigila de cerca a la “Diaphorina citri”, la hermana asiática de la “Tryoza”, aún no detectada en la comunidad. De todo ello se ocupa el Centro de Alerta y Control de Plagas y Especies Invasoras, con sede en La Mata (Grado) y en el que trabajan nueve profesionales. En total, actúan contra ocho plagas, que afectan a las coníferas, a los cítricos, a la patata, al castaño y al eucalipto. La más conocida de todas es la polilla guatemalteca, que detuvo la producción de patata en más de una decena de concejos asturianos. Por suerte, la “Tecia solanivora” –su nombre técnico– ya está superada. “No se detecta ningún caso desde enero de 2019, aunque seguimos vigilantes”, apunta Álvarez Ron.

Andrea Molnar, en el laboratorio. | Pablo Solares

Otra plaga a la que se dedica mucho esfuerzo es la de la avispilla del castaño, un peligroso insecto invasor de origen chino que llegó a Asturias en 2014 y que está prácticamente extendido por toda la región. El daño es enorme, ya que la masa forestal amenazada es de unas 80.000 hectáreas, casi la extensión del concejo de Cangas del Narcea. Desde 2017 se combate con un parasitoide de nombre “Torymus sinenses”. Según precisa el responsable del centro de plagas, ya se han soltado 91.111 de estos pequeños depredadores, que el Principado ha empezado a producir en Grado para reducir su dependencia externa. “Unas 10.000 ejemplares han nacido aquí”, señala Eloy Álvarez Ron.

En los laboratorios de La Mata también se produce otro bicho bueno, el “Anaphes”, el único capaz de acabar con el “Gonipterus”, que provoca graves defoliaciones en los eucaliptos. Lleva presente en Asturias desde 1993 y, pese haberse liberado más de un millón de “Anaphes”, la plaga aún no se ha vencido. “Soltamos al año unos 200.000 y sí se aprecian mejoras. Combatir al ‘Gonipterus’ es muy importante, porque produce una defoliación del 15%, lo cual merma la producción de madera”, explica Ron.

Pero para mala la avispa asiática, una especie invasora que ataca en varias vertientes: la medioambiental (se come polinizadores), la económica (merma la apicultura y los árboles frutales) y seguridad ciudadana (por el riesgo de picaduras). Este es el cuarto año de gestión contra la velutina y, tras un crecimiento explosivo, la población de avispones empieza a estabilizarse. “De 2020 a 2021 el incremento de nidos será de un 5%, mientras que de 2019 a 2020 fue del 61% y anteriormente, del 200%. La curva se está suavizando”, expresa el responsable del centro ubicado en Grado, desde donde se coordina tanto el trampeo como la eliminación de nidos.

El número de avisos ciudadanos –a través de cinco canales, entre ellos la aplicación Avisap– que el equipo de la Consejería de Medio Natural recibe es enorme: hasta 300 diarios. Sobre todo, en esta fecha, en otoño, coincidiendo con la caída de las hojas de los árboles, que dejan a la vista más nidos. “También notamos mucho la presencia de turistas en verano; recibimos muchas llamadas”, relatan. El Centro de Alerta del Principado cuenta con su propio equipo de intervención, formado por doce personas, y colabora con bomberos, el SEPA y los operativos que tienen 19 ayuntamientos. Las formas de eliminar un nido son variadas: desde proyectiles con biocidas hasta explosivos e, incluso, drones para llegar a sitios de imposible acceso.

Pese a esta gran guerra, la avispa asiática tiene “todo a su favor”, como puntualiza Ron, para seguir conquistando Asturias: “No tiene competidores ni depredadores eficaces, abundancia de alimento, recursos hídricos, climatología favorable...”. De hecho, la velutina ya llega a 1.500 metros de altitud y se han localizado nidos en sitios tan extraños como nichos, el interior de barbacoas, barcos... “Hasta en los pantalones de una caseta de aperos”, comenta Ron, quien insiste en que el riesgo de este invasor para las personas es “mínimo”. “La gente reacciona de forma histérica cuando el avispón solo ataca cuando se le perturba el nido. En el resto de casos, la especie siente indiferencia hacia nosotros”, comenta. Eso sí, hay que tener cuidado con los enjambres que se levantan sobre el terreno, que representan el 7% del total. “Esos son los más peligrosos”, concluye.

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